La Habana, 25 mar (ACN) Cada cubano, viva donde viva, debería leer cada cierto tiempo "Vindicación de Cuba", por ser un ejercicio intelectual y espiritual muy útil, del que saldría fortalecido el sentido del patriotismo, por encima de cualquier posicionamiento político o ideológico, argumentó hoy Marlene Vázquez Pérez, directora el Centro de Estudios Martianos.
Vázquez Pérez ofreció este miércoles una convincente disertación, en la sede de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU) sobre ese artículo, escrito por José Martí en forma de carta al director de The Evening Post, que lo publicó el 25 de marzo de 1889 en respuesta a dos trabajos ofensores, divulgados pocos días antes.

Han pasado 135 años desde los días arduos en que nació ese texto medular, cuya actualidad se ha mantenido intacta, no solo por la vehemencia, vigor estilístico y fuerza argumentativa del verbo martiano, sino porque las circunstancias que lo provocaron, amén de las variaciones históricas, siguen siendo casi las mismas, y si han variado, es para peor, recordó.
Mencionó que el primero de ellos, Do we want to Cuba? (¿Queremos a Cuba?), apareció en The Manufacturer, de Filadelfia, el 16 de marzo, y poco después lo imprimió el propio Evening, con elementos verdaderamente denigrantes para los habitantes del país caribeño, hasta el extremo de calificar sus tentativas armadas como revueltas que no rebasaban “la dignidad de una farsa".
Un hombre como Martí, continuó, no podía ver en calma esa afrenta e inmediatamente se dispuso a responder de manera enérgica, moderada y convincente a todas las injurias, e incluso utilizó la lengua del ofensor, para llegar al lector norteamericano medio, que entonces, como ahora, desconocía mayoritariamente lo que tenía lugar fuera de sus fronteras.
Añadió que su modo de comenzar el texto da fe de su voluntad de unir a los cubanos, independientemente de su posición política, pues todos fueron agredidos por igual: “Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter”.
En específico, reprodujo la cita de que connacionales, por el desdichado desconocimiento de la historia y tendencias de la anexión, desearían ver la Isla ligada a los Estados Unidos, aunque así no pensaba la mayoría: los que han peleado en la guerra, los desterrados, “los que han levantado, con el trabajo de las manos y la mente, un hogar virtuoso en el corazón de un pueblo hostil”, científicos, comerciantes, empresarios, maestros, abogados, artistas, periodistas, oradores y poetas.
A partir de ese momento, enfatizó, Martí despliega una poderosa argumentación, basada en hechos tangibles, en nombres propios, en vínculos entrañables entre los dos pueblos, pues llega a aludir hasta a los norteamericanos que pelearon en la Guerra de los Diez Años, como Thomas Jordan o Henry Reeves, este último caído en combate.
Entre los cubanos que honraron a la patria desde la emigración, destacó en primer lugar al poeta José María Heredia, el cantor del Niágara, iniciador del romanticismo en Hispanoamérica y conspirador independentista, quien marchó al exilio porque su vida corría peligro.
Seguidamente, citó al ingeniero Aniceto García Menocal, jefe de las obras del proyectado canal por Nicaragua, figura de alto prestigio en el ámbito académico estadounidense, y de igual manera, elogió a Francisco Javier Cisneros Correa, impulsor de la navegación fluvial y el ferrocarril en Colombia, entre otros.
Llamó la atención que en esa nómina de desempeño exitoso sitúe en el sitio señero al bardo romántico, capaz de desafiar muy tempranamente al gobierno colonial y quien abandonó la seguridad económica y el triunfo intelectual por el destierro y el cumplimiento del deber.
Ello no es casual, dijo, si nos atenemos a la propia concepción que tiene Martí de la poesía, expresada en otro texto imprescindible, su semblanza del poeta estadounidense Walt Whitman: ¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos?
Subrayó que su concepción de la cultura como elemento unificador de la nación, y base del patriotismo, queda aquí expuesta, y aclara sobradamente el por qué de la primacía concedida a Heredia.
A tenor con la gravedad del asunto, Martí tradujo rápidamente los artículos ofensores y su respuesta a la injuria, y ya el 3 de abril de ese propio año circulaba entre la emigración de habla hispana asentada en Nueva York el folleto Cuba y los Estados Unidos, salido de las prensas de El Avisador Hispanoamericano.
Además, lo envió de manera personalizada a varios amigos suyos, sensibles al tema de la anexión de Cuba, e incluso a partidarios de ella, como el caso de José Ignacio Rodríguez, con lo cual aspiraba a sumar a la causa de la defensa de Cuba a todos aquellos que la amaran sinceramente, salvando las diferencias de opinión y poniendo por encima el afecto y el interés nacional.
Hoy estamos abocados al mismo dilema, aseguró Vázquez Pérez, de un lado el pueblo norteamericano y las facetas honestas de la intelectualidad progresista de aquel país, de otro, las fuerzas terribles, partidarias de la guerra, ancladas en un discurso neofascista, que pretende sojuzgar a la humanidad, especialmente a los pueblos del Sur, a los que miran con ambición y desprecio, sostuvo.
Cabe decir, entonces, que ese texto de Martí, pensado en función de Cuba, puede ser leído hoy, con toda justicia, como Vindicación de Nuestra América, o mejor, de todos aquellos pueblos que luchan por su soberanía y en pos de un ideal de paz y justicia social, concluyó.
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