Chile: el 11 de septiembre de 1973, fecha de triste recordación

Compartir

ACN - Cuba
Luz Marina Fornieles Sánchez | Foto de Archivo
38
09 Septiembre 2026

  El mundo se conmocionó hace 53 años -el 11 de septiembre de 1973- con la noticia del golpe de Estado que derrocó el gobierno de la Unidad Popular de Chile, cuyo presidente Constitucional, Salvador Allende, prefirió morir por su propia mano antes que renunciar.

   Ese día, el planeta se estremeció frente a los sangrientos acontecimientos. Se consumó la traición que originó una carnicería humana, que pretendía quebrantar la voluntad del pueblo chileno de elegir mediante elecciones limpias, un gobierno popular.

   La ejemplar resistencia de Allende simboliza el más alto ejemplo de heroísmo. Sólo con la justicia, podrían abrirse las grandes alamedas por donde -como él avizoró- pasaría el chileno libre.

   Fue una acción llevada a cabo por las Fuerzas Armadas del país sudamericano conformadas por la Armada, la Fuerza Aérea, Cuerpo de Carabineros y el Ejército, para desterrar de su puesto al mandatario socialista y erradicar su programa gubernamental.       

   Tropas del Ejército y aviones de la Fuerza Aérea atacaron el Palacio de La Moneda, la sede del Gobierno, adonde se dirigieron de inmediato al conocer de la asonada golpista, Allende y un grupo de sus más allegados colaboradores para librar allí su combate final.

   Las fuerzas enemigas de la democracia contaron con el apoyo del Partido Nacional, sectores de la Democracia Cristiana y otros civiles. Y, por supuesto, estaban alistadas en esas filas Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia.

Motivaciones tras los telones

   Ese artero golpe dio origen al establecimiento de una junta militar liderada por Augusto Pinochet.

   Chile, que hasta ese entonces se mantenía como una de las democracias más estables en América Latina, entró en una dictadura militar que se extendió hasta 1990.

   Durante ese periodo, se cometieron sistemáticas violaciones de los derechos humanos: se limitó la libertad de expresión, se suprimieron los partidos políticos y se disolvió el Congreso Nacional.

   Salvador Allende asumió en 1970 la presidencia de Chile, siendo el primer político de orientación marxista en el orbe que accedió al poder a través de elecciones generales en un Estado de Derecho.

   Su gobierno, produjo una creciente polarización política en la sociedad y una dura crisis económica que desembocó en una fuerte convulsión social.

   La Casa Blanca -dirigida por el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger- influyó en grupos opositores a Allende, que financiaron y apoyaron las condiciones para la ejecución de tal zarpazo.

   Dentro de tales acciones se encuentran el asesinato del general René Schneider y el Tanquetazo, una sublevación militar del 29 de junio del mismo calendario.

   Según el historiador Sebastián Hurtado, la ayuda estadounidense al golpe habría sido indirecta, al afirmar: «no hay evidencia documental que sostenga que Washington actuó activamente en la coordinación y ejecución de las acciones del 11 de septiembre de 1973...»

   Sin embargo, el interés de Nixon desde el principio fue que ese gobierno no lograse consolidarse.

   Tras el Tanquetazo, grupos dentro de la Armada planearon el derrocamiento, a lo que posteriormente se sumaron los altos mandos de la Fuerza Aérea y colectivos de los Carabineros.

   Sólo días antes a la fecha planificada para la acción, se sumó Augusto Pinochet, por entonces nada menos que el Comandante en Jefe del Ejército.

Itinerario de la traición

   En la mañana del 11 de septiembre, las cúpulas de las Fuerzas Armadas y del Orden controlaron gran parte del territorio y exigieron la renuncia inmediata de Salvador Allende, quien acudió a la sede de gobierno para dar batalla por la Unidad Popular.

   Horas precedentes a la jornada aciaga de hace más de medio siglo, en Valparaíso, el 10 de septiembre, a las 16:00 horas, zarpa la escuadra, tal y como estaba previsto, ya que debería participar en las maniobras navales internacionales UNITAS XVI.

   Mientras, el Ejército se acuartela. La razón dada: el probable desafuero de Altamirano y Garretón el 11. Este desafuero, según explicó Pinochet al Ministro de Defensa, Orlando Letelier, podía causar disturbios, por lo que se hacía necesario el acuartelamiento.

   En la madrugada siguiente, la escuadra reaparece en ese punto del litoral chileno y las fuerzas armadas toman la ciudad.

   Su prefecto, Luis Gutiérrez, realiza una llamada por el único teléfono que funciona en el puerto, el suyo (línea dejada libre a propósito por los golpistas), para avisar al subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, que la infantería de marina está en las calles y ha empezado a tomar posiciones de combate.    

   Urrutia telefonea al mandatario, que se encuentra en su residencia de Tomás Moro. Allende, calmado, pide ubicar a Pinochet y a Leigh, pero ambos están ilocalizables.

   En la capital, el Presidente se dirige hacia La Moneda, a la que arriba 20 minutos después, junto a parte de una comitiva que le era fiel.   

