El joven artemiseño que selló su pacto con la Patria

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ACN - Cuba
María de las Nieves Galá
212
22 Julio 2026

   Tiempo después de los sucesos del Moncada, el padre del artemiseño Marcos Martí Rodríguez recordó un hecho ocurrido el 28 de enero de 1953, en el cual estuvo involucrado su hijo.

   La familia residía en Mojanga, barrio perteneciente a Artemisa y en esa fecha tan significativa para la patria, unos elementos batistianos pretendieron hacer un acto con marcada intención politiquera.

   Marcos, quien poco tiempo después se convertiría en uno de los asaltantes al Cuartel Moncada, el 26 de Julio de 1953, se encolerizó al conocer lo que iban a hacer: “En una fecha como esta, cómo se atreven a invocar el nombre de Martí”, expresó.

   Junto a un amigo, se armó de un madero y un machete y le salieron al paso a la comitiva que se trasladaba en una guagua. Los elementos tuvieron que suspender la actividad que constituía una deshonra.

   Su papá, Epifanio, refería otra historia, que mostró el carácter rebelde del artemiseño. “Se celebraba un baile en el barrio 'Pelusa'. Un guardia guapetón, insultaba a la gente: 'doy mil pesos al que me dé una galleta'. Marcos al principio no hizo caso, pero el esbirro de uniforme amarillo proseguía con su desafío, y se le enfrentó; fue detenido y llevado al cuartel de Artemisa. Esto sucedió tres meses antes del Moncada”.

   Era un joven de carácter energético y rebelde a quien todos conocían y llamaban cariñosamente El curro. Se caracterizaba por ser muy trabajador, con un profundo sentido de responsabilidad y amor a la patria. Hacía lo que se podía y meses antes de la partida para Santiago de Cuba, comenzó a laborar en el almacén de víveres Carvajal, situado a medio kilómetro de Artemisa y donde podía hacer cualquier cosa: lo mismo cernía arroz que cosía sacos.

   Ya por ese entonces, había integrado la Juventud Ortodoxa. Sobre su vínculo con esta organización, Severino Rosell, manifestó: “Nos dimos cuenta de los valores de Marcos. Muchacho serio y de gran integridad; estaba deseoso de hacer algo grande y muy pronto por Cuba. Ya integrado al Movimiento nos vinculamos estrechamente, realizando prácticas de tiro en una finca situada detrás de la fábrica de cemento y en la propia Universidad de La Habana”.

   Muchas eran las justificaciones para las salidas a las prácticas de tiro, pues la familia no podía enterarse. La tarde de su último día en Artemisa, Marcos le pidió a Gudelia Rodríguez, la madre, que preparara la comida, pues tenía que ir a trabajar en el almacén de víveres Carvajal. Gudelia no insistió. Cuando menos lo pensara, él volvería, como otras veces, por lo cual no había que pedirle tantas explicaciones.  

   Marcos integró el grupo que atacó directamente el Cuartel Moncada. Luego del fracaso de la acción, pudo unirse con Ciro Redondo, Julito Díaz y otros tres compañeros y se encaminaron rumbo a la Playa Siboney. Marcos, Ciro y Julito llegaron hasta un bohío de la familia Pradas. Los otros tres siguieron y con posterioridad fueron asesinados.  

   Julito se quedó en la casa; Marcos y Ciro buscaron guarida en otra parte. Un muchacho los vio y a través del hermano mayor de la familia los condujo hasta su casa y allí fueron atendidos y protegidos.

   Posteriormente, se les buscó un refugio en una cueva cercana. Allí estuvieron, hasta que fueron delatados y detenidos por la mañana del jueves 30 julio de 1953.

   Marcos no se entregó de forma pasiva. Su carácter no lo toleró, como no aceptó que se homenajeara indignamente a Martí. Así que increpó a uno de los soldados: “¿Cómo tú tiemblas si llevas armas?”.

   Fue el pretexto para que el soldado le disparara por la espalda. Marcos estaba en el suelo, y el asesino volvió a descargar el arma contra el joven. Con su sangre, el joven artemiseño, sellaba así su pacto con la Patria.


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