Guantánamo, 14 feb (ACN) Quien ve hoy a José Cuenca Sosa y Yaremi Estonel, investigadores de Guantánamo, recorrer juntos los pasillos del Centro de Documentación e Investigación de la música Rafael Inciarte, no imagina que su historia comenzó con una conquista paciente.
Él era especialista en música del Centro de Cultura Comunitaria al que ella fue un día por asuntos de trabajo (como especialista en literatura en una Casa de Cultura), le llamó la atención y empezó a verla donde quiera que trabajaba (la biblioteca de la ciudad, La Casa del Joven Creador), regresaba a pie a su casa, pero logró enamorarla y formalizar la relación.
Ahora son 25 años de un matrimonio que comparte proyectos y un hijo de 22 años que creció entre festivales y terminó de compenetrarlos en la crianza por hacerlo un hombre de bien; "nos mantenemos unidos", dice Cuenca mientras la mira, y no exagera: hoy él dirige el Centro donde trabajan y la Casa del Changüí, y ella es especialista en ambas instituciones.

Hasta la música los unió cuando su niño compuso con ellos el tema "Orgullo de mi nación", el cual obtuvo premios en concursos infantiles.
Su vida en común los ha llevado a participar y ser ponentes en coloquios, simposios, festivales, incluso hicieron la maestría en Desarrollo Cultural Comunitario en la Universidad de Oriente, también juntos; pero si hay algo que Cuenca se esfuerza por aclarar es que ella no es la mujer que está detrás, sino a su lado, con obra propia.
"Yo soy un poco visible mediáticamente, pero eso no le resta ningún mérito a ella, ha escrito dos libros: Guantánamo tiene su changüí y La loma del chivo: una historia contada por su gente, ahora prepara un tercero junto a otros autores sobre el changüí en Yateras", enfatiza sobre los logros de su compañera.
"A veces me parece que la gente piensa que yo los hago, pero ella ha sido la de la iniciativa, ha laborado intensamente, tiene una formación importante", aclara Cuenca.

Yaremi es quien organiza su vida, "a veces soy un poco haragán, postergo las cosas o me distraigo y ella me dice: 'vamos, tenemos que hacer esto', y me recuerda las cosas, eso es vital'", confiesa él, que además es delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular, presidente de la sección de música de la Uneac y secretario de relaciones públicas de la Unión de Historiadores.
"Si no es por ella, yo me desordeno porque son muchas responsabilidades y a veces en broma le pregunto ¿tú eres mi mamá? ", admite entre risas, Yaremi interviene para precisar que Cuenca ni siquiera sabe usar la plataforma Transfermóvil, él se defiende: "yo soy un hombre analógico, esta era digital me cuesta trabajo", pero ella está ahí para tomar el control, incluso, a veces en las finanzas.
La complicidad se extiende al terreno profesional: juntos crean guiones para televisión, el programa "La Cumbancha" y el espacio histórico "Te cuento que"; "eso nos obliga a investigar juntos, a buscar información, a estar todo el tiempo en contacto con los temas y son intereses comunes", explica Yaremi, que además es presidenta de su CDR.
Uno de los logros que más orgullo les produce lo alcanzaron también como equipo al crear la fundamentación teórica del expediente que llevó al changüí a ser declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2018, "para mí es el galardón más importante que ha tenido el changüí en su historia", subraya Cuenca.
También hicieron juntos el guion del documental "Nuestro Changüí", dirigido por los realizadores David Hernández y Enrique Alonso, que obtuvo premio en 2020 a la mejor dirección en el XVIII Festival de Música Independiente (IMAs) de Nueva York.
Pero el amor, en esta historia, también se alimenta de cosas sencillas, "ella cocina muy bien, hace los platos que me gustan: las cremas, los potajes, las pastas, los fricasé", enumera Cuenca, y juntos llegan a la conclusión de que aunque el amor no entró por la cocina, sí se fortaleció con ella.

También los une las salidas para tomarse una cerveza y conversar, las visitas a los amigos, las tertulias con los vecinos en el corredor de su casa, que no tiene baranda y se convierte en parque del barrio durante los apagones; comparten gustos musicales, opiniones sobre Guantánamo y enfrentan juntos la complejidad de la vida actual.
"Y yo ahí estoy pegado a ella, no vaya a ser que se arrepienta", suelta Cuenca y la mira con picardía.
Después de 25 años, Yaremi se emociona al decirlo, "significó mucho estar todo ese tiempo ahí uniditos, con nuestro bebé", a la vez que José Cuenca reflexiona sobre la importancia de valorar a la pareja estable.
"Muchos hombres no lo hacen, y la vida les pasa la cuenta, cuando llegan los achaques de la edad, se quedan solos, yo sí lo valoro, porque es muy triste estar solo", dice Cuenca, y ella agrega: "en estos tiempos que todo está tan difícil, uno debe tener al lado a alguien que te apoye, que te entienda, que te valore, eso es lo más importante".
En ese instante, sus miradas se encuentran en el salón del Centro que los ha visto crecer, no hace falta decir más, son muestra de la complicidad, amor por la cultura, por la familia y por Guantánamo, 25 años de esa historia, y lo que falta.
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