Santa Clara, 23 abr (ACN) Este no es un papel cualquiera; es la voluntad hecha trazo, el coraje convertido en rúbrica; en Villa Clara, las mujeres también han salido a las calles, a las plazas, a los centros de trabajo y a las escuelas como respaldo al movimiento popular Mi Firma por la Patria.
La iniciativa rechaza el genocida bloqueo económico y petrolero impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba, se opone a cualquier intento de invasión militar disfrazada de ayuda humanitaria y defiende el derecho inalienable del pueblo cubano a decidir su propio destino.
Desde la maestra de primer grado hasta la pionera que aún no ha cumplido 15 años, todas han encontrado en esta campaña un espacio para alzar la voz; no con odio, sino con la certeza de quien sabe lo que quiere: paz, soberanía, respeto.
María Elena Sotolongo, maestra de primer grado, fue de las primeras en llegar a la concentración más cercana; su letra, pulcra como la que enseña a sus pequeños, quedó grabada con una convicción que brota del alma.
"Yo firmo —dijo— porque a mis niños no se les bombardee, por los abuelos que marchan todos los días a sus quehaceres, por los médicos que atienden a mi madre con esmero, por el albañil, el obrero, por el maestro que a diario sabe enseñar la lección; por el artista, el cantor, por encender el carbón sin apuro ni temor; por mi cielo y su color".
Más cerca, con la energía que caracteriza a su generación, Laura Pérez Jiménez, estudiante de Medicina, estampó en tinta y con pulso firme; llevaba su bata blanca, porque venía de la rotación por el hospital Arnaldo Milán Castro, pero no quiso dejar pasar la oportunidad.
"Mi respaldo lleva el sabor de los jóvenes valientes —afirmó—, siempre dispuestos y presentes en la obra que se convoque, porque nuestro aporte también salva la revolución; no queremos una invasión con disfraz humanitario, queremos la paz, seguir siendo solidarios, trabajar con creatividad".
"Mirar al cielo sin miedo a las bombas", pidió Yamila Rojas Hernández, cuentapropista que atiende un pequeño negocio de comida en el reparto Camilo Cienfuegos; dice que cerró temprano para sumarse a la jornada; para ella, firmar es también un acto de resistencia cotidiana.
"Vine porque quiero mirar cómo el campesino labra la tierra y cómo mi amigo cuela un café mañanero y marcha por el sendero de la producción con entrega —explicó—, sin temor de mirar al cielo y ver las bombas del agresor; no quiero eso para mi hija, no lo quiero para nadie".
A sus 68 años, Caridad Vega Montes de Oca, jubilada y miembro del Comité de Defensa de la Revolución, llegó con el pañuelo azul al pecho; no necesitó que nadie la convenciera, sabía por qué firmaba.
"Yo firmo por los vecinos que tanto nos ayudamos —comentó—, por la federada, por el oficial del Minint o de las FAR, por el emprendedor valiente, por el dirigente que a su pueblo hoy se entrega sin horario y con la convicción de que mi pueblo es lo primero, lo segundo y lo tercero".
Un poco más lejos en una de las sedes de la Empresa de Tabaco, las torcedoras también dijeron presente; Liset Rodríguez Ferreiro, con más de 15 años de experiencia, firmó mientras sostenía aún su chaveta; para ella, la rúbrica es un compromiso con la tierra que la vio nacer.
"Nosotras también firmamos —sentenció— porque cada hoja que torcemos es trabajo nuestro, es sudor nuestro; no permitiremos que nadie venga a decirnos cómo vivir; mi firma es por la soberanía, por el derecho a seguir siendo cubanas, a torcer tabaco en paz".
La más joven en llegar fue Amanda Cedeño García, pionera de sexto grado; solo acompañaba a su madre, pero fue ella quien tomó la pluma; con la letra todavía un poco temblorosa, pero con una seguridad que sorprendió a los presentes, firmó.
Como parte de las jornadas y en representación de todo el pueblo, Milaxy Yanet Sánchez Armas, gobernadora de Villa Clara, escribió su nombre y se dirigió a los presentes, a quienes calificó como "la columna vertebral de esta resistencia".
"La firma de cada cubano —expresó— es un grito de soberanía, una declaración de principios; nos oponemos al bloqueo genocida, al cerco petrolero, a cualquier intento de invasión que pretenda vulnerar nuestra paz; defendemos el derecho de Cuba a decidir su propio destino, sin tutelajes ni imposiciones; los villaclareños han demostrado una vez más que cuando se trata de la patria, no hay dudas: firmamos, luchamos y vencemos".
Desde Santa Clara, el centro de la isla, las mujeres junto al pueblo siguen sumando esfuerzos porque cada rúbrica es un sí a la vida, un no al miedo, y una certeza de que la soberanía no se negocia, se defiende.
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