La Habana, 19 ago (ACN) El pueblo de Cuba despide hoy en Santiago a la gloria deportiva Elpidio Mancebo Pérez, uno de los protagonistas de las primeras décadas de las Series Nacionales, fallecido ayer a los 82 años.
Nacido el 18 de abril de 1944 en Santiago de Cuba, Mancebo, conocido cariñosamente como “Pillín”, hizo del béisbol una larga pasión y de su zurda una herramienta para escribir páginas memorables en la historia de la pelota nacional.
Primera base y jardinero, además de bateador y lanzador zurdo, desarrolló prácticamente toda su trayectoria en conjuntos de la antigua región oriental, desde su debut con Orientales en 1962 hasta sus actuaciones con Mineros, Cafetaleros y Santiago de Cuba.
Durante 17 temporadas en las Series Nacionales, el santiaguero acumuló liderazgos ofensivos que revelan la dimensión de su talento, entre ellos los 26 dobles de la VIII edición, los 77 hits y 45 bases por bolas de la X y el título de bateo de la XI, con promedio de .327.
La ofensiva volvió a tener su sello en la XII Serie Nacional, cuando encabezó las carreras anotadas con 56 y compartió con Antonio Muñoz el liderazgo en bases por bolas, mientras en 1977 se erigió en máximo productor de dobles de la III Serie Selectiva.
Su estatura internacional alcanzó especial relieve en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967, donde Cuba conquistó la medalla de plata y Mancebo fue su principal bateador con promedio de .353.
Cuatro años después, en el XIX Campeonato Mundial de Béisbol Amateur celebrado en La Habana, integró la selección cubana que terminó invicta con nueve victorias y aportó promedio de .382 y 12 carreras anotadas, cifra máxima del torneo, para ser escogido como primera base del equipo Todos Estrellas.
También dejó una marca singular en 1968, cuando enlazó siete extrabases consecutivos, incluidos tres jonrones y cuatro dobles, una secuencia que permanece entre las actuaciones ofensivas más llamativas de los primeros años de las Series Nacionales.
Tras colgar los spikes, Mancebo mantuvo encendida su relación con el béisbol como instructor y comentarista deportivo en emisoras de Santiago de Cuba, además de plasmar sus conocimientos en textos de enseñanza como El difícil arte de batear.
Hoy, mientras la ciudad que lo vio nacer acompaña su partida, Cuba despide no solo a un destacado pelotero, sino a uno de aquellos hombres que, con el bate, la palabra y la vocación, ayudaron a convertir las Series Nacionales en patrimonio de varias generaciones.
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