Una madre que empuja sueños

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ACN - Cuba
Alejandro Torres Ramos Foto: Cortesía de la entrevistada
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10 Mayo 2026

La Habana, 10 may (ACN) Desde hace dos cursos Yamile Hernández Muñoz forma parte de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, donde estudia su hija Melissa Murguía Hernández; que, pese a trasladarse en silla de ruedas, es una activa estudiante que no se pierde ninguna de las actividades que desarrolla el centro de estudios.

   Yami, como cariñosamente la llaman, es descrita por su hija como una mujer valiente, abnegada y la bendición con que la vida la recompensó Para esta madre pinareña de 52 años su hija Melissa es su tesoro más preciado, su orgullo y fuerza:

   -¿Qué radica detrás de esa fortaleza?

   -“Soy fuerte en el sentido de que estoy para mi hija. Pero no, aquí la fuerte es ella. Me dice: “Mami, hay que ir para la Facultad”, y yo la sigo porque es su sueño y lo tiene que cumplir. Mi fuerza radica en mi hija”.

    Dice que la lejanía de su casa en Pinar del Río es una de las cosas que más le aflige. Alexis Murguía, su esposo y padre de Melissa, es el eje de la familia, siempre pendiente a todo: “Un buen hombre que nos llama cinco veces en el día, para saber hasta el más mínimo detalle sobre nosotras”.

    En casi 23 años de matrimonio, Yami sufrió seis abortos provocados por la diabetes, hasta que llegó Melissa, una muchacha maravillosa con una lesión en la médula que le impide caminar.

   “Lejos de ser un obstáculo en nuestras vidas representa el más grande orgullo que tenemos, y la razón por la que cada mañana camino varios kilómetros para cumplir su sueño, que también es mío”, expresó.

Están becadas en el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (INSTEC), única residencia de la Universidad de La Habana equipada con un cuarto para limitados físicos, allí cada sábado las visita Alexis, quien trae insumos para la semana.

    “Una de las cosas que más disfruto de mi casa en Pinar del Río es cocinar. Aquí no me lo permiten. Pero no me importa eso, ni tener que dormir sobre colchonetas en el suelo, porque no me puedo subir en la litera, pero cada sacrificio vale la pena, porque todo es por Melissa”, asegura.

    El año pasado ambas asistieron a múltiples actividades de la Universidad, como cualquier otro estudiante: marchas por Palestina, otras contra el bloqueo, el desfile del Primero de Mayo: “No nos perdemos una” y hasta la maratón universitario.

    Empujando la silla de ruedas, Yamile y Melissa recorrieron cerca de cinco kilómetros. “Vamos para donde ella me diga”, enfatiza la madre.

   -Usted fue deportista y practicó esgrima, ¿qué recuerda de esta etapa?

   -“No era una deportista de alto rendimiento, pero estaba en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético en Pinar. Mi mamá me puso desde que estaba en quinto grado, para aliviarme la diabetes. Así pude seguir con mi vida hasta que decidí dejarlo. A pesar de todo, no abandoné los estudios, tengo dos títulos, uno de Técnico Medio en Economía General y otro en Gastronomía y los Servicios”.

   -¿Los ejerció alguna vez?

   -“Hasta que Melisa nació, yo trabajaba en el gobierno provincial de Pinar del Río, en una plaza de contabilidad. Después de los tres años me hicieron los papeles para madre cuidadora. Con ese dinero que me pagan hoy resolvemos algo, aunque no mucho”.

    Yamile tiene a su esposo en Pinar, pero también a otra hija, Yamisledy Arencibia, a la que tuvo, fruto de otro matrimonio a los  20 años, y dos nietos Yaniel y Hadet. “No es fácil la vida. Vinimos en agosto y nos fuimos porque el Chikungunya acabó con nosotras, pero siempre, venimos en agosto y no nos vamos más hasta diciembre, aquí nos quedamos por meses”, asevera.

   -¿Qué extraña de la antigua Yamile?

   -“Me gusta estar ocupada, toda la vida he disfrutado trabajar. No estoy adaptada a estar en la casa, y con Melissa es como si tuviera un oficio. Siempre voy con ella. Ahora a la Facultad, pero cuando empezó en la primaria iba para allá y ahí me quedaba los días enteros”.

    “Me hacían propuestas de trabajo desde que empecé a llevar a mi niña a la escuela, como contratas de limpieza que nunca acepté. En la Facultad, también me han ofrecido empleo en la secretaría,  pero “mi objetivo es estar aquí por ella. No vine a ganarme dinero, sino para ocuparme de mi hija, mi prioridad”.

    Alexis es Licenciado en Derecho y ahora trabaja como cuentapropista: “Melissa necesita muchas atenciones y la nueva silla eléctrica que tiene es una bendición para ella, y más para mí”.

    Su otra hija también la ayuda y viene cada 15 días, a veces con los niños, para no perder el contacto y hacer la distancia un poco más llevadera.

    No es nada fácil con sus manos y pies hinchados por el Chikungunya empujar, varios kilómetros, una silla de ruedas.

   En una ocasión, Melissa tenía una cobertura periodística en la casita de Martí y “no quedó de otra, había que caminar desde el INSTEC, regresar para el periódico Juventud Rebelde y luego para la beca. Todo porque la noticia tenía que salir al otro día”.

    Llegaron al periódico casi a las nueve de la noche y después regresaron solas para la beca; corrían el riesgo de que un bache volcara la silla o que ocurriera cualquier imprevisto.

    Para Yami, “nada de eso importa cuando mi hija cumple con su deber y es feliz.  Esa vez fueron casi nueve kilómetros, una travesía que cualquiera, incluso en carro, dudaría en hacer, y no me importó, porque yo soy sus pies”.

    -¿Qué lecciones de vida le ha dado su hija?

    -“Que tengo que seguir adelante, y nunca rendirme, porque sus sueños son mis sueños”.


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