Guantánamo, 11 feb (ACN) Las herramientas que sostienen Reidel Lambert y Yohan Pereyó los ayudan en las tareas de impacto que realizan en el círculo infantil Besitos de Miel, de esta ciudad, a partir de las ocho de la mañana, una respuesta tangible a los tiempos que corren.
Convocados por el politécnico industrial Diósmedes Córdoba, del Consejo Popular San Justo y donde cursan la carrera de Electricidad, tratan de reparar un fusible dañado en la institución y ajustar conductores flojos.

Expone Reidel que fue a revisar el sistema eléctrico, lo cual resulta más afín a su especialidad, precisar si presentaba alguna avería, y lo dice con su voz calmada y un brillo de responsabilidad satisfecha en sus ojos.
Mientras, destaca con una sonrisa que lograron arreglar el fusible de cartucho en la parte de la cocina, " le cambiamos un alambre de cobre y ya funciona", añade, satisfecho por resolver un problema real.
Enfatiza Raidel que eso lo pone contento, porque así, quienes trabajan en la cocina pueden usar otros equipos, agilizar la elaboración de los alimentos y la merienda de los niños, además de mantener el servicio a los tres salones que albergan a pequeños de segundo a cuarto año de vida.

Para Yohan Pereyó, de segundo año, esta tarea va más allá de la ayuda inmediata, "la experiencia fue buena, aparte de arreglar el fusible, aprendimos y esto nos ayudará a mejorar para cuando seamos trabajadores electricistas".
La formación de estos jóvenes se complementa con la práctica solidaria, mientras trabajan bajo la atenta guía de sus profesores que, con la muestra en las manos, orientan: "por aquí no" o "lo estás haciendo bien".
A pocos pasos el panorama es diferente, otros 10 muchachos descansan afuera, con machetes y herramientas de agricultura a su lado, no son de especialidades afines a esa rama, sino estudiantes de Explotación del Transporte y de Mantenimiento y reparación de los medios de transporte.
Entre ellos está Arísmides Meriño, de 16 años, quien confesó a la Agencia Cubana de Noticias que no sabía nada de agricultura y su sonrisa es de descubrimiento, no de queja, "aunque no tenga nada que ver con mi carrera, me ha servido y aportado conocimientos", dijo.
En un área disponible regaron, desyerbaron y ayudaron a sembrar boniato, yuca, tomate, espinaca, orégano y otros cultivos fundamentales para la alimentación de los pequeños.
"Vinimos a apoyar al círculo y a aportar al país con la situación que atravesamos", dice Arísmides, convencido de la importancia de su labor, "cada cual aporta su granito de arena, y así ayudamos en la soberanía alimentaria de los niños".
Así también lo destacó Carlos Ignacio Chibás Beso, otro estudiante de Transporte, mira los canteros que acaban de limpiar, "es una tarea linda -reflexiona- aprendimos sobre soberanía alimentaria y es importante porque ayuda a los jóvenes como nosotros a sembrar, cultivar, a hacer su buen pedacito de patio".
Al final sus palabras pueden ser distintas pero su fondo es el mismo: una respuesta sencilla a una necesidad urgente, aportar ese granito de arena, que sumado, hace la diferencia, y así se despidieron, recogieron las herramientas, mientras los trabajadores del círculo Besitos de Miel agradecen la estancia, el trabajo útil y la ayuda.
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