La Habana, 19 sep (ACN) En 1864 ocurrió un hecho notable para la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, no solo por la aprobación de sus nuevos estatutos, sino también porque en agosto comenzaron a publicarse de manera regular la revista científica "Anales de la Academia”.
De hecho, la institución asumió algunas funciones de los Consejos de Sanidad establecidos en la Península y con ello se independizaba más de la “Inspección de Estudios” para relacionarse con el Ministerio de Gobernación, por lo que incorporó sus previsiones que desaparecerían o cuyas atribuciones serían restringidas.
Su proyecto de 1864 se apoyó en el de la Real Academia de Medicina de Madrid, que prescribía atribuciones de la nueva, pero uno de sus integrantes, Jorge Leroy, estudió con sumo cuidado su iniciativa de los Anales, que comenzó con una moción presentada por Felipe Poey en la primera sesión ordinaria el 26 de mayo de 1861, que encomendaba al censor la publicación de un periódico “cuando lo permitieran los fondos disponibles”.
El presidente de la institución, el médico Nicolás José Gutiérrez Hernández, insistió el 5 de julio en que la comisión elaborara el programa correspondiente, pero no prosperó la idea y surgió un nuevo grupo que tampoco tuvo éxito por no contar con los recursos monetarios suficientes.
Meses más tarde, la Academia estuvo de acuerdo, aunque por votación dividida, con la proposición del secretario Zambrana y del supernumerario Fernando Valdés Aguirre, de sufragar los gastos de la publicación, siempre y cuando los académicos contribuyeran con el abono de una pequeña cuota.
La cuestión resurgió el 17 de octubre de 1863 con la creación de otra junta, que definió su contenido y logró imprimir un cuadernillo, pero no pasó de la primera entrega, y el 10 de julio de 1864 volvió a ser objeto de debate.
Por fin, el 14 de ese mismo mes, apareció el primer número de 40 páginas y una tabla plegada de observaciones meteorológicas e incluyó la primera parte de un importante trabajo paleontológico de Manuel Fernández de Castro, y observaciones de Carlos J. Finlay, quien no era miembro de la Academia, sobre el bocio exoftálmico.
Además, se publicó una nota sobre autopsia, de Federico Gálvez; la reseña de un trabajo sobre fiebre amarilla en Veracruz, presentado en la Academia de Medicina de París; y una nota bibliográfica sobre un tratado de las enfermedades venéreas.
Bajo la dirección durante 23 años de Antonio Mestre, se convirtió en la revista científica general más importante que tuvo Cuba en el siglo XIX y llegó a tener suscriptores en Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Austria, Rusia y Estados Unidos.
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