Cuando a muchos la vida sólo les ha dado una oportunidad o ninguna, Jorge Vázquez Leyva asegura que ya perdió la cuenta de las veces que le ha visto la cara a la muerte.
A sus 30 años, cuenta una historia que impacta, y deja ver cuán importante ha sido aprender a vivir con las cicatrices físicas y mentales provocadas por el consumo de drogas.
Para quien hace más de un año escapó milagrosamente de la existencia que llevaba, resumir en una entrevista 15 años de experiencia bajo el dominio de ciertas sustancias, resulta una forma de agradecer a quienes lo sacaron de ese mundo, y prevenir, a su vez, a aquellos que aún carecen de noción del peligro.

“La enfermedad de la adicción en mí, empezó a manifestarse desde muy niño, a pesar de que no consumía sustancias, sí tenía conductas obsesivas y compulsivas por todo lo que me llamara la atención, ya fueran videojuegos, película o cualquier actividad que me generara placer".
A los 14 años, contó, sin apenas tener definida mi personalidad probé una primera dosis, sencillamente para encajar socialmente con un grupo de jóvenes.
Lo que parecía una solución a sus problemas, se convirtió en una eterna pesadilla, que le arrebató varios años de su vida.
En declaraciones exclusivas a la Agencia Cubana de Noticias, expresó, que lo más difícil de todo, fue ver cómo se iba desmoronando poco a poco y perdiendo lo más valioso: la familia.
"Hacía lo que fuera necesario para consumir. Hay muchas cosas de las cuales no quisiera acordarme como por ejemplo vender todo lo de mi casa, dejando solamente una cama para dormir y lo peor, ver a mi mamá suplicar que parara, y aun así no poder controlarme.
“A pesar de todo, ella fue más fuerte que yo, al no abandonarme ni perder la esperanza de recuperar a su hijo”.
Jorge no perdió a su familia, pero sí a muchos amigos, parejas y lo más importante "a sí mismo".
“Yo fui ese adicto que lo perdió todo y se fue quedando solo hasta el punto de querer quitarme la vida".

Para su fortuna, Jorge se libró no sólo de esos pensamientos, sino también de los hechos que intentaron arrebatarle la existencia, como el día que paró en un quirófano por una puñalada recibida en el corazón.
“La cirugía a corazón abierto, marcó pauta en mi historia, todo a consecuencia del mundo y los individuos que me rodeaban en ese entonces.
“Un amigo de consumo, que estaba atravesando por una esquizofrenia paranoide me apuñaló en el pecho e hizo una herida de medio centímetro en mi corazón.
“Debido a esto fui intervenido de urgencia en el Hospital Docente Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán, conocido popularmente como Clínico de 26, donde me dieron dos puntos de sutura en la zona de la incisión y desperté a la jornada siguiente confundido sin entender nada de lo que había sucedido".

Esa imagen mía entubado, vendado y con dos mangueras que me salían del pecho, resulta algo que jamás olvidaré, aseguró.
“Cuando me recuperaba en terapia intensiva, el séptimo día sufrí un tromboembolismo pulmonar y estuve 10 minutos en parada hasta que lograron reanimarme. Después tenía una hemiplejia parcial en el lado izquierdo del cuerpo, que desapareció a las horas, luego que me inyectaran el medicamento anticoagulante; pero estuve 72 horas en un coma inducido hasta que decidieron despertarme y retirarme el respirador artificial".
Casi un mes fue suficiente para saber si Jorge continuaría con vida después de todos los procedimientos a los que estuvo sometido, pero afortunadamente todavía le quedaba mucho por vivir y contar.
Lo que hubiese servido de escarmiento para otros, a él esta experiencia traumática no lo hizo recapacitar, al contrario, continúo consumiendo con más fuerzas.

“En lugar de darme cuenta de la nueva oportunidad que tocaba a las puertas a mis 26 años, decidí entonces vivir al máximo y enajenarme de la realidad, llegando a un punto en el que no me sentía bien ni con drogas ni sin ellas. Mi cotidianidad se volvió un circuito cerrado en el que consumía para vivir y vivía para consumir".
Por más que lo intentaba, no lograba detener la obsesión y compulsión que sentía; sin embargo, justo a tiempo reconoció que tenía un problema y comenzó a buscar ayuda profesional.
“Luché durante varios años por detenerme, pero no veía avances. Seguía consumiendo cada vez más e incorporando sustancias diferentes, hasta el punto en el que ya era demasiado y empecé a padecer un brote psicótico inducido por las drogas, oía voces, veía drogas por todos lados, en fin...
“Fue ahí donde decidí pedir ayuda de verdad y mis padres me llevaron al Hospital Psiquiátrico de La Habana Comandante Doctor Eduardo Bernabé Ordaz Ducungé.
“Por mi estado de gravedad tuve que ser internado en la unidad de intervención en crisis, donde terminé amarrado a una cama y con tratamiento durante 10 días, que me dieron fuerzas para quedar limpio de una vez y por todas".
La sensación que recorrió su cuerpo en aquel momento, lo hizo recapacitar y finalmente darse la oportunidad de volver a convivir con normalidad y aprovechar la vida al máximo.
En este centro encontró una nueva familia y amigos con un vínculo común: el deseo de abandonar las drogas, por el bien propio, y de sus seres queridos.
“Bienvenido a puerto seguro", fue la frase con que me recibieron en este lugar, que marcó un antes y un después para mí, gracias a la atención del doctor Yali López Guido y su maravilloso equipo de trabajo, que día tras día luchan por salvar a muchos, resaltó Jorge.

