La situación que padece Cuba en la actualidad requiere una dinamización efectiva de las relaciones socioeconómicas para que el país transite hacia un modelo de gestión económica más eficiente que preserve el modelo social.
El país enfrenta una inflación persistente y un sistema cambiario fragmentado que castigan con especial dureza a quienes dependen de ingresos en la moneda nacional.
Se agrava el desorden monetario progresivamente junto a la situación económica como consecuencia del recrudecimiento del bloqueo, económico, comercial y financiero y el cerco energético de los Estados Unidos contra Cuba.
Entre las 176 transformaciones aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular, un grupo de acciones de alto impacto en el ámbito monetario buscan recuperar a largo plazo el papel de la moneda nacional.
La secuencia es tan ambiciosa como delicada: ampliar la dolarización parcial como instrumento temporal y devaluar el peso cubano para unificar los tipos de cambio.
Simultáneamente, incrementar los salarios estatales y fijar el salario mínimo cada año, con el desafío de no elevar el déficit fiscal, por lo cual también aumentan ciertos impuestos y se reducen los subsidios.
La existencia de múltiples tipos de cambio –oficial e informal, asociado principalmente a las remesas– ha distorsionado los precios, desalentado la oferta de divisas por canales formales y erosionado la función del peso como reserva de valor.
El gobierno cubano busca formalizar lo que ocurría de facto al autorizar depósitos de divisas en efectivo de actores no estatales se acrediten en cuentas bancarias en la misma moneda, sujetos a declaración de origen lícito de los fondos (transformación 25).

Esa facilidad, junto con el otorgamiento de licencias para operar casas de cambio privadas (transformación 99), busca encauzar el mercado informal hacia circuitos legales y sentar las bases de un mercado cambiario funcional.
Sin embargo, ningún mercado cambiario formal puede despegar si el tipo de cambio oficial está completamente divorciado de la realidad expresada en la tasa informal.
Por esa razón, las transformaciones incluyen la realización de devaluaciones sucesivas de la moneda nacional para reducir las diferencias de tipo de cambio (transformación 100).
Se trata de un proceso gradual cuyo objetivo último es la unificación cambiaria, una condición indispensable para que las empresas y los individuos encuentren incentivos para operar dentro de la legalidad.
Al mismo tiempo, se permite y fomenta que tanto las empresas estatales como las privadas accedan al mercado cambiario (transformación 9) y se prevé desarrollar un mercado de insumos con la participación de todos los actores (transformación 30).
En este contexto, la dolarización debe considerarse como un instrumento temporal de política monetaria para que, a largo plazo, el peso cubano recupere el lugar que le corresponde como reserva de valor.
A corto plazo, sin embargo, permite que el dólar circule de manera regulada, estabiliza transacciones, reduce la presión sobre el tipo de cambio paralelo y puede facilitar la acumulación de reservas en el sistema financiero.
La devaluación, inevitablemente, elevará la inflación al encarecer el valor de todo lo importado, y el mayor impacto lo sufrirán aquellos que no tengan acceso a divisas, especialmente los trabajadores del sector estatal presupuestado y los jubilados que no reciben remesas.

Para contrarrestarlo, el conjunto de transformaciones establece el incremento de las pensiones y los salarios en el sector estatal, y dispone la fijación anual del salario mínimo.
Esta revisión periódica contribuirá a compensar las consecuencias de las devaluaciones oficiales sucesivas de la moneda nacional, en contraposición a lo que ha sucedido durante los años precedentes.
Se abandona así la rigidez anterior y se adopta un mecanismo de indexación que, en lo adelante, anclará el ingreso básico a la evolución del tipo de cambio y la inflación.
Las transformaciones aprobadas por el Parlamento cubano aspiran a ordenar lo que parecía irresoluble y asegurar la sostenibilidad fiscal con menos subsidios y más autonomía empresarial y municipal.
Todo ello bajo el paraguas de una dolarización parcial que, por la propia conservación del peso cubano, se mantiene como un puente temporal para fortalecer la moneda nacional.
El éxito dependerá de la contribución de todos los actores económicos, incluida la población, y también de la celeridad con que las líneas de acción se implementen y fructifiquen cada una de ellas.
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