
El estadio es colores y alegría. Miles de personas saltan, vocean, bailan y corean frases fruto de la creatividad popular. Mueven sus carteles y gorras, sufren y disfrutan cada jugada.
Algunos hasta se tapan los ojos para no ver los desenlaces en los momentos de más tensión. Todo es encanto, una película con una multitud de actores espontáneos, de personas que demuestran su amor hacia un deporte, convertido en tradición y pasión de los cubanos.
En ocasiones el nerviosismo se agranda y casi todo se congela, los aficionados ni parecen respirar, no se mueven, no gesticulan. Algunos tienen los ojos cerrados, otros aprietan un brazo amigo…, hasta que ocurre un batazo o un importante out, y muchos saltan, abrazan, sonríen, y otros no pueden evitar las lágrimas.
Cada partido representa una fuente de alegrías y enojos, sonrisas y desilusiones, un gran espectáculo muestra de la fuerza, energía y entusiasmo de los cubanos.
Los ritmos de las congas predominan en la banda sonora, enriquecida por los coros y los bailes de miles.
Ahí, en la multitud, hay directores de equipo, aunque jamás han estado en un dugout ni discutido las reglas del terreno, también entrenadores de bateo y de pitcheo, los cuales se molestan o aplauden, manifiestan su apoyo o rechazo a lo sucedido en el terreno.
Algunos tienen tremenda memoria, pues repiten estadísticas con precisión, hablan de peloteros de ahora y de antes, narran desafíos memorables y mencionan algunos de los momentos más gloriosos del juego, popularizado en Estados Unidos a partir de 1845 y practicado en Cuba 20 años después, aunque la fecha reconocida del primer partido aquí es el 27 de diciembre de 1874.
Según páginas impresas y digitales, en aquella ocasión el conjunto Habana derrotó a uno de Matanzas, con marcador de 51 carreras a nueve en el estadio Palmar de Junco.
A veces, en las gradas surgen debates fuertes, cada aficionado defiende sus ideas y hasta conforma el posible equipo Cuba para el próximo Clásico Mundial de Béisbol.
Hay carteles con chistes inmensos, dibujos con algo de choteo y otros confirmadores del buen arte de los nacidos en esta tierra de importantes creadores.
Muchos niños y otras personas tienen imágenes de sus atletas preferidos en las manos, a veces las aprietan contra sus pechos o las levantan hacia lo alto. Algunos muestran el número de ellos pintado en sus cachetes, en la frente o la ropa, como tatuajes de un agradecimiento y una esperanza.
El sonido de las cornetas trasmite nerviosismo o celebración,
surgen frases como “Oye, te cogió el caballo”, “Oye, te cogió el
caballo…” (animal identificativo del conjunto granmense), la expresión “se va”, “se va”… se escucha en todo el lugar y los aficionados con los movimientos de sus cuerpos simulan una ola humana que da la vuelta al terreno. ¡Qué espectáculo! ¡Cuánta fuerza y creatividad!
En Granma, provincia del conjunto revelación de Cuba, reciente campeón, todo es fiesta. El sueño de los más de 830 mil pobladores de este oriental territorio se convirtió en realidad cuando casi eran las seis de la tarde del 22 de enero, motivo para la euforia, para los saltos de alegría en los 13 municipios de esta histórica provincia, donde el béisbol es pasión.
¡Qué grande es el deporte! ¡Qué inmenso es el béisbol! ¡Qué
sensación tan agradable percibir un diluvio de felicidad!, ver los
rostros alegres de niños, jóvenes y otras personas adultas. Hay que ir al estadio y sentir el calor, la energía, el nerviosismo compartido...
Ya está escrito en la mente y en los corazones de los seguidores de los Alazanes: el 22 de enero es el Día del Béisbol en Granma, fecha en la que también Ibrahim Fuentes Diéguez, hijo de esta tierra, impuso récord de hits consecutivos en Series Nacionales de Béisbol (SNB), aunque en el año 1989, cuando el conjunto local alcanzó la medalla de bronce, su mejor actuación de la historia antes de esta campaña.
El estadio está lleno de colores y alegría. Miles de personas
saltan, vocean, bailan…Y ojalá siempre sea así, por el bien de Cuba y su cultura, por la felicidad y el orgullo de su gente. Al menos en la geografía granmense las luces del domingo último perdurarán hasta la eternidad.
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