A sus 42 años, con dos hijas, un trabajo y una vida que, a simple vista, parece la de cualquier madre y esposa cubana, Yolennis Sánchez es una de las corredoras populares más queridas de La Habana.
No busca medallas ni el reconocimiento de un equipo nacional, pero casi siempre termina en el podio de las carreras populares. En cada kilómetro construye un legado: el de una mujer que corre no solo para sí misma, sino también para quienes la siguen con admiración.
“El running te atrapa sin darte cuenta”, dice Yolennis, como quien habla de un amor a primera vista. La pasión llegó sin aviso y, como afirma, “cuando te das cuenta, ya es tarde para alejarte”.
Todo comenzó hace más de siete años en el Malecón, junto a su vecina Brenda. En aquellos días, las caminatas apenas superaban los dos kilómetros. Luego fueron cuatro, cinco… hasta que entendieron que ya no había marcha atrás.
En un país donde el atletismo popular se mezcla con la vida cotidiana, ella encontró en la carrera un escape y una manera de darle ritmo a su existencia.
“Lo que más me gusta es saber que mi esfuerzo tiene un propósito, que cada paso refleja lo que siento por este deporte”, asegura. No solo se propone metas: las alcanza con creciente determinación.
El Maratón de La Habana (Marabana) fue un sueño cumplido. Su primera participación a la distancia de 42 kilómetros y 195 metros la completó con una sonrisa, celebrando cada paso. “Para mí fue algo grande. No tenía presión por el tiempo; lo importante era llegar, y lo logré. Sentí que todo el esfuerzo valió la pena”.
Aquella experiencia marcó un antes y un después.
Pero el camino no ha sido fácil. Como todo corredor, ha enfrentado el cansancio, pero jamás el desánimo, una palabra que asegura que no está en su vocabulario. “El cansancio es solo un obstáculo mental”, afirma. Para la entrevistada, las pruebas más duras no son físicas, sino psicológicas.
Recuerda una noche de fiesta, entre cervezas y mojitos, con el entrenamiento del día siguiente en mente. “Me pregunté si me quedaba durmiendo o me levantaba. Y me levanté. Ser fuerte no resulta solo entrenar, es seguir cuando no tienes fuerzas”, dice.
La constancia es su mayor virtud. Lleva más de dos años corriendo a diario, sin faltar un solo día. “¿El clima? ¿Un ciclón? No importa. Espero el momento de la calma y salgo. El Malecón es mi escenario, y mi grupo de Telegram, mi apoyo”, comenta.
Para Yolennis, correr deviene celebración constante: de la vida, la familia y los amigos. “Mis hijas y mi esposo son mi equipo. Ellos organizan mi existencia, me apoyan y celebran mis logros”, afirma con orgullo.
Cada carrera implica sacrificio. “Cuando tienes pasión, todo se vuelve parte de la rutina: levantarte a las 5, correr 21 kilómetros y luego ir a trabajar”, comenta entre risas.
Uno de sus mayores retos fue el llamado “calendario”: correr cada día un kilómetro más que el anterior durante un mes. Un desafío enorme. “No sabía si lo lograría, pero decidí hacerlo a mi manera. Lo llamé ‘Calendario al estilo Yole’, porque no se trata de empatar, sino de superarse”. Cada jornada fue una victoria.
Ese reto tuvo gran significado para ella. Fue en un momento especialmente difícil, cuando perdió a su tía Caridad, una figura muy querida en su vida.
“Ella falleció el 26 de enero, y cumplía años el 28 de febrero. A partir de esa jornada, le empecé a dedicar mi reto. Ese calendario quedará marcado como algo muy especial, como un tributo a su memoria”, cuenta con emoción.
La dedicatoria a su tía no fue la única motivación. Yolennis recuerda que, durante ese período, empezó a sentirse más fuerte que nunca. “Después de ese calendario, ya le he perdido el miedo a todo”, reflexiona.
“Disfruto cada amanecer, y correr me permite vivir ese momento”, reflexiona. “Cruzar la meta es un acto de fe: saber que todo valió la pena, aunque no sea el tiempo esperado. Lo importante es lograrlo y seguir”.
Su mensaje resulta claro: “No importa cuán grande sea el reto. Si confías en ti, con disciplina y dedicación, lo lograrás”.
Así es Yolennis Sánchez: una corredora que no solo persigue podios, sino metas nacidas en el corazón. Y cada vez que cruza la línea final, celebra no solo su esfuerzo, sino el de todos los que, como ella, siguen corriendo sin rendirse contra sus propios límites.
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