Si algún deportista tuvo el honor de considerarse amigo de Fidel, ese fue Teófilo Stevenson Lawrence. La amistad entre ambos duró alrededor de 40 años, hasta la desaparición física del Gigante del Central Delicias, Las Tunas, el 11 de junio del 2012, hace 14 años.
En una entrevista con el periodista Yosel E. Martínez Castellanos a alguien tan cercano a Teófilo como el prestigioso exentrenador de la selección nacional de boxeo, Alcides Sagarra, sobre qué boxeador Fidel disfrutaba observar con mayor atención en el cuadrilátero, luego de aseverar que esa era una pregunta difícil porque el máximo líder cubano se regocijaba con todos los duelos en cualquier categoría de peso, el experimentado preparador señaló:
«El caso de Teófilo Stevenson, era otra cosa. Entre Fidel y él surgió una relación personal muy fuerte, como la de un padre y un hijo. Conversaban largamente, y a Teófilo le encantaba responder las inquietudes del Comandante».
Una de las primeras veces que se vieron personalmente fue en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Boxeo, celebrado en La Habana, en 1970, ocasión en que el Comandante en Jefe conversó con los miembros del equipo cubano, vencedor en el torneo.
Posteriormente, en un discurso pronunciado el 28 de septiembre de 1972, en el XII Aniversario de la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), después de la excelente actuación de los púgiles en los Juegos Olímpicos de Munich, Alemania, donde los boxeadores ganaron los tres primeros títulos olímpicos en el periodo revolucionario, Fidel expresó:
«Teófilo Stevenson merece el reconocimiento de nuestro pueblo por su éxito deportivo derivado de su disciplina, de su consagración al deporte, de su valor, de su moral».

En 1975, en el regreso a la Patria tras haber conquistado su primer título en Juegos Panamericanos que, a su vez fue la última presea dorada que obtuvo la delegación cubana en la séptima cita del Nuevo Continente -desarrollada en la capital azteca-, en el acto de recibimiento, Teófilo se dirigió a Fidel y le dijo:
«En nombre de la delegación que tuvo el honor de representar al primer país socialista de América en los recién concluidos Juegos Panamericanos de México, le ruego acepte esta medalla, la última la medalla: 119 (física), con la cual sobrecumplimos el compromiso contraído con usted, con nuestro Partido, con nuestro pueblo, de superar la actuación de nuestros atletas en Cali».
Seguidamente, el boxeador colgó su presea dorada en el pecho de Fidel, quien la luciría durante el resto de la ceremonia.
Los periodistas Rafael Pérez Valdés y Oscar Sánchez Serra, en el libro Fama sin dólares, relatan una anécdota que ejemplifica la cordial amistad entre ambos.
El mandatario cubano fue a inaugurar la terminal de azúcar en Las Tunas. Allí señaló: «Ya Las Tunas tiene a un gran campeón, ahí tienen a Stevenson».
Narran Pérez Valdés y Sánchez Serra que todo el grupo que acompañaba al Comandante en Jefe se dirigió a los muelles, Stevenson los siguió, no subió a los barcos, cuando alguien preguntó o dijeron su nombre. Entonces Fidel indagó: «Pero ¿dónde está Stevenson?». Y le respondieron: «él se fue, no subió».
Cuando bajó del barco le dijo a Stevenson: «¿Por qué no subiste conmigo?; venías en el grupo y eres un invitado de honor». Teófilo explicó que nadie lo había mandado a subir y que esperó disciplinadamente.
Tras escuchar las palabras de Teófilo, Fidel señaló: «El rato que no estuvimos juntos ahora, lo vamos a recuperar. Mañana paso por tu casa en Delicias».
Durante el Primer Campeonato Mundial efectuado en la capital cubana, en 1974, Stevenson tenía un pie lesionado y Fidel siempre estuvo al tanto de su evolución.
Esto fue un gran estímulo para el deportista que conquistó el primero de sus tres títulos del orbe, al imponerse a sus cuatro rivales, entre ellos el alemán Peter Hussing y el estadounidense Marvin Stinson, en el pleito final de la división de más de 81 kilogramos.
Cuatro años más tarde, en 1978, cuando los púgiles cubanos se disponían a partir hacia Europa, donde irían a defender el título logrado en la versión inicial en la capital cubana, antes de abandonar la Ciudad Deportiva, en la que se efectuó la reunión, Fidel indagó por el estado de salud de los boxeadores y conversó con Jorgito Hernández y Teófilo Stevenson.
Luego de regresar de Belgrado, entonces Yugoslavia, donde retuvieron la supremacía del orbe con cinco metales áureos, Stevenson, convertido en el primer bicampeón en estos torneos, le hizo llegar a Fidel un par de guantes firmados por todos los integrantes de la escuadra.
El líder de la Revolución cubana se interesó por una inflamación en la mano derecha de Pirolo –como apodaban al gran campeón- a causa de una vieja lesión resentida y el doctor Raúl Follaca explicó que le estaban haciendo un tratamiento a base de fisioterapia, y que había mejorado extraordinariamente.
Follaca puso como ejemplo el fuerte gancho con el que obligó al yugoslavo Dragomir Vujkovic, a que le tiraran la toalla en el segundo asalto en la discusión del cetro.
El año 1986 le deparaba a Stevenson, la posibilidad de convertirse en tricampeón mundial, después de haber perdido esa oportunidad en Munich, en 1982, al ser eliminado por el italiano Francesco Damiani en su primera pelea.
Previo a la lid realizada en Reno, el legendario púgil había mostrado cierta apatía y luego de sucumbir en la Copa Química, en la entonces República Democrática Alemana frente al anfitrión Ulli Kaden y caer contra el guantanamero Osvaldo Castillo, en el torneo Giraldo Córdova Cardín; puso a pensar a expertos, periodistas y al pueblo, si debía ir no a Reno.
Pero llegó la mano amiga de Fidel, quien se convirtió prácticamente en aquel momento en su mejor sicólogo. El Comandante en Jefe puso a su disposición un auto –aunque ya tenía uno desde 1978- y un chofer, para que asistiera a los entrenamientos.
Stevenson le reciprocó el gesto al mandatario cubano, no lo hizo quedar mal. Se desquitó del revés sufrido semanas atrás ante Ulli Kaden en su combate inicial y luego de salir airoso en sus dos “broncas” siguientes, derrotó al norteamericano Alex García en la disputa del sitial de honor.
Fue el pleito que cerró la brillante carrera del tunero, quien se agenció tres títulos olímpicos e igual cantidad de mundiales.
Al fallecer, el 11 de junio de 2012, Fidel en sus Reflexiones publicadas el día siguiente en Cubadebate expresó:
"Se nos ha ido Stevenson. Después de las cuatro de la tarde de ayer llegó la noticia. Ningún otro boxeador amateur brilló tanto en la historia de ese deporte. Podría haber obtenido dos títulos olímpicos adicionales, si no hubiese sido por deberes que los principios internacionalistas impusieron a la Revolución. Ningún dinero del mundo habría sobornado a Stevenson.
¡Gloria eterna a su memoria!"
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