Recoge la historia que tras la dispersión de los expedicionarios del yate Granma, en Alegría de Pío, Fidel Castro junto a otros combatientes se refugiaron en un campo de caña rodeados de soldados prestos a quemar la plantación y antes de caer rendido por el sueño y con el fusil cargado hablaba de los planes que tenía para llevar adelante la lucha y conseguir la victoria.
Así, a fuerza de realidades y actitudes como estas a lo largo de más de 70 años de su consagración a la Revolución, se tejió la leyenda del líder revolucionario al que es difícil concebir en el espacio de una sola existencia humana, tantas fueron las hazañas históricas que protagonizó, las cuales resultaron imposibles de alcanzar para las generaciones que lo antecedieron.

Hace 100 años, el 13 de agosto de 1926 nació Fidel Castro en Birán, en cuna de linaje y con la posibilidad de una desacostumbrada libertad para los de su condición, la de buscar los primeros amigos con los que compartir sus aventuras entre los habitantes de antiguos barracones de esclavos donde recibió las primeras lecciones sobre la pobreza y la injusticia de su época, mientras crecía, formaba su carácter y probaba sus fuerzas en los agrestes retos de la naturaleza del lugar.
No tuvo Fidel especiales preceptores, aunque no escapó del presagio exacto del sacerdote jesuita español Armando Llorente, profesor del Colegio de Belén, en La Habana, en el cual finalizó su segunda enseñanza, quien lo consideró su mejor alumno y escribió en su valoración al final de curso: “Siempre vi en Fidel Castro madera de héroe y estaba convencido de que la historia de su patria algún día tendría que hablar de él.”

Desde su entrada a la Universidad de La Habana y a las luchas estudiantiles por una verdadera república libre de las lacras de la colonia como la soñó José Martí, del cual estudió su obra, también conoció sobre las ideas del marxismo leninismo, y lo demás lo hizo su vocación que lo llevó a participar en sus primeras acciones revolucionarias.
En 1948, asistió a un evento estudiantil en Bogotá, Colombia, y las circunstancias lo condujeron al centro de una violenta revolución espontánea en la que literalmente estalló la ciudad ante el asesinato del líder progresista Eliécer Gaitán el 9 de abril y en vez de buscar la seguridad, se sumó al pueblo y con el fusil al brazo trató de organizar el combate al frente de unos pocos sublevados; un año antes en 1947 se enroló en una expedición malograda para liberar a Santo Domingo de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
El golpe del 10 de marzo de 1952, por Fulgencio Batista con la aceptación de EE.UU., acabó con las formas democráticas burguesas ante la cobardía de los partidos tradicionales que se acomodaron al recién instalado régimen, en tanto los sectores de la izquierda abrumados por las circunstancias fueron incapaces de conducir la lucha de las masas populares.
Para entonces comprendió que la acción armada era la única solución y contra perjuicios y dogmas que aconsejaban la resignación y la espera, emergió como un líder diferente al frente de un destacamento de vanguardia de la Generación del Centenario del nacimiento de José Martí con la que realizó el 26 de julio de 1953 los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.
Nadie mejor preparado que Fidel para enfrentar la pérdida de más de 50 compañeros asesinados por la soldadesca cumpliendo órdenes del tirano, quien repartió grados y privilegios a cambio de crímenes. Pero nada lo amedrentó y ante sus captores denunció aquella matanza y expuso su plan de Revolución en su autodefensa conocida como La Historia Me Absolverá.

Después vendrían la prisión fecunda junto a otros combatientes, la liberación por presión popular, el exilio en México, la preparación y el desembarco del yate Granma el 2 de diciembre de 1956; y otro fracaso, la dispersión de los combatientes en Alegría de Pío, y el reencuentro de solo 12 sobrevivientes, días después, en Cinco Palmas.
En aquel momento aseguró que llegaría la victoria con los 12 fusiles que juntaron los sobrevivientes y ratificó aquellos planes, casi de locura que compartió con sus compañeros en esa difícil noche en un apartado cañaveral y que se hicieron realidad poco más de dos años después de duros combates, reveses y las victorias definitivas que hicieron posible el primero de enero de 1959.
Pero en la alegría del triunfo advirtió que todo en lo adelante sería más difícil y otra vez acertó y durante más de 50 años tuvo que dirigir un pueblo contra todas las modalidades de agresiones militares, terrorismo, planes de asesinatos, bloqueo, campañas mediáticas que no impidieron la consolidación de la Revolución cubana y del socialismo en el traspatio de EE.UU. para cambiar para siempre la historia de América Latina y de los países oprimidos del orbe que recibieron siempre la ayuda solidaria e incondicional cubana.
Fidel se rigió toda su vida por la máxima martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” y como deseo postrero pidió que su culto no se concretara en monumentos, ni su nombre honrara obra alguna.
Pero este 13 de agosto no faltarán flores para honrar su memoria y su legado de Comandante invicto, perdurará como recordación eterna mientras quede un solo revolucionario que inspirado en sus ideas sueñe y luche por un mundo mejor, el único homenaje que de seguro hubiera aceptado.
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