La Habana, 3 abr (ACN) El luchador cubano de estilo libre Arturo Silot afina hoy su preparación en China entre colchonetas lejanas y recuerdos cercanos, con la mira puesta en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Desde el gigante asiático, donde cumple una base de entrenamiento con varios de sus compañeros, habló en exclusiva para la Agencia Cubana de Noticias como lucha: directo, sin adornos innecesarios, pero con una fuerza que se siente detrás de cada palabra.
Acaba de conquistar la Copa Dahuhu, un torneo internacional donde —según sus propias palabras— enfrentó a buenos rivales en una competición de nivel, victoria que confirma que el camino hacia el torneo regional, donde se coronó en la pasada versión de San Salvador 2023, va bien trazado.
Pero antes del campeón, estuvo el niño. Nació en Santiago de Cuba y comenzó en el judo, porque su familia entera era judoca. Sin embargo, la lucha lo atrapó por su dinamismo: “La lucha es un poco más activa, me gustó más, y ahí empezó mi carrera”, recuerda.
Bajo la guía del entrenador Iván González, entre sacrificios y exigencias, llegaron los primeros resultados, aunque también algo más importante: la disciplina.
Hoy, próximo a cumplir 25 años, Silot es el hombres fuerte de los 97 kilogramos en Cuba. Entre 2022 y 2025 acumuló además cuatro medallas de plata en torneos panamericanos, fue subcampeón en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023, campeón en los Panamericanos Junior de Cali-Valle 2021 y noveno lugar en los Juegos Olímpicos de París 2024, una experiencia que lo marcó y lo empujó a pensar en grande: Los Ángeles 2028.
En China ha encontrado algo que en Cuba escasea para su división: rivales. “Aquí tengo muchas más parejas, algunas pesan más que yo y son de buen nivel”, explica. Sobre las diferencias entre escuelas, lo resume con claridad de atleta que piensa su deporte: la cubana es más metodológica; la china, más física.
“La metodología cubana es un poco más inteligente, en el sentido de los planes de entrenamiento”, asegura, aunque reconoce que ha mejorado mucho en ese entorno.
Fuera del colchón, Silot no habla como una figura deportiva, sino como un muchacho de barrio. “Soy una persona normal. Me gusta jugar pelota con mis compañeros en la calle, sin camisa, en el barrio donde crecí”, cuenta. Extraña la comida cubana —el arroz con frijoles, el cerdo, el pollo— y sonríe cuando habla de su gente, porque allí, en esas calles santiagueras, todavía está una parte de él.
Tiene un referente claro desde su niñez: Reineris Salas, a quien admiraba por su técnica y habilidades. Y también tiene claro su presente: se ve como parte de la nueva generación que debe asumir liderazgo en la lucha cubana. “Somos figuras que vamos en ascenso”, afirma con seguridad.
El calendario inmediato depende de un trámite: la aprobación de visas para competir en el Campeonato Panamericano de Coralville, en Estados Unidos, del 7 al 10 de mayo, un evento que hoy condiciona el pulso competitivo del equipo cubano.
Pero su gran objetivo del año tiene nombre y lugar: Santo Domingo. Allí intentará revalidar el oro centrocaribeño. “Sería una gran felicidad volver a repetir el título… me estoy preparando el doble para volver a darle el alegrón a mi país”, dice.
Silot pelea en una división donde muchos rivales son más lentos, y él intenta convertir la rapidez en ventaja. Pero sabe que la verdadera diferencia está en otra parte: “Siempre la preparación, que es lo que va a llevar al éxito”.
Quizá por eso su historia no empieza en China ni termina en un podio. Empieza en un barrio de Santiago de Cuba, continúa en cada entrenamiento lejos de casa y apunta, con paciencia de luchador, hacia un sueño mayor.
Porque si algo tiene claro Arturo Silot es que la meta final está en el horizonte olímpico: ganar una medalla en Los Ángeles 2028, “el sueño de mi vida”.
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