Cumplió con Mariana y con la Patria

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ACN - Cuba
María de las Nieves Galá León | Foto de Archivo
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12 Mayo 2026

   El 14 de mayo de 1869 muere en combate en el lugar conocido por San Agustín de Aguarás, en la región oriental, el sargento del Ejército Libertador, Marcos Evangelista Maceo.

   Según recoge la historia, las últimas palabras de Marcos fueron para su amada esposa: “Díganle a Mariana que yo cumplí con ella y con la patria”.

   Esa frase, salida de lo más profundo de su alma, tenía un gran significado. Con su querida esposa había materializado un sublime amor, y de esa relación nacieron hijos buenos, respetuosos, laboriosos y verdaderos patriotas. Cuba entera tendría mucho que agradecerles.

   Ese día cayó el tronco de una patriótica familia. Frente a las tropas mambisas en San Agustín de Aguarás estaba el teniente coronel Antonio Maceo Grajales. Aunque el dolor lo colmó, el joven mambí no se amilanó: su padre lo había preparado para luchar hasta las últimas consecuencias.

   Marcos nació en Santiago de Cuba el 25 de abril de 1808. Tuvo una prolífica descendencia. De su primer matrimonio con Amparo Téllez nacieron seis hijos.

   Con Mariana Grajales la unión se oficializó en 1851, aunque algunos estudiosos afirman que desde 1843 mantenían relación. Para ese entonces, ella tenía cuatro hijos fruto de su relación con Fructuoso Regüeiferos, quien falleció en 1840. Marcos los criaría como si fueran suyos.

   La prole creció. Nacieron Antonio, José, Baldomera, Rafael, Miguel, Julio, Dominga, Tomás, Marquito y María Dolores. Esta última murió a los pocos meses de nacida.

   Quienes lo conocieron lo describieron como un hombre trabajador y muy honrado. Bajo esos principios se educó a la familia. En la finca ubicada en la zona de Majaguabo, actual municipio de San Luis, en la provincia de Santiago de Cuba, los muchachos trabajaban junto al padre desde bien temprano.

   Los preparó también en el dominio de las armas de fuego y el uso del machete, a partir de la experiencia obtenida mientras prestó servicios en la compañía de granaderos del Batallón de Infantería Provisional en Santiago de Cuba; eso sería muy útil para el posterior desempeño de sus muchachos en el campo de batalla.

   Mariana era tierna, pero rechazaba la indisciplina; los alentaba porque el sol no podía cogerlos en la cama, a la tierra había que entrarle con amor y disposición. No aceptaba que llegaran a la casa luego de las 10 de la noche.

   Los aires de insurrección que soplaban en el país no les fueron ajenos a la familia. Añoraban la independencia de Cuba del colonialismo español y, por supuesto, la abolición de la esclavitud, porque todos los hombres tenían el derecho de ser libres.

   La patria estaba por delante, y ese principio era inviolable. De ahí que, al iniciarse la Guerra de los Diez Años, toda la familia se puso al servicio de la lucha. Tenía Marcos 60 años, pero no dudó en tomar las armas.

   Su valor se puso a prueba en varios combates y logró alcanzar el grado de sargento. Así, en la acción de San Agustín de Aguarás, es gravemente herido y muere. En ese combate estaba siendo dirigido por el primogénito de su segundo matrimonio: el entonces teniente coronel Antonio Maceo Grajales.

   El legado dejado por Marcos y Mariana se multiplicó en sus hijos, algunos tiñeron con su sangre la amada tierra. Imposible contar la historia de Cuba sin revivir las hazañas escritas por los Maceo Grajales.


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