Salvó familia de Las Tunas a combatientes tras sucesos del 26 de julio

26 de julio

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ACN - Cuba
Roger Aguilera Morales
443
27 Julio 2026

Las Tunas, 27 jul (ACN) Omaja, a más de 30 kilómetros de esta ciudad, ha sido una comunidad sumamente atractiva por su historia, desde que fue fundada por los norteamericanos en 1906 hasta nuestros días; pero hay un hecho que se escribió en sus páginas con letras mayúsculas: el apoyo a combatientes tras el asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953.

   Cuando en esa comarca los lugareños estaban en sus faenas habituales, en una de sus fincas se guardaba silencio, para que unos hombres desconocidos en la zona no fueran descubiertos por los esbirros que perseguían a los jóvenes asaltantes de la fortaleza de la ciudad de Bayamo.

   Luis Ramón Batista Lores, entonces empleado en la finca de los Balmaceda, fue el primero en conocer que dos asaltantes al cuartel Carlos Manuel de Céspedes habían llegado hasta allí, víctimas de la persecución del ejército de Fulgencio Batista hacia los protagonistas de la acción armada.

   El joven se dirigió hacia la casa de sus padres, Luis y Encarnita, una vivienda situada en la céntrica calle Prado, en Omaja, para comunicar lo que había visto; y enseguida su progenitora le dijo "tráelos para acá", ¿Cómo?, le preguntó Luisito, a lo que Encarnita le respondió: "a caballo hijo, a caballo".

   Se trataba de los asaltantes Ramiro Sánchez y Rolando Rodríguez, quienes ipso facto recibieron protección; ya en la casa los anfitriones sentaron a ambos en el portal, como si nada hubiera pasado, para no levantar sospecha; pero el hecho no dejó de ser preocupación del matrimonio, pues además de Luisito, el mayor, había otros tres hijos: Roger, Mirtha y Porfirio, de tres años de edad.

   Cuando se presentó la oportunidad, a Ramiro y a Rolando los embarcaron hacia la ciudad de Las Tunas en un coche motor, y de ahí partieron hacia La Habana.

   Una operación parecida funcionó días después con otros dos asaltantes que llegaron hasta allí, Raúl Martínez y Gerardo Pérez, este último llegó herido, pero fue curado por la familia Batista Lores.

   Tras el triunfo de la Revolución (1959) Ramiro Sánchez llegó varias veces a la  vivienda de la familia Batista Lores.

   En una de sus visitas les dejó el texto de la dedicatoria de un libro que había escrito sobre Artemisa: “….usted me tendió su mano amiga, con el desinterés y los riesgos que ello conllevaba, tengo y tendré hacia usted Luis Batista Lores y su señora madre Encarnita Lores el más profundo agradecimiento, a sabiendas que lo hubieran hecho con cualquiera de los otros combatientes de la Generación del Centenario, que aquel 26—7-53 tuvimos la oportunidad de aportar a la independencia definitiva de la Patria nuestro pequeño esfuerzo“.


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