La Habana, 15 feb (ACN) El Día del Amor y la Amistad tuvo amplia repercusión este sábado en el Pabellón Cuba, con actividades entre las que sobresalió la presentación especial de dos volúmenes que hablan de los lazos inextinguibles entre Amalia Simoni e Ignacio Agramonte; así como entre Tina Modotti y Julio Antonio Mella.
Bajo los auspicios de la Asociación Hermanos Saíz, al Salón de Mayo llegaron los también amantes eternos: Dra. Adys Cupull Reyes y el Dr. Froilán González García; así como el Dr. Yoel Cordoví Núñez; para presentar los títulos “Julio Antonio Mella y Tina Modotti contra el fascismo” y “Para no separarnos nunca más. Cartas de Ignacio Agramonte a Amalia Simoni", de los investigadores Elda Cento Gómez, Roberto Pérez Rivero y José María Camero Álvarez.
A la sazón, Cordoví, llamado a hablar sobre el libro dedicado a la pareja de patriotas decimonónicos entregados a la libertad de Cuba del régimen español, agradeció a los autores —dos de ellos fallecidos— por el libro, cuya reedición corregida y ampliada a cargo de la Editorial Verde Olivo en 2018 mantiene la esencia que lo inspiró: tratar a estas dos personalidades históricas a través del cruce de cartas apasionadas que muestran la grandeza de un amor de todos los tiempos compartido y reciprocado mutuamente; además de mostrar, sus valores morales, históricos y culturales.
Una de las grandes incógnitas que los autores no pudieron esclarecer, expresó Cordoví, está relacionada con el lugar exacto donde se conocieron; ya que no se ha podido determinar si fue en Puerto Príncipe o en La Habana,
¿Quizás en 1866 en algunas de las tertulias, paseos o bailes en los que participaban los jóvenes de su posición durante uno de los viajes que Ignacio hizo a Puerto Príncipe para pasar unos días junto a su familia? ¿En La Habana, en la casa de Francisco José Álvarez-Calderón, futuro Conde de Casa Calderón, durante una estancia de los Simoni en esa ciudad, criterio este último sostenido en sus memorias por Herminia, la hija de la pareja?
Lo único cierto es que "Para no separarnos nunca más" permite acercar al lector, como ningún otro texto, al hombre que en contraste con los azares de la vida y en medio de su lucha incansable por la libertad de Cuba y grandes méritos militares, derrochó pasión, delicadeza y ternura ante la mujer amada.
En total 123 cartas de él, publicadas por primera vez de manera íntegra en este volumen, 11 inéditas o muy poco conocidas, debidamente ordenadas, anotadas y cotejadas con sus originales; más una, solo una misiva de ella escrita 10 días antes del fatal 11 de mayo de 1873 en que "El Mayor" dejó de existir en los campos camagüeyanos de Jimaguayú, agregó el eminente profesor, jefe del Departamento de Colonia del Instituto de Historia de Cuba.
Por otra parte, la historiadora Latvia Gaspe Álvarez introdujo a los veteranos investigadores por medio de un libro que, expresó, se propuso atrapar la volcánica relación entre Mella y Modotti; escrito por dos autores que han podido hacer realidad lo que ellos no pudieron: quererse tempestuosamente como algo definitivo, según palabras del propio Mella.
Investigaciones arduas, dieron lugar al reconocimiento de tres grandes amores en la vida del revolucionario; mujeres a las cuales el hombre prodigaba elogios, comenzando por la villlaclareña Silvia Masvidal Ramos a quien menciona en un diario de 47 crónicas de su experiencia, de aspectos importantes de su vida, que permaneció inédito y censurado mucho tiempo.
No prosperó aquella relación, explicó González García, por la misma razón que se opusieron los padres de su siguiente amor y única esposa legal, la camagüeyana Olivia (Olivín) Zaldivar Freyre: por ser hijo natural —nacido fuera del matrimonio—, mestizo y revoltoso; es decir, líder comunista.
Sin embargo, la joven Zaldivar sí hizo frente a los progenitores, retó a la sociedad y se fue a vivir con él; dejando sin alternativas a la rancia familia del Camagüey.
Penurias económicas impulsan a Julio a irse a los Estados Unidos a buscar empleo y sustentar a su niña y su esposa; quien, tras compartir estrecheces, el dolor de la muerte de un primer bebé en el parto y los nuevos sinsabores para criar una hija, decide volver a Cuba ante las presiones familiares por la seguridad de la niña.
Cuando él regresa a México, solo y triste, es que se encuentra a Tina, y surge un amor pasional; pero, aclara el historiador, no dejó de amar a su Olivín, ni ella dejó de amarlo a él; gracias a ella después del asesinato de Mella, cuando quisieron culpar a la joven italiana como cómplice del crimen, la viuda, en calidad de abogado se fue a México, investigó, probó la inocencia de Tina.
De vuelta a Camagüey, inscribió al marido como Julio Antonio Mella —hasta entonces, legalmente Nicanor McPartland— e inscribió a la hija común, Natasha, como nacida en Camagüey, descendiente de ambos.
Muchas otras historias y anécdotas de cómo transcurrieron los procesos de investigación se vertieron en una tarde en la que el amor fue el denominador común; fuego ardiente y causa común contra el fascismo, en el caso de Mella y Tina, al decir de Adys Cupull.
Asistieron a las presentaciones especiales de ambos volúmenes, entre otros, Elier Ramírez Cañedo, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central; Lizette Martínez Luzardo, viceministra de Cultura; Yasel Toledo Garnache, presidente de la AHS; Rigoberto Santiesteban Reina, presidente del Instituto de Historia de Cuba; Osnay Miguel Colina Rodríguez, jefe de la comisión organizadora del congreso de la Central de Trabajadores de Cuba; y Katia María Rodríguez Ramos, secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.


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