El enigma de la casa de los huesos en Santa Clara

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ACN - Cuba
Henry Omar Pérez
715
02 Agosto 2026

   Santa Clara, 2 ago (ACN) A lo largo de más de tres siglos de historia, la oralidad santaclareña ha tejido un deslumbrante mapa de mitos y leyendas que alimentan el alma de la urbe.

    Heredera de las brumas místicas de San Juan de los Remedios, la capital de Las Villas atesora en su folclor pilongo relatos donde el espanto, la devoción y el ingenio popular se abrazan para explicar la identidad de un pueblo profundamente intuitivo y creador.

    El investigador Alejandro Batista López sostuvo que la riqueza mitológica de la ciudad responde a una vasta cultura mágica transmitida de generación en generación.

    Al analizar el devenir sociocultural del territorio, el especialista argumentó que estos cuentos citadinos no solo recrean pasajes de horror, sino que permiten reconstruir el clima emocional y la psicología social de las distintas épocas de la villa fundada a orillas del río Bélico.

   Entre las historias más singulares que enriquecen este patrimonio oral —ilustrado con maestría por el artista Jesús Medrano Plana (Jesulín)— resalta una célebre leyenda decimonónica recopilada por la escritora Martica Linares, la cual relata el origen del aterrador apodo que recibió un inmueble cercano a la Plaza Mayor: "La casa de los huesos".

   La investigadora detalló en sus escritos que, a mediados del siglo XIX, el alcalde de la villa prohibía rotundamente el romance entre su hija de 20 años y un apuesto pretendiente.

    Sin más alternativa que el secreto, los enamorados acordaron encontrarse a través de la ventana del aposento femenino, siempre pasadita la medianoche.

    Sin embargo, el joven descubrió rápidamente que en la vivienda de enfrente habitaba una anciana beata, célebre en la comarca por su desvelo incansable y su afición al chisme.

    La mujer, asistida por una anciana de origen africano vinculada a saberes ancestrales, permanecía apostada tras el postigo entreabierto de su ventana cada madrugada, vigilando el paso de las brujas y cualquier movimiento de la calle. 

   Batista López explicó que la permanente presencia de esta inquisidora figura impedía las citas nocturnas, pues el joven temía ser delatado ante el inflexible alcalde.

   Cansado de la vigilancia, el galán ideó un estratagema para despojar a la anciana de su curiosidad.

     Batista López narró que, tras disimular su rostro entre las sombras al concluir la procesión del Santo Rosario, el enamorado se aproximó resueltamente al ventanal de la chismosa.

    Al sentir el toque sutil en la madera y notar que la beata entreabría el postigo, el mozo impostó una voz cavernosa para solicitarle que le guardase aquel paquete en nombre de la Virgen.

   Ante la duda de la temblorosa mujer, el desconocido le introdujo la envoltura entre los balaustres y le advirtió que cada noche regresaría a esa misma hora para entregarle más encargos hasta colmarle la vivienda por completo.

   Martica Linares precisó en su texto que, al deshacer el envoltorio al tenue calor de una vela, la vecina descubrió horrorizada que la encomienda consistía en un cráneo humano y dos tibias pulidas.

    El grito de espanto retumbó en toda la cuadra mientras el joven huía sonriente hacia la penumbra.

    El desenlace no se hizo esperar,el investigador puntualizó que, apenas despuntó el alba, la aterrorizada anciana recogió sus pertenencias y abandonó definitivamente la propiedad.

    A partir de aquel incidente, la casa permaneció desierta durante décadas, pues la voz popular expandió velozmente el rumor de que el inmueble servía de almacén para los duendes y las osamentas de los brujos.

   Batista López concluyó que, mientras el mito de "La casa de los huesos" quedaba fijado para siempre en el imaginario popular de los villaclareños, los dos enamorados continuaron reuniéndose cada noche en la ventana, disfrutando en paz de una felicidad conquistada gracias al ingenio y la picaresca criolla.

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