Santa Clara, 9 ene (ACN) Hay espacios que guardan un alma. Amaury Pérez Vidal lo sintió al cruzar el umbral, en ese primer contacto físico con la leyenda que hasta entonces solo conocía de oídas. El lugar, hecho de ladrillos a la vista, tenía una presencia que se respiraba. No era solo un sitio, era un testigo, un contenedor de voces, de aplausos y de silencios memorables. Y fue allí, en el corazón de El Mejunje de Santa Clara, donde el Premio Nacional de la Música 2025 decidió ofrecer su primer concierto tras recibir el galardón, como parte del XXX Festival de Trovadores Longina Canta a Corona.
El reconocimiento, confesó, lo tomó por sorpresa; obtenerlo llena de orgullo y de alegría y se recibe con una mezcla de gratitud, pero también de asombro, pues resulta realmente inesperado.

No se trabaja para premios en la vida, expresó, y este en particular llegó tras un año de tribulaciones personales, lo que hizo que el gesto —la decisión unánime— le llegara con la fuerza de un abrazo reparador.
Ese impulso emocional lo condujo directamente al Longina 2026, festival que este año rinde tributo a Silvio Rodríguez, por lo que representaba una cita ineludible. Para Amaury, el homenaje al cantautor en jefe —como le gusta llamarlo, a sabiendas de que a Silvio no le agrada el título— era motivo más que suficiente.
Silvio se merece este homenaje y cualquier otro que se le haga, afirmó con convicción, para luego calificarlo como uno de los tres más grandes que ha dado la historia de la música actual, quien inventara una manera de hacer la canción, una manera absolutamente diferente.
Pero, para Amaury, en Santa Clara la admiración también se dirige a El Mejunje. En el ambiente del lugar, impregnado en cada superficie, flotaba el espíritu de su fundador. Recordó vívidamente el día que conoció a Ramón Silverio: cuando él llegó a mi programa Con dos que se quieran, llegó una persona que tenía un resplandor y que todo el mundo, sin conocerlo, se sentía amigo suyo.
Se trata de un hombre que ha transformado un simple patio en un icono de resistencia cultural, con una audacia visionaria y una proyección siempre adelantada para su tiempo, expresó.

Aquel día de entrevista prometí a Silverio que si alcanzaba el tiempo y las fuerzas, y regresaba a Santa Clara a cantar, El Mejunje sería el lugar escogido, y aquí estoy, concluyó.
Entre esas paredes cargadas de historia, bajo la mirada simbólica de Silverio y la dedicatoria del festival a Silvio, Amaury Pérez Vidal ofreció su música. Acompañado por las cuerdas de Abel Acosta, entrelazó canciones de antaño con otras más recientes, en un acto que fue mucho más que una presentación. Fue un acto de pertenencia.
Amaury eligió para su reaparición un sitio que es esencia pura de la cultura villaclareña. En ese intercambio íntimo con el público, el mérito del premio se diluyó para dejar paso a lo esencial: la comunión de un trovador con su gente, en un rincón donde cada ladrillo, testigo silencioso, parece susurrar que lo verdaderamente importante siempre se crea y se celebra en colectivo.
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