Yanier es de los jóvenes que siembra el porvenir en los campos cubanos

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ACN - Cuba
Henrry Omar Pérez / Fotos: Luis Machado Ordex y el Autor
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19 Octubre 2026

   Frente a la matriz recurrente que asocia a las nuevas generaciones con el desapego, la inmediatez de las pantallas o el deseo de buscar horizontes fáciles lejos de la tierra nutricia, en los campos de Cuba late una juventud resuelta y laboriosa que prefiere calzarse las botas al amanecer para transformar la realidad a golpe de sudor, vergüenza y voluntad creadora.

   En ese punto exacto del kilómetro 301 de la Autopista Nacional, perteneciente a la geografía villaclareña de Placetas, donde durante décadas una espesura bravía de marabú y espinas pareció devorar todo rastro de esperanza y fertilidad, hoy se extiende una llanura luminosa de tabaco y viandas que desmiente cualquier presagio de fatalismo.

   La epopeya cotidiana comenzó cuando un muchacho de raíces campesinas- llamado Yanier Negrín Alemán- contaba apenas 22 abriles y decidió solicitar en usufructo 40 hectáreas de monte impenetrable, asumiendo un desafío mayúsculo que para muchos vecinos de la zona parecía una quimera juvenil condenada al fracaso.

   A fuerza de machete, tractor y una tenacidad que no conoció tregua ni feriados, el bisoño agricultor arrancó tronco a tronco la maleza hasta rescatar las primeras 20 hectáreas de suelo virgen, fundando en aquel espacio reconquistado una base productiva bautizada con el nombre premonitorio de finca El Renacer.

   Aquel forcejeo titánico contra las espinas no impidió que el joven acudiera puntualmente al llamado de la superación intelectual, repartiendo sus madrugadas entre libros de botánica, genética vegetal y química de suelos, tras extenuantes jornadas de labor física bajo el sol inclemente del centro del país.

   El premio a tanta consagración moral cristalizó hace apenas unos días, cuando Yanier recibió su título universitario de Ingeniero con el pecho colmado de orgullo, demostrando a sus contemporáneos que el rigor de la academia y la aspereza del surco no son orillas distantes, sino dos cauces que se fecundan mutuamente cuando media la pasión por la ciencia agrícola.

   Con 26 años recién cumplidos y la solvencia técnica que le otorgan sus estudios superiores, el novel productor exhibe hoy fértiles plantíos de tabaco tapado y parcelas bajo sol con altos estándares cualitativos, alternando las aromáticas hojas con cultivos varios de viandas, hortalizas y un prometedor proyecto de ceba porcina encaminado a multiplicar la entrega de proteínas a la población.

   Más allá de los volúmenes mercantiles y las toneladas cosechadas, el mayor dividendo de su empresa radica en el impacto social que irradia en el batey, asegurando empleo estable, ingresos dignos y sustento alimentario a numerosas familias placeteñas que encuentran en la finca un puntal de certidumbre económica.

   Apoyado en la baranda del portal mientras contempla el ondular rumoroso de los sembrados, su padre experimenta esa emoción limpia que solo conocen los hombres curtidos por el tiempo, reconociendo con honda gratitud que su mayor fortuna consistió en inculcarle al muchacho la honradez, el amor al trabajo y la fidelidad a la palabra empeñada.

   Cuando el crepúsculo baña de oro las guardarrayas de "El Renacer" y el viento agita las plantaciones, Yanier camina sus tierras con la serenidad de quien se sabe dueño de su destino, confirmando ante Cuba entera que el respeto se conquista con el ejemplo diario y que en las manos limpias de la juventud campesina renace invencible la esperanza de la patria.


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