La Habana, 5 jul (ACN) Cuando todo ardía en el noveno inning, Yasmani Tomás encontró hoy un resquicio en el destino y empujó a Industriales a un triunfo de 5-3 sobre Las Tunas, para dejarlo a un paso de la corona de la IV Liga Élite del Béisbol Cubano.
La conexión no voló, pero pesó como un jonrón en la memoria. Un rodado obstinado, casi terco, se escurrió por el centro del diamante y abrió de par en par la puerta de la gloria. Dos carreras cruzaron el plato y, con ellas, una ciudad entera volvió a creer que el tiempo puede doblarse. La Habana lleva demasiado esperando.
El estadio Julio Antonio Mella hervía como una caldera de finales: conga, silbidos y una tensión que podía masticarse. Bases llenas, empate a tres carreras y el mejor brazo tunero desafiando desde la lomita. Entonces, en medio de aquel estruendo, apareció el silencio interior de los grandes: Tomás.
No llegaba encendido. Apenas había conectado un hit en siete turnos durante la final. No era el héroe estadístico de la serie; era algo más peligroso: el símbolo.
El hombre que no estuvo cuando comenzó la batalla, obligado a mirar desde lejos por problemas ajenos al béisbol y a cualquier urgencia deportiva. El hijo cuyo padre, fiel centinela del Latinoamericano, soportó su ausencia durante los dos primeros partidos entre las gradas y la nostalgia. Y, sin embargo, era el elegido.
A sus 35 años, con el retiro proyectándose como una sombra cercana, Tomás afrontó ese turno como quien carga una época sobre los hombros. Último sobreviviente del Industriales campeón de 2010, el mismo que conquistó las Grandes Ligas con 31 cuadrangulares en una temporada con Arizona, decidió que aún no era momento de despedirse. Hay deudas que no se saldan con estadísticas.
El swing no fue descomunal, pero sí definitivo. La pelota encontró el hueco, como si obedeciera a una voluntad superior al juego. En ese instante, Industriales dejó de perseguir fantasmas y comenzó a tocar la historia.
Antes hubo resistencia y carácter: el empuje inicial de los azules, la respuesta tunera con el batazo de Henry Quintero y el empate de Andrys Pérez que devolvió el aliento a los felinos. Después llegó la sentencia, la firma de las letras góticas en territorio enemigo.
Guillermo Carmona y sus Leones ya acarician la copa. Solo falta una victoria para romper una sequía de más de tres lustros y devolverle a la capital un título que se ha resistido demasiado tiempo.
Pero esta tarde no pertenece a los números ni a las estadísticas. Pertenece a un hombre que regresó tarde, llegó con dudas, cargó silencios y eligió el instante exacto para convertirse en destino.
Mañana puede caer el último out. Pero la historia ya encontró su grieta: Industriales volvió a latir donde más duele y más importa. Y, en el centro de ese latido, firme contra el tiempo, sigue de pie Yasmani Tomás.
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