Audiovisual joven cubano, un correlato necesario(I) (+Video)

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Mariateresa Hernández Martínez
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05 Abril 2016

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Comienza el viaje de creación para la 15 Muestra Joven ICAIC, sitio ya habitual, espacio de reflexión cinematográfica, de diálogo, de engranaje artístico, cuya travesía nos provoca una vez más a hablar de las obras de la más nueva generación audiovisual.

Se trata de filmes imperfectos, singulares, medio desconocidos, pero indiscutiblemente ligados, desde la inconformidad y la hondura, con la mejor representación de las transformaciones que atraviesa el audiovisual cubano contemporáneo.

Juan Carlos Calahorra, miembro del Comité de Selección y director de Bisiesto, publicación impresa del evento, comentó que aparecen en la presente edición una fuerte presencia de realizadores que revisan el pasado e insisten en caracterizar personajes olvidados o divididos por intereses contrapuestos.

La cita acoge en esta ocasión 27 obras de ficción, 17 documentales y nueve animaciones, y destaca la presencia de cuatro largometrajes: dos de ficción (Caballos, de Fabián Suárez, y Espejuelos oscuros, de Jessica Rodríguez) y dos documentales (Marina, de Haliam Pérez, y El tío Alberto, de Marcel Beltrán).

Bajo el lema ¡Suelten amarras!, la Muestra se prepara para reflexionar sobre los 15 años vividos. ¿En qué aspectos han acertado, cuáles han sido los errores?, en la búsqueda de estos y otros muchos criterios nos acercamos a sus protagonistas y a varios críticos e investigadores.

Necesidad de un relevo

La Muestra surge en el 2000, fecha que marca un cambio en la conceptualización del cine cubano, hasta entonces resumido casi en su totalidad a la producción del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

El crítico y periodista Gustavo Arcos marca los antecedentes del evento a fines de la década del 80 en un festival generado en los llamados talleres de creación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

“Por primera vez allí se puede percibir un cambio generacional en el audiovisual cubano, protagonizado por artistas como Jorge Luis Sánchez, Juan Carlos Cremata, Enrique (Kike) Álvarez, Arturo Soto, Jorge Molina y Tomás Piard, entre otros, que en aquel momento no rebasaban los 35 años”.

Llegados los 90, ante un panorama que se va quedando sin sus grandes baluartes (Santiago Álvarez, Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás) y dejaba un relevo envejecido, emerge la necesidad de poblar nuestro séptimo arte de nuevos realizadores.

“Ese relevo empieza a acceder al ICAIC a través de las Muestras, o por la vía de las escuelas de cine: la Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA) y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), precisa el crítico Joel del Río.

En la Primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven participaron 22 documentales, 11 cintas de ficción y una de animados; no se concedieron premios oficiales; pero quedaron reconocidas por la crítica y el público: CAIDIJE… La extensa realidad, de Gustavo Pérez; La época, el encanto y el fin de siglo, de Juan Carlos Cremata, ¿Me extrañaste mi amor?, de Leandro Martínez; RRRing…, de Pavel Giroud; Clase Z Tropical, de Miguel Coyula, Más de lo mismo, de Esteban Insausti; Motos, de Ián Padrón, y Se parece a la felicidad, de Aarón Vega.

Aquella edición incluyó los segmentos colaterales que se hacían llamar ¡Ojo pinta!, sección informativa del Taller de cine de la AHS (1987-1993); ¿Con los ojos de ayer?, una presentación homenaje al cine cubano y Premios a la sombra, sección donde se exhibían materiales premiados en otros espacios del audiovisual cubano.

Desde entonces el foro ha tenido suma importancia en la reanimación de nuestra industria cinematográfica. Joel del Río lo califica como el camino del cine cubano, desde que puede llamarse audiovisual, para mantenerse inconforme y crítico. “Porque aunque a veces el ICAIC logre hacer buenas películas, lo más interesante en términos conceptuales está fuera. La película más importante del año fue La obra del siglo, estrenada en la edición anterior y totalmente ajena al ICAIC”, subrayó.

Explica Del Río que todas estas cuestiones atraviesan por el cambio tecnológico, que hizo más accesible filmar para los jóvenes. “Con el celuloide era necesario ir a donde estaba la productora, mientras hoy con una cámara, una buena computadora y un programa de edición puedes tener una película de primera calidad exhibible en cualquier festival del mundo”, acotó.

Cuestión de síntomas

Así como la democratización de los medios ha facilitado la producción, también ha significado nuevos retos. Para el joven realizador Leandro de la Rosa, que concursa este año con el corto de ficción Patria blanca, hace unos años tener una cámara era impensable, “ahora cualquier amigo te la puede prestar y eso ha llegado a ser un arma de doble filo porque podemos filmar cualquier cosa. No necesariamente de calidad; se ven muchos materiales iguales”, expresó.

La calidad también fue cuestionada por el investigador Luciano Castillo, quien exhortó a los realizadores a ver todo tipo de cine, sobre todo los clásicos porque —según su opinión—“para contar historias hay que ver y los jóvenes apenas asisten a la Cinemateca, confían en las ofertas del llamado paquete semanal y esto incide en que las obras muchas veces no tengan el nivel necesario”.

