Sindo Garay, el trovador que le dio la mano a Martí y a Fidel

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ACN - Cuba
Osvaldo Rojas Garay
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12 Abril 2026

  Este domingo 12 de abril se cumplen 159 años del nacimiento de Antonio Gumersindo Garay García o simplemente Sindo Garay –como se le conoció-, considerado por muchos como el más alto exponente entre los cultores de la canción trovadoresca en el país, que también tuvo otras figuras sobresalientes como Alberto Villalón, Rosendo Ruiz, Patricio Ballagas y el caibarienense Manuel Corona.

   Asombra que, pese a no poseer formación académica, ni tampoco tener las más elementales nociones técnicas formales de la música, el santiaguero legó al pentagrama cubano alrededor de 600 obras.

    Muchas de sus piezas antológicas fueron incluidas en el repertorio de importantes intérpretes, entre las cuales recordamos Mujer bayamesa, La tarde, Perla Marina, Ojos de sirena, Adiós a La Habana, Clave a Maceo, La baracoesa, El huracán y la palma, Guarina y Retorna.

   Vivir 101 años, pues falleció el 17 de julio de 1968, le dio la posibilidad a Sindo de conocer a figuras del mundo artístico y de la historia entre ellas Flor Crombet, Guillermón Moncada, Julio Antonio Mella, Brindis de Salas, Enrico Caruso y Agustín Lara.

   Pero entre las prominentes personalidades que conoció el Gran Faraón de Cuba –asi lo bautizó Federico García Lorca-- gozó de un privilegio que pocos compatriotas suyos, si es que hubo otro más, pudieron tener: estrechar la mano de José Martí y Fidel Castro.

   De esto da fe su biógrafa Carmela de León en el libro Sindo Garay: Memorias de un trovador, publicado por la Editorial Oriente (2002). En su obra narra que estando como emigrado en República Dominicana, Sindo se fue a Dajabón.

   En ese lugar donde la idiosincrasia de sus pobladores era parecida a la de los cubanos, alguien que hacía poco había conocido lo llevó a casa de una mujer llamada Lola.

    Se desempeñó como talabartero y unos lecheros le vendieron una guitarra de pésima calidad. Un día la mencionada señora le dijo algo que nunca olvidó: “Esta tarde viene Martí con un grupo de cubanos a reunirse aquí”.

    Relata Carmela de León en voz de Sindo en su imprescindible obra, que primero aparecieron unos cuantos de los que iban a reunirse con él y al filo de las 5 de la tarde, llegó el Maestro, acompañado de varios hombres que lucían cansados, muchos de ellos veteranos de la Guerra del 68.

    Después de hablarles a los presentes, Sindo se acercó al Apóstol y le dio la mano. Tiempo después, al recordar aquel encuentro el gran trovador y compositor expresó:

    “¡Sí señor! Yo estreché la mano de José Martí en Dajabón en el año 1895. Tuve la gloria de verlo de cerca, de llenarme de la luz de su palabra aquel día que no he olvidado jamás”.

   Según afirmó Sindo, nuestro Héroe Nacional: “Tenía una voz fuerte, gruesa, como de barítono, muy penetrante. Hablaba despacio, pausadamente, como si pensara muy bien lo que iba a decir antes de hablar”.

   Tras la caída de El Maestro en Dos Ríos, Sindo escribió Semblanza de Martí que en una de sus partes dice:

Conocí a un hombre que tenía

por su aspecto de santo

el alma de Cristo,

unos ojos soñadores

El hablar único, exclusivo.

¡Cubano magistral!

   La vida le reservaría otro momento trascendental. Faltaba poco para que festejara sus 94 años cuando se enteró que Fidel iba a dar una charla sobre educación y cultura en la Universidad Popular y le pidió a su hijo Hatuey que lo llevara a ver al líder histórico de la Revolución Cubana.

   Relata en su libro Carmela de León que, al verlo, el Comandante en Jefe se le acercó sonriente para saludarlo. Entonces Sindo se dijo: “Hasta Fidel me admira. ¡Sí señor! ¿Por qué iba a acercarse a mí como lo hizo? Me abrazó muy afectuoso y me sentí más pequeño de lo que soy cuando sus brazos me rodearon”.

   Después el insigne trovador le pidió que le diera tres minutos para decirle algo y el Comandante en Jefe le respondió que todo el tiempo que quisiera.


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