   Testimonios de esos instantes narran que Allende vestía una chaqueta de tweed y un pantalón marengo. Cargaba con un fusil AK-47, regalo del Comandante en Jefe Fidel Castro; y el GAP ingresa dos ametralladoras y tres RPG-7, además de sus armas personales.

   Paralelamente, Pinochet hace su entrada a esas mismas horas al comando en Peñalolén, con capacidad de anular las comunicaciones de algunas emisoras de radio.

   Se organizan esas redes con las demás ramas de las Fuerzas Armadas, especialmente con Leigh, que se encuentra en la Academia de Guerra Aérea y con Patricio Carvajal que está en el ministerio de Defensa, designado coordinador de todo el golpe.

   Allende trata de obtener información sobre el movimiento; al no poder contactar a Pinochet exclama sin saber aún la magnitud de la emboscada: "Pobre Pinochet, debe estar preso".     

   Sepúlveda, director general de Carabineros, llega a La Moneda, y le asegura que sus subordinados seguirán leales al gobierno. Lo ignora, pero Carabineros ya estaba controlado por los generales César Mendoza y Arturo Yovane.

   A continuación, emitiría el mandatario su primer mensaje del día a la nación, en el que advierte la sublevación de un sector de la marinería. No llama al pueblo a las armas ni a la violencia, sino a la prudencia.

   Textos que dan fe de aquellos sucesos ratifican que Allende se queda en palacio junto al dispositivo de seguridad del GAP, sus médicos personales, algunos colaboradores cercanos y su secretaria personal.  

   También se encontraban en esos predios detectives del Servicio de Investigaciones, actual PDI, al mando del Inspector Juan Seoane Miranda, seguido de numerosos detectives, quiénes, pese a que Allende anteriormente los había dejado en libertad de acción, no abandonaron el lugar y aseguraron que quedarse a defender el palacio era cumplir con el deber.

Primera proclama golpista

   A las 8:42, la Cadena Democrática, formada por las radios Minería y Agricultura, emite la primera proclama militar. Salvador Allende debe hacer entrega inmediata de su cargo a la junta de gobierno, integrada por los jefes supremos de las fuerzas armadas: Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza —los dos últimos recién acababan de tomar las jefaturas supremas de sus ramas, Armada y Carabineros, respectivamente—.

   Aún a esa hora, las cadenas de reacción de la UP en la periferia de la urbe capital no se habían agrupado, cosa que les pareció sorprendente a los oficiales de las FF. AA., que tenían conocimiento de ellas a través de los informes de inteligencia, de la prensa y de los mismos sectores de izquierda que aseguraban tener estos grupos de reacción provistos de armamento liviano.

   A las 11:00 horas la mayoría de esas emisoras habían sido controladas por personal de Carabineros o de las FF. AA., siendo la única sin desarticular la unidad perteneciente a La Legua, que sorprendió y repelió a los Carabineros encargados de anularla.

   Testigos de los acontecimientos desatados refieren que se le da al presidente un ultimátum: si La Moneda no es desalojada antes de las 11, será atacada «por tierra y aire».

   El ambiente en la edificación es de tristeza, lo peor que podía ocurrir estaba pasando. Carabineros retira las tanquetas apostadas frente a La Moneda y el personal se retira.

Reacciones

   Muchos reaccionan de forma violenta contra la proclama. La CUT llama los trabajadores a ocupar fábricas y fundos, organizar la resistencia y esperar instrucciones, con la esperanza de poder detener el golpe, por medio de los cordones industriales.

   También Allende da otro discurso y por el contrario no hace ninguna referencia a la lucha armada ni a instrucciones a los líderes de la UP. En tanto, un séquito de ministros aparece y entra a conversar con el presidente para conocer su opinión. A pesar de las ideas de sacarlo, él es tajante: permanecerá en su puesto.

   Los militares contactan con La Moneda y le hacen la proposición de sacarlo del país, pero reciben una respuesta clara, él no se va a rendir. Pinochet se comunica con Carvajal, quien le indica la negativa presidencial.

   Tras lo que el primero concluyó: O sea, quiere decir que lo que va a pasar es lo decidido: ¡A las 11 en punto se bombardea!

   A las 9:55 los tanques del general Palacio ingresan en el perímetro de La Moneda; hacía poco que se había desatado el fuego. Francotiradores apostados en los altos edificios aledaños tratan de repelerlos, y se inicia la balacera, pero La Moneda aún no resulta atacada.

   Minutos después ocurre el último discurso radial del presidente Allende, a través de Radio Magallanes, medio pro-gubernamental aún no silenciado.

   "Ésta será, seguramente, la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares..., el almirante Merino... más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.

   “Ante estos hechos sólo me cabe decirles a los trabajadores: Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.

   “La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

   “¡Trabajadores de mi Patria!: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección".

   Con palabras preclaras Salvador Allende se despidió de su pueblo desde su trinchera de combate. Su ejemplar resistencia simboliza todavía hoy el más alto ejemplo de heroísmo y fe a sus postulados y a Chile.


© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial