¿Con qué sueñas tú, Roxana?

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ACN - Cuba
Roxana Soto del Sol
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16 Enero 2026

  «Yo sueño con vivir en paz», dice Roxana León de la Sota y su voz tiene la claridad de quien sabe lo que quiere, aun a su corta edad.

    Con 17 años y el uniforme impecable de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Villa Clara, explica que la paz no es abstracta, sino el suelo firme desde donde brotan los sueños; los suyos: ser científica, servir a la patria, alimentar expectativas, vivir sin miedo.

    Su presencia en el parque Vidal de Santa Clara, durante este frío 16 de enero, resulta en sí misma una respuesta. No es un acto formal, sino un estar sereno y consciente frente a 32 fotografías.

   Entre ellas, algunas muestran los rostros jóvenes de quienes, como ella, tenían sueños y amores, 32 vidas truncadas el pasado 3 de enero, defendiendo en la hermana República Bolivariana de Venezuela la soberanía que también hace posibles los sueños allí, que es decir América toda.

    Roxana no miraba imágenes de héroes distantes, sino un espejismo. La conexión es silenciosa y directa entre quienes están dispuestos a garantizar con su último aliento que otros puedan pronunciar la palabra futuro sin que suene a ficción.

    Ella era de los más jóvenes en el parque hoy, no hubo muchos niños pequeños, como confirmación tácita de un principio: Cuba protege el derecho de su infancia a la inocencia, a soñar con juegos y no con muerte.

   Se trata de un muro de contención contra la crudeza que el imperialismo exporta, la guerra solo destruye familias, afirmó a la Agencia Cubana de Noticias.

    Al mencionar a los padres, tanto los de los caídos como los suyos propios, su madurez resulta conmovedora. Entiende del nudo de orgullo y temor que habita en el pecho de una familia que cría hijos para la defensa de un ideal.

    Si un día ven mi nombre en una lista de fallecidos, pensarán que su hija murió defendiendo un proyecto, una idea, una causa justa; nada debe enorgullecer más a un padre que saber que su hijo fue coherente hasta el último aliento y que murió protegiendo algo en lo que creía, y en esas palabras no hay nada de dramatismo, solo la certeza tranquila de quien ha elegido su lugar en el mundo y comprende el precio.

   El frío persistía y Roxana se mantuvo allí, aunque temblando un poquito, con su figura impecable, erguida como el puente más elocuente entre el sacrificio pasado y la promesa futura.

   Su simple presencia, conectada a las fotos de los 32 caídos, era la prueba de que su legado no era el olvido, sino la continuidad. Los sueños de aquellos hombres no se perdieron en una tierra ajena, fueron depositados, como una semilla de responsabilidad, en las manos de esta muchacha de Santa Clara y en las de toda su generación.

    En sus sueños de paz y de estudio reside ahora el sentido de aquel sacrificio: que los sueños, todos los sueños, puedan seguir soñándose en esta isla, a salvo


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