La Habana, 31 mar (ACN) Casi cuatro meses después de una operación similar, atracó hoy un barco extranjero con crudo en uno de los puertos cubanos, lo que clasificó entre las principales noticias del día por el valor simbólico de la solidaridad y el desafío a un cerco imperial que castiga a un pueblo entero.
Cuando el emperador de los tiempos modernos dijo: ni una gota más de petróleo para Cuba y firmó una Orden Ejecutiva en enero para intentar legitimar lo ilegal de su voluntad, muchos optaron por no desafiarlo. Era noche más larga de la isla rebelde.
Cuba se resintió el apretón, pero no cedió a presiones ni chantajes. Buscó dentro opciones con su pesado crudo para sostener producciones energéticas mínimas y desde fuera los amigos ayudaron a acelerar el proyecto de cambio de matriz energética con fuentes renovables "imbloqueables", como el sol.
Pero sin combustible resulta imposible asegurar la vitalidad de un país. Lo saben amigos y adversarios. Es genocidio, así de duro. Miles de personas aguardan por una cirugía, a algunas se les va la vida esperando condiciones mínimas para ejecutar ese proceder médico. Más claro: esperando estabilidad en los suministros energéticos para solucionar su padecimiento.
En ese grupo de enfermos hay cientos de niños, para los cuales el apagón más grande es el diferir sus sueños de crecer, estudiar, jugar y sonreír sanos.
Los "matasueños" infantiles se matan a sí mismos con esa ideología del odio que no va a llegar muy lejos, porque las causas justas se defienden solas y siempre encuentran asideros en la humanidad, por muy oscuros que sean los tiempos.
Ahora llegó un barco de Rusia con 100 mil toneladas de crudo. Su travesía ha sido de las más mediáticas y cada milla náutica fue dejando una huella indeleble en el océano, como una autopista acuática de solidaridad, humanismo y compromiso con la vida, por donde quizás se desplacen otras embarcaciones con iguales motivaciones.
Los amigos rusos no se dejaron amedrentar y Cuba agradece su gesto soberano. Un pueblo entero se juntó en espíritu este martes donde se besan el mar y la tierra para aplaudir la apuesta por la vida de una embarcación cargada, más que de petróleo, de esperanza, de amor, de seguridad en que Cuba no está, ni estará, sola.
Y nos renueva la confianza en una idea martiana que ilumina las causas nobles y justas: "quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos.
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