Santa Clara, 18 ago (ACN) La cuarta exposición personal de la villaclareña Diany Torres Martín, una joven de 18 años, con trastorno del espectro autista, se convirtió recientemente en una puerta a su mundo interior y, al mismo tiempo, en un testimonio del poder transformador del arte como herramienta de inclusión social y desarrollo personal.
Desde muy pequeña, Diany, natural del municipio costero de Caibalrién, mostró una inclinación natural hacia el dibujo y la pintura, según relató su familia a la Agencia Cubana de Noticias; aunque el lápiz no era su favorito para escribir, sí lo fue para expresar aquello que las palabras no siempre logran atrapar, y hoy, a sus 18 años, ya suma cuatro exposiciones en las que ha volcado su imaginación, especialmente con la que reconoce como su trilogía preferida “El asombroso Circo Digital”.
Rolando Antonio Ramos Bejel, artista caibarienense y mentor de Diany, explicó que la joven ha evolucionado técnicamente de manera notable; su pintura, que en un principio era primitiva, sin mezcla de colores ni profundidad, hoy muestra un uso más complejo de la paleta y hasta atisbos de perspectiva, lo que indica un crecimiento en su calidad artística.
Sobre el proceso de acercamiento, Ramos Bejel señaló que no es fácil transmitir conocimiento a personas con estas características, pues requieren un trato sutil y una inteligente forma de comprometerlas; sin embargo, la familia de Diany, siempre muy incondicional, buscó su asesoría y él ha ido guiándola con consejos para que su obra se vuelva cada vez más personal, más propia.

La asociación ha sido fundamental en este camino, destacó Anisley Alfonso Palacios, presidenta de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual (Acpedi) en el municipio de Caibarién; aunque la organización tiene apenas un año constituida formalmente, sus integrantes vienen trabajando desde hace mucho más tiempo, en espacios que incluyen a personas con diferentes tipos de discapacidad.
En el municipio, precisó, se contabilizan actualmente 25 personas con diagnóstico de autismo, una cifra que considera elevada y que tiende a aumentar, no solo por los casos autóctonos, sino también por los denominados "autismos inducidos", aquellos que se generan en edades tempranas cuando los niños pasan largas horas frente a pantallas sin una adecuada interacción humana, lo que limita su capacidad de relacionarse y los aísla en un mundo de referentes virtuales.
La directiva explicó que muchos padres enfrentan el diagnóstico con negación, lo que retrasa la búsqueda de apoyo y dificulta el proceso de inclusión; sin embargo, enfatizó que, cuando la familia se involucra y acepta la condición, el camino se vuelve más transitable y el arte y la cultura pueden jugar un papel determinante en ese proceso de apertura al mundo.
Para Alfonso Palacios, Diany constituye un logro significativo, que haya podido hablar libremente en una entrevista, dejado entrar a otros en su mundo, accedido a mostrarse sin filtros, es una prueba de que el acompañamiento respetuoso, amoroso y paciente da frutos.
“Ellos tienen un mundo especial en que no todas las personas son bienvenidas, ni siquiera las familias”, explicó.
Se convierte el arte así en una vía de comunicación y relación social, al pintar, al exponer, al explicar su obra, Diany ha ido interiorizando la dinámica de relacionarse con otros, de aceptar que la sociedad entre en su universo, aunque mantiene sus límites y no permite que todo el mundo invada su espacio, una conducta que es parte de su condición.
Las exposiciones, como la reciente cuarta muestra, no solo exhiben la obra de la joven, sino que generan un espacio de encuentro donde la familia, los amigos y el público en general pueden apreciar su talento y, al mismo tiempo, aproximarse a su forma de ver la vida; el color, la fantasía y la influencia de las series animadas que tanto le gustan son el punto de partida de un universo visual que, aunque inspirado en referentes externos, ya empieza a buscar una voz más propia.
Desde la Acpedi se garantiza apoyo, paciencia y búsqueda de estrategias para que las personas con discapacidad intelectual puedan relacionarse con la sociedad; no se trata de terapia, sino de vincularlas a actividades que las saquen de su aislamiento y las conecten con otros, siempre con la familia como parte activa del proceso.
El autismo no es una enfermedad, ni un trastorno curable, sino una condición con la que se vive, y cada persona transita su propio camino para encontrar su lugar en el mundo; para Diany, ese lugar es el lienzo.
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