El 26 de julio en la capital para la historia

26 de julio

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ACN - Cuba
Ledys Camacho Fotos: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
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26 Julio 2026

   Sucedió en La Habana, el 26 de julio de 1959. 

   En un multitudinario acto celebrado en la capital cubana para conmemorar el aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, ocurridos en 1953, el líder de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, pronunció un discurso centrado en el papel del pueblo como eje fundamental del proceso.

   Ante una amplia concentración popular, la primera de muchas que hasta hoy sirven de festejo nacional de esa efeméride, Fidel destacó la trascendencia de la participación ciudadana como expresión genuina de democracia: “¡Democracia es esto! Democracia es el cumplimiento de la voluntad de los pueblos”, afirmó, al tiempo que cuestionó a quienes, desde el exterior, criticaban la Revolución cubana invocando ese concepto.

   Insistió en que la legitimidad del nuevo gobierno radicaba en su carácter popular.

   Citando la conocida definición de Abraham Lincoln, reiteró que la democracia es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, tras subrayar que cualquier gobierno que no cumpla con estos principios no puede considerarse democrático.

   Durante su intervención, Fidel señaló que la fortaleza de la Revolución radica en haber dirigido su atención hacia los sectores más humildes y necesitados de la sociedad.

   “Ese es el secreto de nuestra Revolución”, expresó, al destacar que el proceso revolucionario se ha construido junto al pueblo, con su respaldo y en su beneficio.

  Reafirmó desde entonces, asimismo, que el poder político en Cuba se sostiene en esa relación directa con la ciudadanía: “Con el pueblo derrocamos a la tiranía, con el pueblo estamos gobernando y para el pueblo estamos gobernando”.

   En un mensaje dirigido a la comunidad internacional, invitó en aquel entonces a quienes cuestionaban el modelo cubano, a conocer la realidad del país.

   Según indicó, solo así podrían comprender lo que calificó como una “verdadera democracia”, basada en la participación activa del pueblo en la vida política.

    El líder revolucionario también abordó en su discurso la política exterior de Cuba, cuando expresó que el país no se considera enemigo de ninguna nación, siempre que se respeten su soberanía y sus leyes. 

   En ese sentido, sostuvo que "Cuba está dispuesta a mantener relaciones de respeto mutuo, pero advirtió que sabrá defenderse frente a cualquier intento de injerencia o agresión". 

     Fidel profundizó, en su alocución, en conceptos como la soberanía nacional y el derecho de los pueblos a determinar su propio destino. 

   Señaló que la Revolución cubana actúa en ejercicio de un “derecho sagrado”: el de luchar por el progreso, la felicidad y la independencia.

   “El pueblo de Cuba no tiene que rendir cuentas a nadie”, apuntó, al reiterar en que se trata de una nación libre y soberana, fruto de décadas de lucha. 

    En ese contexto, defendió que las transformaciones impulsadas por la Revolución no buscan perjudicar a otros países, sino garantizar el bienestar del pueblo cubano.

   Finalmente, recalcó que la aspiración de Cuba era el de vivir sin interferencias externas y sin daños a su desarrollo, apelando a la comprensión de la comunidad internacional. 

   Según concluyó, se trata de una causa justa que, a su juicio, sería reconocida por “todos los hombres honrados del mundo”. 


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