Esta situación ha complejizado el trabajo del comité de selección, pero “si le encontramos a la obra algún tema inédito que pueda parecernos interesante o algún tratamiento desde el punto de vista artístico, aún cuando tenga otros problemas, puede ser seleccionada”, expresó Juan Carlos Calahorra.

Hay que tener en cuenta que en la Muestra concurren no solo jóvenes con formación de cineastas sino también realizadores espontáneos y sus principales deficiencias radican en el privilegio del contenido por encima de la forma, y en problemas de guion y actuación.

Calahorra señaló que a partir de una urgencia por decir cosas se descuida el tratamiento cinematográfico y existe cierta miopía a la hora de enfrentar determinadas realidades, quizás a veces por encontrarlas familiares.

“El cine cubano joven adolece de eso, de falta de conciencia de cuánta riqueza hay en la contemporaneidad y nos vemos representando los mismos tópicos, las zonas pobres, los personajes marginados, eso ya tiene una tradición de representación grandísima, sin embargo hay zonas apenas tratadas”, acotó el también cineasta.

Mientras en años anteriores el documental llevaba el protagonismo, esta ocasión la ficción ocupa las primeras líneas, y en este apartado resulta interesante cómo van confluyendo directores ya no tan inexpertos (Fabián Suárez, Marcel Beltrán, Carlos Machado Quintela), jóvenes con una tradición de presentación en la Muestra (Jessica Rodríguez, Leandro de la Rosa, Damian Saínz) y otros totalmente desconocidos.

Desde el punto de vista temático, las obras expresan un abanico de estéticas que dialogan con la realidad cubana actual, asumiendo un compromiso social interesante, a través de áreas como la diversidad sexual, la violencia de género y la construcción de las masculinidades, entre otros.

Si bien por mucho tiempo la producción cinematográfica de los jóvenes se resintió por su asimilación de las funciones sociales del periodismo, lo cual trajo consigo miradas puramente contemplativas o reporteriles de nuestra realidad, esa tendencia ha ido disminuyendo, comentó Calahorra.

Resaltó a su vez la necesidad de rebasar ese espíritu porque –según su opinión– la obra de arte no es solo una tribuna, también debe fabular, ofrecer al ser humano mundos alternativos, explorar otros universos personales, íntimos, y nuestras obras muchas veces pecan de falta de universalidad, de no ser entendidas fuera de nuestro contexto, reconoció.

Facultar a los jóvenes artistas

La Muestra se reafirma una vez más como ese evento alternativo donde no solo los jóvenes pueden apreciar sus obras en la pantalla grande de un cine, sino que a partir de sus espacios teóricos y de debate, pretende repensar y solidificar la creación audiovisual como arte y discurso.

Con el objetivo de evaluar las más recientes estéticas y ayudar a los futuros cineastas a desarrollar sus habilidades y proyectos, vuelven las sesiones de los programas Haciendo Cine, Moviendo Ideas, así como los talleres y clases magistrales.

Jorge del Sol, coordinador del evento, manifestó que la cita se ha convertido en un espacio de formación, “por los talleres que hacemos más allá de esta semana de abril, porque tenemos espacios como el Bisiesto que cada vez se vuelca más hacia una reflexión inteligente y porque es también un sitio para coordinar esfuerzos que fomenten la producción”, aseguró.

Esta convocatoria ha adelantado dos meses los talleres del Haciendo Cine, ámbito en el que se presentan proyectos de guiones de ficción, y donde acuden las principales casas productoras del país.

De un total de 21 proyectos inéditos en desarrollo o de bajo presupuesto, el comité de selección eligió ocho cortos de ficción, cuatro documentales y dos animaciones, que contaron con las asesorías para el pitching de importantes profesores como la argentina Rosa Teichmann y la directora española Yolanda Barrasa.

Jenova Pro, Producciones Espiral, Estudio S/T y Ño Producciones, lideradas por artistas audiovisuales independientes, son algunas de las organizaciones que se integran esta vez al auspicio, que no es necesariamente financiero, también consiste en ofrecerles medios técnicos, posibilidad de editar, tiempo de máquina, luces, transporte, etc.

Lo novedoso en esta ocasión, según Juan Carlos Calahorra, es que brindan, además, su apoyo productores no estatales ni independientes, sino sonidistas, realizadores, fotógrafos, que ponen a disposición su equipamiento por el deseo de estimular la producción joven.

“Muchas veces son cineastas que ya han rebasado los 35 años, edad tope que permite el concurso, y que regresan por un alto compromiso con el encuentro. Eso es un gesto altruista que este año va a ser muy visible en el Haciendo Cine”, concluyó el director del Bisiesto.

Infinitas razones para comenzar el viaje que la Muestra propone a sus 15 años, momento en que comienza a avizorarse como un espacio más maduro y reflexivo, un mecanismo de promoción y confrontación vivo y cambiante, para esos jóvenes que realizarán las nuevas Lucías y que continuarán perfilando las memorias del subdesarrollo sin caer en la indiferencia y la apatía.

 

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