Despegue agrario: humanismo y visión de futuro de Fidel

Fidel Castro Cien años con Fidel

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ACN - Cuba
Marta Gómez Ferrals
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16 Febrero 2026

  Transcurría febrero de 1959 cuando el líder de la Revolución Fidel Castro y el gobierno del pueblo en el poder impulsaban los planes de la transformación agraria, necesaria para hacer justicia a los campesinos y trabajadores del campo y alistar la primera Ley de Reforma Agraria, que encabezaría las grandes tareas por realizar al efecto.

   En la localidad de Guayabal de Nagua, en Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra, Fidel anunció el proyecto en curso para concebir el documento jurídico, firmado más tarde en la Comandancia La Plata, de esa cadena montañosa.

   Justo había pasado un mes del triunfo del Primero de enero.

   En su autodefensa en el juicio por los sucesos del Cuartel Moncada, en octubre de 1953, el dirigente denunció que según cifras oficiales de entonces los seis problemas fundamentales de Cuba eran: la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo, la educación y la salud.

   “He ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política”, patentizó en el acto de inicios de febrero.

   El listado de los problemas señalados, lo encabezaba a su juicio la tenencia de la tierra, pues “el 85 por ciento de los pequeños agricultores cubanos está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas”.

   “Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas están en manos extranjeras. En Oriente, que es la provincia más ancha, las tierras de la United Fruit Company y la West Indies unen la costa norte con la costa sur”, denunciaba.

   Puntualizaba que unos “100 mil agricultores pequeños, viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida para morirse sin llegar”.

   Así que acabar con las injusticias, y mitigar y eliminar los daños humanos eran motores impulsores de esta medida, además de cumplir su promesa de no dejar olvidados a los habitantes de la serranía cubana que tanto habían nutrido y apoyado al Ejército Rebelde.

   El compromiso moral de llegar a la cordillera para iniciar las necesarias transformaciones revolucionarias era algo inseparable de su forma de ser, como los cubanos vieron después tantas veces. La verdad marcaba sus palabras y cumplía lo que prometía.

   “Venimos a ofrecerle algo más que esperanzas. Venimos a ampliar la ley orgánica del Ejército Rebelde para acabar con los latifundios para que cada campesino pueda laborar sus tierras”.

   Cuando en mayo se aprobó la Ley de Reforma Agraria se legitimó y allanó el camino para la también imperativa transformación que necesita la nación para su desarrollo integral, objetivo de la Revolución.

   Comenzó la expropiación de grandes extensiones de tierra a los latifundistas y se dio derecho de propiedad a los campesinos que labraban en condiciones abusivas.

   Por entonces también el dirigente se refirió en sus encuentros con los montañeses a los planes para el progreso social y cultural en la Sierra Maestra e hizo mención de la futura campaña de alfabetización, una epopeya cumplida en 1961 con total éxito.

   Finalmente 100 mil campesinos fueron beneficiados al estipularse que 30 caballerías fueran la tenencia máxima de propiedad para una persona natural o jurídica.

    Más adelante, en la segunda Ley, promulgada en 1963, se redujo el máximo a cinco caballerías, pasando a manos del Estado el 70 por ciento de las tierras del país. Este paso dio lugar al surgimiento y predominio del sector estatal en la agricultura cubana.

   La creación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y la puesta en marcha de integrales y sectoriales programas de fomento productivo en los campos cubanos abrió un camino que no ha terminado, pero que alcanzó logros evidentes.

   Con altas y bajas y torpedeado por el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba cada vez más agresivo y hasta criminal, los hombres del campo y los agropecuarios cubanos luchan junto a otras fuerzas para desarrollar en lo fundamental el programa alimentario y contribuir mediante el alza de sus producciones, a disminuir la inflación y mejorar las condiciones de vida del pueblo.

  El esfuerzo es mayúsculo y a muchos le parece una tarea imposible. Los cubanos de honor de ese sector, que son numerosos, afirman que no hay imposibles y vencerán, como siempre.


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