La expansión cada vez mayor en las redes digitales de opiniones que contribuyen al debate poco fundamentado y desorientador, expuestas por internautas que se proyectan desde posiciones en que se autodefinen como revolucionarios, convocan a un llamado de alerta.
Todo análisis crítico de nuestras duras realidades si no se enfoca sobre la más estricta verdad sirve de alimento a las campañas de manipulación y mentira montadas por la gran maquinaria de desinformación de nuestros adversarios.
Opinar sin fundamento, influidos por el peso de cuanto en Cuba se convierte hoy en agobio e insatisfacción, hace el juego al accionar de quienes se empeñan a toda costa en destruir la Revolución y gastan energías que se necesitan para la batalla fundamental.
Quienes de manera superficial se empeñan en criticar a diestra y siniestra sin ir a la hondura de cada problema dejan a un lado casi siempre las verdaderas causas de las enormes carencias y trabas que se afrontan y echan tierra sobre los esfuerzos concretos que realiza la dirección del país para resolverlas.
Cuando hablamos de la corrupción --que sí existe-- no metamos en el mismo saco a los miles de dirigentes y trabajadores dignos y de posiciones inclaudicables con el administrador que aceptó sobornos y el inspector que lucra con su función.
Enfrentar la agresión con la verdad del esfuerzo cotidiano de los hombres y mujeres laboriosos de este pueblo y de nuestras instituciones es el arma fundamental con que hay que combatir a las presiones sin límites de que estas son objeto. Las generalizaciones son un bumerang que se vuelve sobre nosotros.
Es injusto enjuiciar negativamente a los funcionarios, técnicos y obreros eléctricos por el manejo de los apagones y las horas de luz asignadas a uno u otro circuito. Ciertamente algunos han actuado de manera deshonesta, pero el esfuerzo heroico de la mayoría abrumadora que conforma el sector de la energía merece el más alto reconocimiento.
Duele que se ignore cómo sobre los postes del tendido eléctrico hay cada día jóvenes que arriesgan hasta su propia vida sin vacilar en labores de reparación de las interminables averías con un desinterés y humildad que asombran. No pocos han muerto cumpliendo con su deber.
Es imperdonable ver cómo a veces se arremete contra el médico que no sabe qué te va a recetar, porque no existe a su alcance modo alguno de disponer del medicamento para aliviar tu dolencia.
Igualmente se cuestiona de manera despiadada a comunicadores y telefónicos, porque no hay la conectividad requerida, en medio de una red de radiobases sin baterías y cortes eléctricos de hasta más de 30 horas, sin ignorar ineficiencias reales que nada justifican.
Es frecuente encontrarse con los que vociferan contra la existencia de quienes integran hoy el sector privado, como parte del proceso reordenador de la economía proyectado por el Gobierno.
Niegan de plano la necesidad de su existencia y la contribución que pueden hacer en el saneamiento y mejor desempeño de nuestras maltrechas finanzas, y les colocan el estigma de "enemigos del socialismo".
Quienes así se expresan ignoran resultados de provecho como los encadenamientos productivos realizados por estos con la empresa estatal y el aporte que en muchos territorios brindan a las soluciones locales, además de representar un elemento innegable en la dinamización de las fuerzas productivas y el crecimiento del empleo.
Los juicios sobre cómo deben hacerse las cosas o cómo nos parece que otros deben resolver los problemas deben llevar el sello de la purificadora veracidad para que al emitir la sentencia simplemente no nos lavemos las manos como si a todos no nos tocara una porción de esfuerzo para encontrar en la oscura noche de tantas dificultades la claridad para salir adelante.
Criticar no es morder, sentenciaba el Apóstol, pero si contrariamente nuestras críticas se convierten en una "mordedura" y no en el análisis que ayude a buscar soluciones, estamos lesionando la unidad imprescindible entre los cubanos, en el desgastante debate que nos divide y que a la larga termina haciendo imposible "ponerle el cascabel al gato".
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