La Virgen de la Caridad: fe, arte y leyenda en el corazón de la patria

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ACN - Cuba
Henry Omar Pérez
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06 Septiembre 2026

   Santa Clara, 6 sep (ACN) A lo largo de la historia de Cuba, la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre ha trascendido los templos para convertirse en un componente fundamental del alma nacional, la creación artística y la riquísima tradición oral que habita en los campos de la isla.

   Alejandro Batista López, director de la revista Signos e investigador del Centro Samuel Feijóo, sostuvo a la ACN que las diversas advocaciones marianas conectan de forma especial con el sentimiento de las madres, quienes hallan en la imagen de María un reflejo de su amor incondicional.

   Añadió que, en el caso cubano, la efigie hallada en las aguas de la bahía de Nipe logró fundirse con los procesos de emancipación, el patriotismo mambí y las expresiones estéticas de todas las épocas.

   El estudioso recordó que la figura de la Patrona de Cuba se ha inmortalizado en el lienzo, la escultura y la poesía, así como en piezas musicales de hondo calado popular.

   Entre esas creaciones citó el entrañable lamento afro Virgen Mambisa, compuesto por Teresita Zelada y O. Rodríguez, y el histórico Himno a Nuestra Señora de la Caridad, una pieza que, en sus orígenes, los patriotas entonaban con la melodía del Himno de Bayamo hasta la convocatoria a un concurso eclesiástico para dotarla de su propia partitura.

   En sus indagaciones sobre el folclor del centro del país —enriquecidas con las ilustraciones del artista Jesús Medrano Plana (Jesulín)—, el historiador destacó la vitalidad de la oralidad rural.

    Para ilustrar esta riqueza mística, el investigador rememoró la singular anécdota contada por Carlos Guevara, un campesino de 58 años residente en la zona de San Ramón de Guaninao.

   Batista detalló que el hombre evocaba con exactitud la noche en que, tras escuchar relatos de milagros marinos en casa de una anciana vecina, se burló con escepticismo de la fe popular.

   Sin embargo, al regresar a su hogar y disponerse a descansar, observó con asombro cómo el pequeño cuadro de la Caridad que su esposa conservaba sobre la mesa del comedor comenzaba a cobrar vida.

   La narración del guajiro reveló que de la estampa brotaron las aguas del mar derramándose sobre el piso, los tres marineros remando con ímpetu y el niño en oración en medio de la tormenta, un prodigio que creció en la habitación hasta obligar al incrédulo a caer de rodillas para implorar perdón antes de que el líquido y los personajes retornaran al silencio del lienzo.

  El director de Signos precisó que este tipo de vivencias demuestra cómo el campesinado cubano procesa lo sagrado a través de la poesía y la picaresca vernácula, convirtiendo la vivencia personal en patrimonio colectivo.

   Más allá del mito o la profesión de fe individual, la presencia de la Virgen de la Caridad del Cobre permanece como un faro de esperanza y soberanía en el devenir de la nación.

   A través de los siglos, su estampa continúa uniendo a generaciones de cubanos, ratificando que las tradiciones populares constituyen el cimiento más sólido de la identidad patria.


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