
En las entrañas de la Ciénaga de Zapata, vasto paraje natural en el occidente de Cuba, casi nadie lo conoce como Roberto Ramos Targarona, pero sí todos identifican a Toby, el “Cocodrilero”, un hombre de ciencia que conoce los secretos del cocodrilo cubano, especie exclusiva de la Isla antillana.
De curtidos cazadores cenagueros supo aprender las mañas para adentrarse en los acuáticos dominios de los saurios, amos del mayor humedal del Caribe insular, desde mucho antes de que los seres humanos recorrieran la zona con 738 mil 482 hectáreas de extensión.
Biólogo y, por ende, conservacionista, Roberto ya vive sus 65 años de edad luego de dedicar más de cuatro décadas a estudiar la especie Crocodylus rhombifer, a la que considera verdadero motivo de orgullo nacional, tan vulnerable a la acción humana como adaptable a los cambios del entorno.
Ramos Targarona, habanero de nacimiento, llegó en 1974 por vez primera a la Ciénaga de Zapata, al sur de la provincia de Matanzas, en busca de conocimiento y aventuras que podría proporcionar esa región semisalvaje, atractiva por igual para científicos, curiosos y turistas.
Toby, así llamado por guajiros, carboneros, pescadores, guardabosques y cuanto poblador típico recorre los senderos del humedal, confiesa que la fascinación por el gran reptil se relaciona con sus características singulares, sin las cuales no habría sobrevivido los últimos 60 millones de años.
Verlos alimentarse es todo un espectáculo, y también su juego amoroso, además de resultar sorprendente que entre esos animales con una mordida tan poderosa, las hembras sean capaces de trasladar a sus crías en la boca, con mucha delicadeza, asegura el Doctor en Ciencias.
Mientras admira el florecimiento de la región agreste que fuera hace ya 55 años célebre escenario de la victoria cubana en las arenas de Playa Girón, donde hoy se multiplican restaurantes privados y hostales, Roberto no deja de preguntarse qué futuro le aguarda al otrora rey del pantano.
Aunque la Ley protege al Crocodylus rhombifer, crece la demanda de su carne y la persecución por parte de los cazadores furtivos, por eso es vital procurarles a los cenagueros otros medios de vida, para que no se conviertan en depredadores, valora Toby.
En el otoño de su vida, Ramos Targarona se mantiene activo como siempre, y desde el célebre Criadero de Cocodrilos forma parte de un proyecto que ya logró reintroducir al medio natural a un centenar de ejemplares, amparado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).
Roberto solo lamenta la falta de logística, que imposibilita aventurarse en los canales y lagunas para estudiar a fondo a los saurios endémicos de la mayor de Las Antillas, los cuales solo habitan hoy en el más extenso y bello de sus humedales, preservado como Área Protegida de Recursos Manejados.
Mientras la caza ilegal, los efectos del cambio climático y el necesario auge económico tornan menos luminoso el futuro de sus preciados animales, Toby confía en la capacidad de los depredadores para sobrevivir, siempre con la ayuda de los humanos.
Por ahora el Cocodrilero se muestra optimista ante el porvenir de los saurios, en su opinión, criaturas inteligentes y enigmáticas, a las que nunca se llega a comprender del todo, y de las cuales mucho queda por descubrir.
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