Cuando la pedagogía viene a buscarte, el viaje de Sandy

Compartir

ACN - Cuba
Roxana Soto del Sol Fotos Arelys María Echevarría Rodríguez y cortesía del entrevistado
967
28 Marzo 2026

 Hay personas a quienes la vida les pone caminos; hay otras, como Sandy Orlando Moré Mir, a quienes le ha puesto trillos, desvíos y pruebas, pero sin que esos obstáculos lo desprendieran de la certeza de que estaba destinado a enseñar.

   Profesor titular, doctor en Ciencias Pedagógicas con tesis de excelencia, y hoy, después de otros muchísimos cargos, director del colegio de la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Su currículum impresiona, pero lo que realmente define a este hombre de 43 años de edad no es lo que ha logrado, sino cómo.

   Nació en el hospital de Sagua la Grande –aclara con su afán de ir a la pelusa de la contrapelusa– pero su casa, donde se crio, es en Quintín Banderas, un poblado del municipio de Corralillo. 

   En ese central azucarero con su batey, su gente y atmósfera de pueblo en que todos se conocen, Sandy pasó la primera etapa de su vida, a la que no faltó mucho de lo real maravilloso.

   Allí, la biblioteca fue su segundo hogar: las bibliotecarias, sus segundas madres; y aquel niñito rebelde, monitor de todas las asignaturas de lengua, director de coro, quien recibió reprendas de cada uno de sus maestros, devoraba libros en contraste con el lento transcurso de la existencia en pueblos pequeños.

   En la secundaria básica de Rancho Veloz, dos profesoras lo marcaron. A Marlene Figueroa, le debe los trazos y la buena letra en pizarra; a Aleida Molina, lo de profe temperamental y enérgico; con ella sintió “en carne propia los latigazos del ingenio en Cecilia Valdés” y terminó de pulir los últimos vicios ortográficos.

   Ya en el preuniversitario, Magalys Molina, a quien llamaban la Maga, consolidó su pasión por la literatura. Todo parecía definido, todo apuntaba a que sería profesor de Literatura y Lengua. Sin embargo, en Corralillo urgía formar contadores.

   Y él que nunca soportó los números, pero evidentemente soporta menos las estancias en beca, sacó otro tipo de cuentas y dejó su aula pedagógica en el preuniversitario para estudiar técnico medio en Contabilidad.

   No faltaron súplicas de profesores y familiares, pero él tampoco es de los fáciles de convencer.

   Entonces ocurrió lo que él mismo llama "lo real maravilloso" en su vida. Cuando empezó a estudiar, odió las matemáticas financieras, más luego llegaron las cuentas T, los submayores, los débitos y créditos, y se enamoró perdidamente (ya sabemos que no por primera vez) tanto que en segundo año ya era alumno ayudante y daba clases a los de primero. El contador enseñaba sin saber que ya era pedagogo.

   Parecía encaminado en el mundo de los números, y por primera vez llegaba a la escuela la posibilidad de estudiar carreras pedagógicas. Los orientadores hablaban de licenciaturas, de formar profesionales para la enseñanza. Sandy, que nunca había dejado de lado su vena de monitor y alumno ayudante, sintió que aquello no era una casualidad. Era como si la pedagogía, después de haberlo dejado ir, viniera a buscarlo de regreso.

   De igual forma, cumplió su servicio social como contador principal del Hospital Psiquiátrico Aurora Rivero de Corralillo, con solo 18 años; después, fue subdirector económico de la Empresa de Transportes Escolares del propio municipio. 

   A esa edad, manejaba con destreza presupuestos y nóminas. Estudiaba también Licenciatura en Economía en el Pedagógico y se incorporó al Politécnico Fabric Aguilar como profesor de Economía.

   Sandy ha sido siempre un apasionado de todo. Se ha entregado profundamente al conocimiento y la búsqueda de la excelencia en cada proyecto profesional. Ese debate entre los números y las letras trazó el rumbo de lo que sería su cotidianidad.

