Resurrección verde en Isla de la Juventud

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ACN - Cuba
Ana Esther Zulueta I Foto de la autora
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22 Marzo 2026

Nueva Gerona, 22 mar (ACN) En Isla de la Juventud, un tiesto olvidado en el rincón de un patio se convirtió en el centro de una historia de resurrección que hoy la Agencia Cubana de Noticias comparte como ejemplo de resiliencia.

   Mara, una mujer septuagenaria de manos curtidas y mirada serena, encontró en aquella planta cubierta de polvo y hojas arrugadas la oportunidad de devolver vida donde parecía no haberla.

   Cuenta la anciana que cada mañana, mientras el canto de los sinsontes anunciaba el inicio del día, ella se inclinaba sobre el tiesto y le hablaba como si se tratara de una criatura con memoria. 

   Sus palabras, acompañadas de agua y cuidados, fueron el inicio de un proceso de recuperación que sorprendió a toda la familia.
   Primero apareció un verde más intenso en las hojas, luego un tímido brote que asomó como un suspiro de esperanza, cada avance era motivo de celebración con la misma emoción de quien recibe una carta inesperada. 

   El tiesto —antes abandonado en el patio ahora en la terraza de la casa comenzó a transformarse en un nicho de renacimiento, milagro que se consolidó con pequeñas flores, de un color verde claro, agrupadas como estrellas, que repletaron el aire con un aroma suave. 
   Para la familia, aquel gesto se transformó en un testimonio vivo de resiliencia y memoria, un recordatorio de que la vida puede volver a florecer incluso tras la ausencia del ser querido que alguna vez la cuidó.
   La protagonista de esta historia resultó ser la Pilea involucrata, conocida popularmente como “planta de la amistad”, originaria de Centroamérica, esta especie tropical prospera en ambientes húmedos y cálidos, y en Cuba se cultiva en patios sombreados y proyectos agroecológicos. 

   Su fama como símbolo de compañía y resistencia la convierten en un regalo habitual para sellar vínculos afectivos.
   Aunque no se conoce de mitos universales asociados a la especie, en comunidades caribeñas se le atribuye la capacidad de guardar la energía de sus cuidadores.

   Esta historia de Mara refuerza la creencia de que la vida, cuando se cuida con ternura, siempre encuentra la manera de florecer, incluso en los rincones olvidados.


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