Julio Antonio Mella, un joven baluarte del movimiento estudiantil revolucionario, y Carlos Baliño, combatiente probado junto a José Martí en los preparativos de la Guerra Necesaria, fundaron junto a otros luchadores el primer Partido Comunista de Cuba el 16 de agosto de 1925 en una vieja casona de El Vedado, La Habana.
Tal vez entonces nadie se detuvo a pensar en ello, por las urgencias de la causa que los relacionaba. Pero hoy se mira ese suceso como un acontecimiento significativo en la evolución de la historia patria.
Como Martí proclamó al retomar las banderas del grito de La Demajagua en 1868, la fundación del partido revelaba el nexo de generaciones sucesivas de patriotas, el relevo necesario y la continuidad que ya estaban marcando al proceso revolucionario cubano.
Solo era un puñado de combatientes los que se reunieron en un casón de la calle Calzada, donde sobre sus ruinas se erigiera más tarde el teatro Hubert de Blanck.
Entre los militantes allí reunidos, además de los citados, se encontraban Alejandro Barreiro, representante sindical de los trabajadores de la manufactura del cigarro, Yoshka Grinberg, Yunger Semiovich –el alias de Fabio Grobart- y Félix Gurbich, por la Agrupación Comunista (AC) de la sección hebrea y su juventud comunista.
Los presentes en el acto tenían como principal misión la de crear el primer Partido Comunista de Cuba y afiliarlo a la Tercera Internacional, fundada por Lenin en 1919.
Carlos Baliño, uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano, junto al Héroe Nacional, y quien durante las primeras décadas de la república neocolonial se dedicó a difundir las ideas marxistas en Cuba, recibió las credenciales de los delegados de la AC de La Habana, a la cual también pertenecía, asistía también el dirigente estudiantil antimperialista Julio Antonio Mella.
La Asociación Comunista de Manzanillo, otra de las afiliadas puntales en aquella reunión de comienzos, delegó su representación en los asistentes Mella y Barreiro, pues no disponían de fondos para el viaje a la capital.
Venancio Rodríguez era delegado por la AC de Guanabacoa, Miguel Valdés, por el Sindicato de Tabaqueros; y Emilio Rodríguez, por la AC de San Antonio de los Baños.
Además, el Partido Comunista Mexicano envió como una muestra de solidaridad a Enrique Flores Magón.
El profesor canario José Miguel Pérez, residente en Cuba, y el dirigente sindical José Peña Vilaboa, figuraron entre los invitados.
José Miguel Pérez resultó electo secretario general de forma permanente, junto a Flores Magón, como secretario de Actas, y Julio Antonio Mella, al frente de la Prensa y la Publicidad.
Hay que destacar que Carlos Baliño desde su juventud se afilió a las ideas marxistas y socialistas, y luego al leninismo. Cuando Martí lo conoció como obrero y líder sindical en Tampa, Cayo Hueso, ya militaba dentro de esa corriente revolucionaria.
El Maestro pronto quedó ganado por el patriotismo, la entrega y el amor por las causas justas de Baliño.
Mella ya había fundado años antes la Federación Estudiantil Universitaria y, además de compartir su ideario comunista, era un convencido antiimperialista, un joven activo y enérgico, de extraordinario desarrollo político y brillantez intelectual que lo hicieron sobresalir entre sus contemporáneos.
Pero muchos de los que fundaron el primer Partido Comunista, aunque luchaban desde convicciones muy profundas para que la justicia llegara a la clase obrera y a toda la nación, no disponían de la formación política de sus líderes más preclaros, como Mella y Baliño.
Entonces con la conciencia de que era necesario prepararse mejor desde el punto de vista teórico e ideológico, desde esa reunión constitutiva previeron proyectos de educación de los actuales y futuros miembros de esa organización.
Por primera vez se trazaba un programa que iría más allá del sector de los obreros. Incluía también la organización y asesoría de los movimientos campesinos en reclamos de derechos, también los de la juventud y las mujeres.
Esa organización tuvo que esperar hasta el año 1938 para poder legalizarse, bajo el nombre de Unión Revolucionaria Comunista. Como era de esperarse, el dictador Gerardo Machado, en la presidencia de la república desde el 20 de mayo de 1925, enseguida desató sobre ellos, la más despiadada cacería.
Machado sembró a Cuba de sepulturas de miles de sus hijos patriotas, sobre todo sindicalistas, campesinos y comunistas. En 1929 tal política sangrienta, que caracterizó al gobierno del dictador hasta su derrocamiento en 1933, se cobró la vida del joven Mella, a quien mandó a asesinar en México.
En 1944 la organización pasa a llamarse Partido Socialista Popular. Comenzaron una etapa en la cual defendieron desde el parlamento de la época los derechos del pueblo, al tiempo que se pronunciaron con firmeza a favor de nuevas leyes adicionales que permitieran cumplir los artículos y decretos de avanzada de la Constitución del 40.
Años muy duros los volvieron a situar en el lugar acostumbrado, con la dictadura de Fulgencio Batista.
El triunfo de la Revolución -encabezada por Fidel Castro- trajo transformaciones y cambios radicales en el país en favor de la justicia, la igualdad social y la soberanía de la nación. También la unidad de las fuerzas combativas del pueblo.
Así, cuando en 1965 se fundó el actual Partido Comunista de Cuba, rector ideológico del proceso revolucionario cubano, aquellos viejos pilares del socialismo y de la izquierda fueron representados y homenajeados. Ellos están presentes en la obra e historia.
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