Carlos Cuesta: el hombre que domó el Bosque Encantado

Liga Élite del Béisbol Cubano

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ACN - Cuba
Boris Luis Cabrera Foto: Roberto Morejón
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04 Julio 2026

La Habana, 4 jul (ACN) Carlos Manuel Cuesta domó hoy el Bosque Encantado en el playoff final de la IV Liga Élite del Béisbol Cubano y llevó a Industriales a un triunfo de 3-1 sobre Las Tunas, en una tarde de hachas rotas, conga insistente y coraje azul.

   Guillermo Carmona lo anunció la víspera con la calma de los hombres que ya han visto arder muchos bosques y saben dónde colocar el primer golpe, y por eso Cuesta subió hoy al montículo con la misión de sostener el pulso de una final que no concede respiro.

   No era el nombre más ruidoso del staff, pero sí uno de esos lanzadores de fiebre baja y convicción alta, de los que no necesitan focos para encender la escena; bastaba mirar su historial reciente frente a los Leñadores, esa tanda poderosa que en Cuba suele convertir cualquier tarde en un simulacro de incendio.

   En el Julio Antonio Mella, bajo un sol que parecía caer a plomo sobre las espaldas y sobre el ánimo, Cuesta entró a trabajar como quien se adentra en un monte donde cada árbol puede esconder un leñador con el hacha levantada, y desde el primer envío entendió que allí no bastaba con tirar strikes: había que imponer carácter.

   La grada, llena de fe local, empujaba con su rumor de marea antigua, y la conga no dejaba de latir como un corazón de barrio, pero el diestro azul se mantuvo erguido, sin un gesto de pánico, quebrando maderos con la serenidad de un hombre que sabe que la épica también se escribe con respiración contenida.

   Industriales le dio respaldo temprano y eso, en una final, vale como una tabla en medio del naufragio: en el tercer inning fabricó dos carreras con la mezcla exacta de paciencia y filo, primero un boleto, luego tres hits, entre ellos el doble de Roberto Álvarez y el sencillo de Yasmani Tomás que empujaron las anotaciones y cambió el color del partido.

   Más tarde, en el quinto, Taylon Sánchez añadió otra raya con un indiscutible remolcador que terminó de dibujar la ventaja y dejó a los capitalinos con el mapa completo de la tarde, porque una vez arriba en la pizarra solo quedaba proteger el territorio con uñas, brazo y temple.

   Y Cuesta respondió como responden los que han sido llamados para una batalla y no para una ceremonia.

   Durante seis entradas aceptó apenas cuatro hits y una sola carrera, la del capitán Yordanys Alarcón, un jonrón que no quebró la tarde sino que apenas le puso una cicatriz al paisaje, porque el derecho habanero jamás perdió el hilo ni permitió que la tribuna convirtiera el juego en avalancha.

   Cada out suyo tuvo algo de machetazo seco, de árbol caído en medio del monte, y cada entrada parecía confirmar que la decisión de Carmona había sido menos una apuesta que una lectura exacta del peligro: Cuesta no sería una estrella de marquesina, pero sí el hombre capaz de entrar donde otros dudan.

   Cuando salió del montículo, sudado y eufórico, llevaba en el rostro la satisfacción de los que han sobrevivido al oleaje y no alardean de ello, porque en su oficio el orgullo se mide mejor en silencio que en poses.

   Entonces apareció Yunier Batista para cerrar la puerta con la disciplina de un portero de hierro, colgando las últimas tres argollas y firmando el salvamento con la naturalidad de quien ya conoce el peso de los cierres importantes.

   Industriales tomó ventaja de 2-1 en la final y dejó en el aire una verdad que pesa más que cualquier estadística: en el Bosque Encantado también hay días en que los árboles se apartan y el que manda es el brazo que no tiembla.


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