La Habana, 27 oct (ACN) El Hospital Docente Ginecobstétrico Ramón González Coro validó desde su perfil en la red social Facebook los impactos negativos del bloqueo económico, comercial y financiero, y el cerco energético impuesto por Estados Unidos sobre la atención neonatal en Cuba.
En la sala de neonatología, la rutina se interrumpe cuando la electricidad desaparece. Bajo la penumbra, especialistas se levantan de inmediato para sostener la vida de los recién nacidos dependientes de incubadoras y sistemas de ventilación asistida.
Una lámpara recargable ilumina el espacio y un resucitador manual tipo Ambú sustituye el aire que los equipos dejaron de suministrar.
Cada movimiento acompasado de los médicos mantiene la respiración de los pequeños, mientras el tiempo se vuelve incertidumbre a la espera del fluido eléctrico.
El hospital señala que las limitaciones de piezas de repuesto y combustible, derivadas de las medidas coercitivas de Estados Unidos, afectan directamente el funcionamiento de los equipos y ponen en riesgo la evolución de los pacientes más frágiles.
La fragilidad de los primeros días se hace evidente: un ruido repentino o una variación de temperatura bastan para alterar el equilibrio de los recién nacidos, en especial de los prematuros.
La incubadora, diseñada para mantener un ambiente térmico controlado, depende de una energía que el bloqueo genocida volvió escasa.
Dicha institución valida que la política de sanciones imperialistas norteamericanas constituye un castigo colectivo que impacta en la salud pública y en la atención materno-infantil, considerada prioritaria por el sistema sanitario cubano.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