   Finalmente, las letras le ganaron y hasta hizo cambio de carrera para Licenciatura en Humanidades, pero de ahí en lo adelante su viaje no ha sido para nada recto y estático. Su versatilidad lo ha movido sin rumbo fijo, con él nunca hay certeza de que llegó al sitio definitivo. 

   En 2006, comenzó a trabajar en la Escuela de Instructores de Arte, cuatro años que marcaron un antes y un después. Allí comprendió el carácter artístico de la literatura. Impartió docencia a los estudiantes de Danza, Teatro y Artes Plásticas.

   En ese contexto, una profesora del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE), Beatriz Méndez, lo escuchó dando una clase sobre "El reino de este mundo", de Alejo Carpentier. Se detuvo en la puerta, fascinada. "Es inevitable escucharlo y no detenerse", le dijo.

    Su vasta trayectoria incluye los ya extintos preuniversitarios de Motembo, el IPVCE, la Universidad de Ciencias Pedagógicas, la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), la Dirección Provincial de Educación, la Universidad de Cienfuegos, la de Sancti Spíritus, la de las Artes y la de Ciencias Informáticas en La Habana; y ahora la de Ciencias Médicas de Villa Clara.

    Miembro de comités académicos de maestrías en Cienfuegos, Sancti Spíritus y la UCLV, profesor de posgrado, tutor de doctorandos, profesor de Metodología de la Investigación, conferencista invitado en universidades mexicanas. 
   Su vida ha sido un viaje por casi todos los centros de altos estudios del país. No por afán de acumular, sino por la convicción de que cada lugar contribuye a formar al profesional integral que siempre quiso ser.

   En cada lugar deja huella, no pisotón, aclara, pero también controversia. Porque Sandy Moré no calla cuando algo no está bien. Su intransigencia con lo incorrecto, su defensa de la ética profesional, su manera directa de decir las cosas, han creado, como él mismo reconoce, "un aura controversial".

   "El trabajo crea la personalidad", reflexiona. Su carácter se forjó en cada responsabilidad asumida desde muy joven. La gente lo lee en sus gestos, su forma de fruncir el ceño, su manera de emocionarse. Eso, que algunos pueden malinterpretar, es simplemente su temperamento. El mismo que lo llevó de ser el niño rebelde al profesor exigente. El que le debe a su abuela materna, origen y destino de ese carácter, al que no pretende renunciar para continuar honrado la memoria de quien reconoce su musa, incluso, después de su fallecimiento en 2021.

   Hoy, cuando sus estudiantes lo encuentran en la calle y le dicen "profe", él siente que ha valido la pena. Como aquel exalumno, actualmente director de una escuela, que le recuerda "a mí me gustan las personas que tiemblan, las personas que vibran, como usted".

   Quien lo escucha hablar no puede quedar indiferente a su dicción exacta, milimétrica. Las palabras no se le escapan. Parece, a ratos, un contador ajustando balances mientras diserta sobre lingüística. Ese es su sello, el rigor del número aplicado a la filología, la disciplina del balance aplicada al análisis literario, el poner nombre y apellido a absolutamente todas las cosas.

   La pedagogía vino a buscarlo cuando era un niño que devoraba libros en la biblioteca de Quintín Banderas. Llamó a su puerta por primera vez en aquel politécnico donde anunciaron las carreras pedagógicas. Lo encontró cuando era un contador que enseñaba a otros contadores. Lo atrapó definitivamente cuando entendió que su lugar era formar a quienes formarían a otros.

  Cuando la pedagogía te busca una vez, puedes escapar. Pero cuando vuelve a buscarte, ya no hay trillo, desvío o prueba que te salve. Terminas haciendo lo que naciste para hacer: enseñar. Sandy lo sabe. (Roxana Soto del Sol, ACN)


© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial