La Habana, 22 dic (ACN) En el corazón histórico de La Habana, entre las paredes que una vez acogieron al maestro de José Martí, Rafael María de Mendive, una mujer con una escoba en la mano arenga a su equipo en el recibidor de la escuela.
No es una auxiliar de limpieza: es Mariluz Valdivieso Bermúdez, la directora. Su imagen, activa y serena, resume una vida entregada al magisterio.
Yo no sé hacer otra cosa que no sea ser maestra, confiesa esta guantanamera que comenzó como auxiliar pedagógica en círculos infantiles y que, tras más de 25 años dirigiendo la escuela Sergio Luis Ferriol del propio municipio, asumió el reto de continuar la obra del propio Mendive en la escuela que lleva su nombre.

A sus 62 años, con una trayectoria al frente de esta institución y más de 500 alumnos a su cargo, Mariluz no muestra señales de agotamiento. “No porque el trabajo sea menor”, aclara, “sino porque me apasiona el trabajo con los niños y con los maestros”.
Esa pasión es el cohesionador de un claustro comprometido, formado por veteranos, y entre ellos algunos alfabetizadores, que la han acompañado por años, y también por jóvenes que se integran al proyecto.
Para ella, la educación es un acto de profunda responsabilidad: No estamos jugando con plastilina, advierte, tenemos en nuestro centro los sueños de muchos pequeños.
Esa convicción la lleva a evocar el poema “Olor a maestro”, cuyo autor desconoce, pero cuya esencia abraza: cada educador, dice, debe aspirar a tener ese “olor” a compromiso que perdura en el recuerdo de los alumnos.
Bajo su dirección, la escuela Rafael María de Mendive, como la visualizó el historiador de la Ciudad Eusebio Leal, no solo es un centro de excelencia nacional sino también un espacio vivo de historia y cultura que intenta formar "martianos" listos para contribuir a la sociedad.
Asociada a la Oficina del Historiador y al programa de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), teje junto a otras escuelas del territorio una amplia red con museos e instituciones históricas y culturales para la formación de los infantes.
Mariluz Valdivieso Bermúdez, la directora que barre y moviliza a su equipo, no dirige desde un escritorio. Lo hace desde el mismo sentir que, un siglo y medio atrás, animó a Mendive.
Esta maestra por vocación conserva la certeza de que en su labor y la de sus compañeros, con ese añadido de esfuerzo y dedicación que también la define, se forjan el futuro de Cuba.
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