La caravana seguirá entrando a Santa Clara hasta el fin (+Fotos)

Compartir

ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León | Fotos: Henry Omar Pérez
234
06 Enero 2026

Santa Clara, 6 ene (ACN) «Yo tenía diez años ese 6 de enero de 1959; aún recuerdo la luz rasante de la mañana sobre los rostros de un pueblo que había dejado el miedo atrás para siempre», relata a la ACN Rogelio Santiesteban Soto, longevo vecino del reparto Parroquia de Santa Clara, mientras recuerda aquellos días en que se preparaban para recibir la entraba triunfante de la caravana de la libertad a Santa Clara.

«El aire olía a pólvora gastada y a esperanza recién estrenada; la batalla, la de los combates dirigidos por el Che, cuyas historias aún zumbaban en las paredes, le había abierto el camino a la alegría y esa alegría tenía un nombre que todos coreábamos: Fidel». 

«La Caravana de la Victoria no fue un desfile, fue la vida entera regresando; una línea interminable de barbudos, de uniformes sudados, de fusiles que ya no disparaban; mi padre, que había perdido a un hermano en la clandestinidad, me alzó sobre sus hombros para que no me perdiera nada».

«Desde ahí vi el rostro del hombre de la barba y la mirada de futuro, y entendí por primera vez lo que significaba la palabra patria; mi madre lloraba en silencio, limpiándose las lágrimas con el borde de una manga del vestido; supe que lloraba por lo que había costado, por lo que habíamos perdido y, sobre todo, por lo que ya estaba ganado, el futuro».

«Esas horas fueron para nosotros un momento de maravilla; corríamos detrás de los rebeldes, tocábamos los fusiles como si fueran reliquias sagradas, les pedíamos que nos contaran de la Sierra».

«El sueño de una Cuba diferente, la que Fidel prometía desde el balcón, dejó de ser una idea de adultos y se volvió nuestro juego favorito; desde entonces comenzamos a hablar de arreglar las escuelas, de ser los médicos que sanarían a todos y también los maestros, alfabetizadores».

 «La ciudad, aún con las huellas de la guerra, se llenó de un color nuevo y, aunque no entendíamos todas las palabras del discurso, comprendimos el mensaje principal: esta tierra, al fin, era realmente nuestra».

Sesenta y siete años después, ya con el peso de la edad y la vista cansada, sentado en el mismo parque Vidal, Rogelio observa la reedición de esa caravana, mira de lejos a los pocos protagonistas de aquella epopeya que aún nos acompañan.

El círculo parece cerrarse en la memoria de Rogelio mientras en la tribuna de hoy, la voz de Susely Morfa González, primera secretaria del Partido Comunista de Cuba en Villa Clara no habla solo del pasado, sino de una batalla del presente que se convierte ahora en un enérgico reclamo de las cubanas y los cubanos contra la agresión militar imperialista de los Estados Unidos a la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Al ver a los villaclareños de hoy, con sus banderas y su convicción, Rogelio reinterpreta aquella mañana de 1959: «éramos, entonces, aquellos niños, los herederos de una promesa que veíamos nacer; hoy, son ellos, los jóvenes que reafirman la fe en los principios de la Revolución, quienes cargan con la promesa de continuar».

«El Che, Fidel y aquellos hombres de verde olivo nos entregaron la patria; nuestra tarea, la mía hasta el último suspiro y la de las nuevas generaciones, es defenderla, honrarla y hacerla crecer, con la misma certeza inquebrantable que iluminó aquel hermoso momento».

Mientras habla, los ojos cansados por el paso implacable del tiempo parecen iluminarse; Rogelio dice descansar en la promesa del relevo garantizado en este mar de pueblo que hoy jura no olvidar el sacrificio y el precio de una caravana que seguirá entrando a Santa Clara Cada 6 de enero hasta el fin de los tiempos.