Trabajadores de la Inpud: innovación y resistencia en Villa Clara

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León
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14 Mayo 2026

   En la Industria Nacional Productora de Utensilios Domésticos (Inpud) Primero de Mayo, de Villa Clara, el tiempo se mide no en años, sino en historias.

   Allí, entre máquinas checas que aún rugen y un sentido de pertenencia que trasciende generaciones, un puñado de hombres y mujeres consagrados mantiene viva la única fábrica de utensilios domésticos del país, y enfrenta las carencias impuestas por el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos con una fórmula simple, pero inquebrantable: amor a la empresa, innovación constante y unidad obrera.

   Gilberto Caballero Rodríguez, dependiente del almacén de la tienda de ventas, es uno de esos veteranos que todavía recuerda cómo empezó todo. Llegó a Inpud con 16 años para hacer sus prácticas de carpintería.

   Cincuenta y tres años después —los 50 que lleva trabajando en la entidad— su mirada sigue brillando cuando habla de su segunda casa.

   “Mi papá trabajó aquí, mi mamá también, mi hermana, mis hijas… una de ellas sigue aquí; es un amor de familia. Si no le tienes amor a tu empresa, nunca vas a ser nadie en esta vida”, declaró a la Agencia Cubana de Noticias.

   Su trayectoria ha sido una travesía por varios oficios: carpintero, plantillero de fundición, pintor especializado en pintura en polvo, dependiente de almacén y estibador.

   “Lo mismo estoy en el almacén que un día también estoy chapeando; ahora formo parte de una brigada limpiando las áreas y al mismo tiempo despachando en la tienda, porque hace falta y se hace; eso es el amor, hay que tener amor a la empresa”, afirmó Caballero, quien, pese a las ofertas recibidas, jamás ha querido salir de la fábrica: “Me quedo en mi empresa y me muero aquí”.

   María Esperanza Chaviano Rodríguez, dibujante técnica de profesión, llegó a la empresa en 1981, cuando solo tenía 18 o 19 años.

   Hace 44 años que forma parte de esta familia; comenzó tras ser seleccionada entre los seis mejores estudiantes de un curso de dibujo técnico y desde entonces ha visto crecer la fábrica.

   “Inpud resulta parte de mi familia; tantos años trabajando, tantos compañeros, que todos somos uno”, expresó.

   Actualmente, Chaviano es la presidenta de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) de Inpud y de la mipyme estatal asociada, escindida del taller de moldes y troqueles.

   “Gracias a los innovadores que día a día están en la marcha del trabajo, nuestras máquinas —que son checas y muy viejas— nunca paran. Ellos siempre están innovando, arreglando, cambiando un tornillo; si no fuera así, la empresa ya no estaría funcionando”, subrayó.

   Por su invaluable aporte, recibió la Medalla Jesús Menéndez y la réplica del carnet de innovador del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, esta última en el año de su centenario.

   El movimiento sindical también deviene pilar de esta historia. Juan Manuel Márquez Jorge, secretario del buró sindical, ha dedicado prácticamente toda su vida al movimiento obrero.

   Aseguró que el sector industrial constituye “un sector muy obrero y muy humilde”, donde la gente trabaja no por el salario, sino por el sentido de pertenencia.

   “Un ejemplo: ayer nuestros trabajadores fueron masivamente al hospital provincial a participar en la limpieza, y así lo hacen todos los meses”, contó.

   Márquez detalló que tienen un movimiento emulativo interno llamado “Tren de la Victoria”, en el cual las diferentes Unidades Empresariales de Base (UEB) y secciones sindicales apoyan instituciones de la comunidad: Sistemas de Atención a la Familia (SAF), escuelas especiales y círculos infantiles.

   “Atendemos dos SAF: el de Abaya Santa María y el del 12 Plantas, les llevamos no solo apoyo material, sino también amor. Hace poco apadrinamos una escuela especial cercana; los niños vinieron a la empresa a agradecernos”, relató.

   Una de las fortalezas más significativas de la entidad es su vínculo con los jubilados; de los 450 que llegó a tener la fábrica, hoy se mantienen activos unos 200, y su entusiasmo es incluso superior al de los trabajadores en activo.

   “En el desfile del primero de mayo hubo más de 50 o 60 jubilados; se reúnen todos los segundos jueves de cada mes, tienen sus propios activistas y realizan desde donaciones de medicamentos hasta cumpleaños colectivos”, explicó Márquez, quien también es beneficiario de estímulos sindicales.

   Nilka García Cuella, especialista de salario y secretaria del Comité del Partido, se sumó al colectivo en 1986, con 18 años, en los talleres de esmalte —el de mayor calor, sacrificio y producción de cocinas—.

   Hoy, después de 40 años, sus raíces son profundas: “Mi papá es fundador de esta empresa; en mi casa lo que se hablaba era Inpud; para mí esto es lo más grande que hay. Jamás he pensado en jubilarme, porque esto es mi vida. Aquí hice mi familia, me casé, tuve a mis hijas”, confesó.

   García Cuella destacó que la empresa busca constantemente alternativas para no detenerse.

   “En el Período Especial, cuando nos dijeron que cerrábamos o hacíamos bicicletas, las hicimos; esos famosos «plátanos burros» anduvieron por toda Cuba; hoy, aunque no tenemos nuestras producciones tradicionales, nos encadenamos con el sector no estatal; trabajamos con Materia Prima, Plástica, Gomate y otros; producimos juntas para refrigeradores (un encargo del ministro de Energía y Minas para el programa de ahorro energético), cajitas eléctricas y envases plásticos. Nunca paramos, porque estamos haciéndole honor al Che, quien nos fundó”, comentó.

   La Inpud Primero de Mayo fue visitada en dos ocasiones por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien reconoció su importancia estratégica para el país.

   Es la única fábrica de utensilios domésticos de Cuba y su producción, aunque hoy reducida por las carencias de materias primas provocadas por el bloqueo, se mantiene viva gracias al ingenio, el encadenamiento productivo y la resistencia de sus trabajadores.

   Durante los últimos años, la entidad ha logrado resultados económicos eficientes mediante el trabajo a destajo y la comercialización minorista y mayorista, lo cual demuestra que la industria nacional, cuando se asume con amor, puede seguir aportando a la economía nacional. (Y. Crecencio Galañena León, ACN)


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