Hermanas Giralt, ultimadas por sicarios de la tiranía batistiana

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Jorge Wejebe Cobo
970
13 Junio 2017

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Las jóvenes hermanas Lourdes y Cristina Giralt Andreu eran oriundas de Cienfuegos, y se trasladaron a La Habana para tener un mejor desarrollo económico como empleadas en las oficinas de la Concretera Nacional S.A.
Ya habían comenzado a lograr sus anhelos cuando los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista acabaron con esos sueños y vidas el 15 de junio de 1958.
Cristina era reservada y hogareña, y Lourdes, a quien sus amistades nombraban Maruca, se caracterizaba por su carácter alegre y la afición por los paseos y el baile, pero ambas participaban en el movimiento de la Resistencia Cívica en el que repartían bonos, propaganda y ayudaban en el traslado de armas para el Ejército Rebelde.
El contexto que les tocó vivir a las Giralt en esos últimos meses no pudo ser más difícil. Durante el verano de 1958, La Habana era una ciudad tomada por el ejército azul de las fuerzas policiales empecinadas por acabar hasta con el último combatiente clandestino.
Estaban envalentonados por la derrota de la huelga general de abril, que convirtió la caza de revolucionarios en un macabro torneo entre los asesinos del régimen batistiano.
En esos días los combatientes Eduardo García Lavandero, Enrique Rodríguez y Faure Chomón, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, bajaron de su frente guerrillero del Escambray para cumplir misiones de la clandestinidad y se ocultaron en el apartamento contiguo al ocupado por las hermanas Giralt, en el edificio de la calle 19 y 24, en El Vedado, aunque estas desconocían a sus vecinos y las acciones que realizaban.
El 13 de junio los combatientes del Directorio realizaron un atentado a Santiago Rey Pernas, secretario de Gobernación, a la salida de un consultorio médico, en el edificio de 23 y L, del cual resultó ileso pero movilizó a toda la jauría batistiana en la búsqueda de sus autores.
Esteban Ventura Novo era el adelantado en la espiral de asesinatos que ocurrían en las calles habaneras, y quien por medio de la tortura y delación llevó a sus hombres al edificio de las hermanas Giralt, adonde nunca regresaron los combatientes revolucionarios, pero al parecer no tenían precisado bien el número del apartamento de estos y lo confundieron con el de las jóvenes.
Era domingo 15 de junio, Día de los Padres, y las jóvenes pasaron la jornada con su familia en su natal Cienfuegos. Ya al anochecer llegaron a su domicilio y estaban tan entretenidas y alegres que no escucharon la advertencia que les hicieron desde otra vivienda los colindantes vecinos sobre la presencia de los policías, quienes emboscados en los accesos del apartamento y sin mediar palabras las acribillaron a balazos.
Según la prensa de la época, los cuerpos inertes de aquellas dos jóvenes fueron tratados a puntapiés por sus victimarios, sin
importarles los testigos aterrorizados, principalmente residentes del lugar.
Este crimen quedó inscrito para la historia como uno de los más horrendos de la dictadura de Fulgenio Batista, e influyó en la unidad de los sectores de la sociedad cubana de entonces en apoyo a la lucha armada en la Sierra Maestra, dirigida por el líder revolucionario Fidel Castro, que en menos de seis meses después del suceso logró la victoria del Primero de enero de 1959.


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