La Marcha de las Antorchas, que el 27 de enero iluminó las calles de Cuba, fue mucho más que una tradición. En Santa Clara, este año adquirió la profundidad de un viaje en el tiempo, un recorrido físico que es también un itinerario por las capas históricas que forjaron la identidad de una ciudad rebelde.
Con la motivación especial de conmemorar en 2026 el centenario del natalicio del comandante en jefe Fidel Castro, la juventud villaclareña protagonizó una ruta que, paso a paso, conecta siglos de historia.

El punto de partida no fue casual. El acto solemne se inició en el Parque de los Mártires, un espacio triangular cuyo monumento —una columna truncada única en el interior de Cuba— rinde homenaje a los caídos en las guerras de independencia.
Aquí, frente a la estatua de José Martí que mira hacia la antigua estación de tren, se enciende la primera chispa del homenaje, vinculando de inmediato la gesta del siglo XIX con el compromiso de las nuevas generaciones.
La marcha avanzó entonces por la calle Luis Estévez, siguiendo el mismo eje que conecta la Santa Clara colonial con la moderna. El primer alto revela una capa más reciente de la memoria.
En la escuela primaria Vietnam Heroico, un edificio que antes fue una guarnición española de estilo art déco, inauguraron, al efecto, la exposición "Del mito a la luz", con obras de artistas locales del Fondo Cubano de Bienes Culturales.
Este lugar, albergó alguna vez murales de la vanguardia pictórica cubana; y el arte contemporáneo dialoga con la historia para demostrar que la luz de las ideas también se expresa en la creación.

Unos metros más adelante, en la intersección con la calle Martí, la ruta se detuvo frente a una casa particular que guarda un secreto fundamental para la historia nacional. Fue la residencia del abogado Benito Besada, amigo y compañero de estudios de Fidel Castro.
En la noche del 13 de diciembre de 1950, el joven Fidel durmió en esa casar, horas antes de presentarse para su primera autodefensa ante el Tribunal de Las Villas. Este hecho, casi íntimo, marca el momento en que el líder histórico de la Revolución cubana comenzó su vida pública en el terreno de las leyes y la política, un episodio singular que Santa Clara preserva y que este año, en su centenario, se recuerda con especial fuerza.
Como hace décadas, el trayecto concluyó en el parque Vidal, el corazón social y cultural de la ciudad. Pero el cierre tuvo un sello distintivo.
El colofón del evento fue el concierto de la agrupación pinareña Toques del Río, una banda que, desde su fundación en 2002, ha hecho de la fusión su bandera, al mezclar son, mambo, jazz y hasta rock con una sonoridad cubanísima.
Su presencia no fue un simple acto cultural fue una metáfora sonora del evento mismo en fusión con el 41 Festival Internacional Jazz Plaza 2026 en Santa Clara: una defensa de las raíces auténticas que no teme renovarse y dialogar con otros ritmos para seguir viva.
Así, en una sola noche, la antorcha juvenil recorrió desde los mártires de la independencia hasta el amanecer de la rebeldía fidelista, pasando por el arte y cerrando con una música que sintetiza la identidad.
No fue solo una marcha fue una lección de historia en movimiento, un recordatorio de que Santa Clara, fundada entre los ríos Bélico y Cubanicay, sigue siendo, tres siglos después, un cruce de caminos donde el pasado ilumina el paso firme del futuro.
