Entre el 19 de julio y el 3 de agosto de 2018 Barranquilla volvió a acoger una edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe (23), justamente 72 años después de aquella ocasión en que el certamen resucitó en esa tierra colombiana, luego de una pausa provocada por el impacto de la Segunda Guerra Mundial.
Después del aviso en el plano competitivo en Veracruz 2014, donde los locales estrecharon la brecha con respecto a Cuba en el medallero general por países (quedaron a solo ocho oros) se sabía que la justa barranquillera representaría un reto gigante en el afán de la mayor de las Antillas de permanecer en la cima de los Juegos, y así fue.

Los mexicanos se plantaron sólidos y tomaron las riendas de la emulación por países desde el mismo inicio y, ni siquiera el empuje final de la mayor de las Antillas, que reservó sus mejores opciones para el tramo final de la justa, pudo estremecerlos en lo más alto del medallero, que dominaron con 341 metales, de ellos 132 de oro, 118 de plata y 91 de bronce, por 242 (102-74-60) de la Isla, definitivamente segunda.
Para el recuerdo quedaron encumbradas actuaciones en el clavado, por intermedio de Anisley García, las más noveles muchachas del taekwondo, la corredora Rosmery Almanza, ganadora en días consecutivos de 800, mil 500 y una electrizante carrera de 4x400 metros, o las de los equipos de hockey, además del manifiesto valor de los nadadores.
Resaltó la prensa historias que se tejieron en la piel de los XXIII Centroamericanos, como la del jovencito gimnasta Alberto Leyva, quien lo arriesgó todo en un salto, se lesionó y a su gesto de dolor en el tapiz lo sucedió una exitosa intervención quirúrgica que bien pudo merecer medalla para la medicina nacional.
Sin embargo, no todo fue alegrías, el béisbol salió con una gran deuda, cayó al segundo puesto en el nivel más bajo y despertó la necesidad de un análisis serio y urgente en el pasatiempo de las bolas y los strikes, que desde Beijing 2008 ya experimentaba un declive por múltiples causas, entre ellas la irrupción del profesionalismo a nivel de selecciones y el creciente éxodo de talentos.
San Salvador, cinco años después debido a los retrasos que provocó la COVID-19, volvió a poner sobre la mesa una verdad indiscutida, la supremacía de Cuba sobre el resto de los países del área había quedado atrás y ahora tocaba defender la permanencia en la élite, especialmente una ubicación dentro del trío de vanguardia.
En la capital salvadoreña otra vez el himno nacional sonó tan fuerte como las demostraciones de amor y humildad por parte de los atletas nacidos en el archipiélago. La tríada del tiro rápido cubano de Jorge Félix Álvarez, Jorge Grau y Leuris Pupo, se llevaron las medallas en una misma prueba, pero por reglamento del Centro Caribe Sports se cedió el bronce al cuarto lugar.
Precisamente en el tiro Laina Pérez marchaba segunda al cabo de la novena ronda, pero un mal disparo de la mexicana Zavala en la décima y última serie, dio la oportunidad a la cubana de superar a su rival con un pistoletazo de cuatro puntos, y fue justo lo que marcó, para totalizar 27 contra 26, y llevarse el trofeo en un duelo rompecorazones. Además Laina dio otra muestra de carácter al devolver una presea de bronce obtenida por la regla antes mencionada de los Juegos, al considerarla injusta.
Otros capítulos escritos con letras doradas llegaron de la esgrimista Leidis Veranes, quien se impuso 15 toques por 11 a la colombiana Jessica Morales, y puso el matiz de oro a lo que habían sido dos jornadas aciagas para los esgrimistas de la Isla y el voli masculino cubano, de vuelta a la élite mundial, pero con una condición que no tenían: campeones Centroamericanos y del Caribe.
México, por segunda cita al hilo, dominó el medallero general con 353 preseas, de ellas 145 de oro, 108 de plata y 100 de bronce, para aventajar por ese orden a Colombia (244-87-92-65) y Cuba (196-74-59-63).
Aunque quedó en tercer lugar detrás de México y Colombia, la mayor de las Antillas reafirmó en San Salvador su condición de potencia regional y los Juegos representaron un éxito deportivo y estratégico: la delegación cumplió su meta de entre 70 y 80 títulos, alcanzando 74 oros y un total de 196 medallas, además de asegurar 116 plazas para los Panamericanos de Santiago de Chile, unos meses después.
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