La amistad, una musa en la orfebrería cubana

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ACN - Cuba
Alejandro Torres Ramos y Fabián Betancourt
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29 Junio 2026

  La entrañable amistad con el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1999) marcó un antes y un después en la obra del maestro orfebre Osvaldo Castilla, quien desde 1979 revolucionó el universo del engarce y el diseño en la Isla, consolidándose como un referente imprescindible junto a José Carlos "Pepe" Rafart (1946-2009).

   Su obra, de marcado carácter innovador desde sus primeras exposiciones en la Casa de Cultura del Vedado y la Galería de La Habana, trascendió las páginas de periódicos y revistas para inscribirse en la historia del arte cubano.

   Hoy, Castilla rememora sus inicios, la entrañable amistad que lo unió a Guayasamín. 

—¿Cómo surge el vínculo con el creador de La Capilla del Hombre?

   "A inicios de la década de 1980, durante una feria de artesanía en La Habana, mis joyas elaboradas con piedras precolombinas de diversos colores cautivaron la atención de Verenice Guayasamín, hija del pintor. 

   “De inmediato entablamos un diálogo ameno, yo llevaba en el bolsillo un recorte de la revista "Ego", donde el maestro ecuatoriano elogiaba mi trabajo y expresaba su deseo de conocerme personalmente. 

   "Fue entonces cuando Verenice me informó que su padre estaría en el Palacio de Convenciones, en la presentación del libro Fidel y la religión, del escritor brasileño Frei Beto.

—Cuentan que aquel encuentro no fue sencillo.

   "Ese día llovía a cántaros y, gracias a la ayuda de un amigo que me trasladó en su carro, logré llegar al evento; sin embargo, la multitud era inmensa y parecía imposible aproximarme.

   "Ya casi arrepentido, cuando me dirigía a la salida, encontré a una persona que, al escuchar mi preocupación, me condujo hasta el Pintor de Iberoamérica. 

   "Al verme, exclamó con su característico humor: "¡Compadre, pero qué difícil es verlo a usted!".

—Esa anécdota fue el germen de una gran amistad.

   "Así es. Ese momento en el Palacio de Convenciones marcó el inicio de una relación de admiración y respeto mutuo, que solo se truncó con su fallecimiento en marzo de 1999, luego viajé a Ecuador y realicé varias exposiciones en la Fundación Guayasamín, en Quito, con un rotundo éxito.

—¿Qué recuerdos atesora de esos años compartidos?

   "Guardo una nostalgia profunda y una admiración eterna, compartimos innumerables almuerzos y comidas; y tuve el privilegio que pocos alcanzaron, de recorrer mi propio taller en su presencia. 

   "Lo describo como un poeta, por su manera de expresarse y dialogar sobre la vida, era profundamente filosófico, pero sin artificios: directo, contundente. 

   "De su obra, me influyó el color y la combinación de tonalidades naturales, como la tierra, a pesar de las diferencias climáticas entre Cuba y Ecuador.

   Castilla terminó el diálogo manteniendo el compromiso de materializar un proyecto conjunto en el próximo año con la Casa Museo que lleva el nombre del excelso creador, del cual podrá ofrecer detalles muy pronto.


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