Si un deportista tuvo el honor de considerarse amigo de Fidel fue el legendario púgil Teófilo Stevenson Lawrence; ahora, entre las mujeres, se puede afirmar que el líder histórico de la Revolución cubana sentía una admiración especial por Ana Fidelia Quirós.
La primera ocasión en que la estelar corredora de Palma Soriano lo vio personalmente fue en la recepción ofrecida a la delegación cubana durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana 1982.
Cuatro años después, en el 2do Torneo Iberoamericano de Atletismo, realizado en el estadio Pedro Marrero, Ana Fidelia salió airosa en los 400 y 800 metros planos.
Fidel, quien estuvo presente en la apertura del certamen, el 27 de septiembre de 1986, le preguntó a Alberto Juantorena, bicampeón olímpico de Montreal, 1976, sobre quién era la chica que corría su distancia y había vencido con tanta facilidad.
La santiaguera se marchó hacia la Ciudad Heroica y allí la localizaron, porque Fidel quería hablar con ella, pero problemas de transporte le impidieron regresar a la capital.
Tras ese frustrado encuentro, Ana Fidelia tuvo la oportunidad de compartir en varias ocasiones con el mandatario cubano, de 1987 a 1991; incluso, en marzo de 1990 integró la comitiva de Fidel a la toma de posesión del presidente brasileño, Fernando Alfonso Collor de Mello.
El 5 de agosto de 1991, en los únicos Juegos Panamericanos organizados por Cuba, la excepcional atleta triunfó en la vuelta al óvalo con récord nacional de 49.61 segundos.
Para mayor alegría, el Comandante en Jefe tuvo a su cargo la premiación de los vencedores en la prueba y Ana Fidelia le colocó la medalla dorada en el cuello.
Pero el líder de la Revolución Cubana esperó que la campeona se cambiara de ropa para devolverle la presea que ella le había regalado en el podio, diciéndole: «Este oro es tuyo, no me lo gané yo», luego añadió: «Vine a disfrutar de cómo corrías y me has hecho sentir orgulloso de ser cubano».
Casi un año y medio después, el 22 de enero de 1993, la Quirós sufrió un accidente casero que le provocó quemaduras en más del 38 % de su cuerpo, que la pusieron al borde de la muerte.
Ana fue trasladada hacia el hospital Calixto García y de allí al «Hermanos Ameijeiras», tiempo después en una conversación que sostuve con ella en junio de 1987, la estelar corredora me comentó que Fidel llegó antes que su mamá al mencionado lugar, donde fue ingresada.
Él le preguntó: «¿Qué quieres que le digamos a tu mamá?», Ana Fidelia le pidió que no la mandaran a buscar, que estaba bien y que volvería a correr de nuevo, sin tener conciencia verdaderamente de la gravedad de su estado de salud por las quemaduras sufridas, que le costaron la pérdida de su embarazo, con siete meses.
Fidel le explicó que de todas formas había que avisarle a su mamá, que era mejor así, antes de que se enterara por la prensa, la radio o la televisión.
Pese a sus altas responsabilidades al frente del país, el presidente cubano estuvo atento todo el tiempo al restablecimiento de la legendaria corredora, al punto que, según la familia de la deportista, hizo más de 20 visitas al hospital, incluso cuando ya no se encontraba en terapia intensiva.
Después de salir de la difícil situación, Ana Fidelia se preparó para participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Ponce, 1993, en los cuales logró subir al podio de los 800 metros planos, al agenciarse la medalla de plata, tras quedar detrás de la surinamesa Letitia Vriesde.
Según relató posteriormente la llamada Tormenta del Caribe en la bienvenida a la delegación que se ratificó como la mejor de la región al conquistar en Puerto Rico un récord de 27 metales áureos, ella vivió un momento muy conmovedor cuando Fidel, en un acto efectuado en la Sala Universal de las FAR, la condecoró con la Medalla de la Dignidad.
«Me dio un abrazo y cuando yo me fui para mi asiento, que me giro, vi cómo por su rostro corrían lágrimas, y ese es el momento que yo guardo con más cariño, ver que él lloró por mí», refirió la atleta en una entrevista del 2017.
Tiempo después, en el Campeonato Mundial de Atletismo efectuado en Gotemburgo, Suecia, haciendo trizas los pronósticos, Ana Fidelia tuvo la oportunidad de reciprocar los desvelos del Comandante en Jefe y no la desaprovechó, al ganar la medalla de oro en los 800 metros planos, justamente el 13 de agosto de 1995, un hermoso regalo en el cumpleaños 69 al máximo líder.
Sobre la connotación especial de aquel suceso, la carismática atleta confesó: «La vida me dio la dicha de agradecer y congratular a nuestro querido Comandante el día de su cumpleaños con la medalla de oro para mi país, para él y para mí; me siento más que orgullosa de haberle hecho ese regalo en agradecimiento a todo el apoyo que recibí de él en el momento difícil de mi vida».
Un mes más tarde, el 13 de septiembre de 1995, al imponerle la Orden al Mérito Deportivo a la corredora santiaguera, Fidel en sus palabras de elogio expresó: «Para salvar a Ana Fidelia Quirós se juntaron dos cosas: un milagro de la ciencia y la técnica con un milagro de la voluntad humana. [...] No me viene a la mente ningún otro ejemplo igual a la decisión, la voluntad y la consagración de Ana Fidelia de regresar a las pistas y volver a obtener los laureles que obtuvo».
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