“Ahí me enseñaron todo lo relacionado con mi enfermedad y todas las herramientas necesarias para contrarrestar sus efectos; por primera vez entendí que el problema era yo, cómo pensaba, sentía y actuaba, pues la droga era una supuesta escapatoria que había encontrado.
“Descubrí, también, cómo identificar y trabajar con mis defectos, lidiar con mi carácter, recuperar y mantener mis principios espirituales, disciplina, compromiso y respeto, entre muchos otros valores".
Lo que parecía una misión imposible, se convirtió en un milagro, del cual hoy está claro este joven deseoso por recuperar el tiempo ido.
El entrevistado hoy es un adicto en recuperación con más de un año limpio de todo tipo de sustancias, reinsertado a nivel social; alguien cuya mayor pasión apunta a ayudar a los adictos y familiares que están sufriendo, a causa de la enfermedad de la adicción.
“Un hombre que recuperó las ganas de vivir y todos aquellos sueños que las drogas le habían arrebatado, alguien que descubrió un mundo nuevo más allá del consumo; y que cada día sigue aplicando y compartiendo todas las enseñanzas que lo salvaron".
Está más que seguro que regresar al pasado no es algo que se planteé, pero si lo hiciera sería para corregir cada uno de los errores que lo alejaron de su familia, trabajo, relación amorosa y amistades.
Asimismo, confesó, que más que una sombra, sus vivencias lo convirtieron en la persona que es hoy.
Él constituye la prueba de que sí se puede recuperar el tiempo perdido y el amor de todas las personas que se mantuvieron a su lado en cada momento y no perdieron la fe de verlo bien, lleno de vida y con muchas ganas de cumplir esas metas, que años atrás resultaban imposibles.
“Perdí mucho en el pasado, pero ahora tengo el doble, porque tengo paz, veo la magia en los pequeños detalles de la vida, priorizo mi salud mental y velo por el bienestar de mi familia, la cual está feliz y orgullosa de mi cambio".
Quien se sentía como un problema, actualmente constituye una solución.
“Antes conmigo no se podía contar para nada y es increíble cómo ahora soy un miembro importante del núcleo familiar. Mi mamá cuenta y consulta todo conmigo, mi papá me pide consejos en cuanto a sus negocios, mi tío, mis primos, todos en general; y eso es algo que se siente muy bien".
A su mundo interior y exterior ya no entra cualquiera, Jorge prefiere ser selectivo a la hora de estrechar lazos, pues disfruta leer, trabajar y rodearse de aquellos que le aporten buenas enseñanzas.
“Aún estoy trabajando mucho en mi humildad porque siempre he sido una persona egocéntrica y quiero librarme de todo aquello que me reste y continuar siendo esa persona que ayuda e impulsa a otros por el buen camino".

En estos momentos se encuentra estudiando gastronomía en el Proyecto de Desarrollo Local La Moneda Cubana, iniciativa que, desde su creación en abril de 2011, ha logrado transformar la vida de miles de jóvenes como Técnicos Universitarios en Cocina y Gastronomía, al brindarles una profesión y una oportunidad de reinserción social y crecimiento personal.
“Aquí asisto los sábados, pero, además, soy parte de un proyecto de desarrollo social llamado Joven en acción social, que está integrado por adictos en recuperación con el fin de fomentar valores humanos y ayudar a la sociedad y a los sectores más desfavorecidos.
Con estas iniciativas hemos llegado hasta los hogares de ancianos, así como a niñas, niños y adolescentes sin amparo familiar, para hacer donaciones e higienizar las instalaciones: pintamos parques, escuelas, etcétera.
De igual forma trabajo por cuenta propia en un negocio familiar y asisto a todo tipo de actividades sobre la adicción, dígase terapias de grupo, barrio debates e intervenciones en centros educacionales, con el fin de contar mi historia y generar conciencia a través de un mensaje de fé, fortaleza y esperanza".
Lo más importante, es que este joven ha logrado llegar al corazón de muchos, para demostrar cuán importante resulta "no caer en la adicción" y buscar ayuda profesional a tiempo.
Según Jorge "Resiliencia" deviene la palabra que usaría para describir su proceso y la capacidad de sobreponerse y fortalecerse ante la adversidad.
Quien es protagonista de una historia sin igual, tiene aún muchas cosas por contar, pero esta vez como adicto a la vida y no a sustancias contra las que tenga que luchar.
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