San Antonio del Sur, Guantánamo, 3 feb (ACN) Oni Nector Sánchez del Campo Gainza, un estibador jubilado de 76 años vuelve a empezar desde cero en la recién estrenada comunidad "24 de febrero", en la localidad de Buena Vista, San Antonio del Sur.
Allí, recientemente se inauguraron las primeras 15 viviendas de contenedores marítimos de la provincia, para los derrumbes totales de los huracanes Oscar (2024) y Melisa (2025).
Mientras cuenta lo agradecido que está con el Estado, el pueblo y las organizaciones internacionales que donaron, muestra su casa y reafirma: "estoy conforme y muy agradecido, se prometió esto y es verdad que se cumplió", dice quien perdió todo en Pan de Azúcar, cuando su hogar fue tragada por un derrubio (deslave de tierra) en octubre de 2024 bajo el huracán Oscar.

La pérdida fue total, su casa de 11 metros de largo por 8 de ancho, con tres cuartos, sala, saleta, cocina, comedor, muebles, animales y una finca al frente, todo desapareció, y tras el desastre, Oni Nector fue a vivir a casa de su hijo, pero con una determinación clara: "yo sigo pa'lante, no puedo detenerme", dice.
Tenia la esperanza de que lo ayudarían, "uno ha pasado tantos desastres y yo he visto cómo el Estado ha apoyado en desgracias similares, a los 14 años, el ciclón Flora (1963) lo despojó de todo en Baracoa y respaldaron a su familia, luego se mudó a San Antonio.
"He sido perseguido por los ciclones", comenta con una risa, por eso, cuando se corrió la noticia del proyecto de viviendas con contenedores adaptados, no dudó en involucrarse y mientras las brigadas construían su futuro hogar, Oni se hacía presente, "venía a ayudar, a limpiar, traía té y ofrecer apoyo a quien lo necesitara", cuenta.
Ahora muestra con orgullo el espacio donde pondrá su colchón, donado por la Cruz Roja, "la familia está contenta", sonríe.
Las 15 casas tienen 12 metros de largo por 2.45 metros de ancho, con dos cuartos, baño completo, sala y cocina y están diseñadas para núcleos de hasta cuatro personas.
A pocos metros, en la vivienda número 13, Saily Vásquez Martínez acuna a su bebé de cinco meses, José Caleb mientras cuenta que su familia, compuesta por cuatro personas también perdió todo por un derrumbe total en la cabecera de San Antonio y pasó demasiados meses en una carpa, ahora lleva cinco días en esa zona nueva.
" Estamos más cómodos aquí, hay agua, no se filtra", compara con palpable alivio.
Para Saily, de 30 años, también está agradecida, este es un paso firme para recomenzar; la casa, aunque de espacios ajustados, les brinda seguridad y montan lo recibido: colchones, ropa equipos de cocina, "poco a poco vamos mejorando", dice.
Para ambos (Saily y Oni Nector) será una nueva vida, lejos de deslaves e inundaciones, Oni con muebles recibidos, planea ya los detalles: arreglar un poco y, en el patio trasero, "cercar y sembrar matas, aunque sean frutales", comenta, mientras Sailiy proyecta quizás, ampliar atrás, una pequeña cocina posterior.
Ellos son los primeros beneficiados de este proyecto que no es exclusivo de Cuba, puesto que hasta países de primer mundo aplican estas soluciones que resultan poco costosas, rápidas, duraderas y eficientes; en Guantánamo se convierte en una respuesta vital con estas 15 pioneras de 70 previstas en la provincia (unas 20 en la cabecera y 35 en Imías) para damnificados de los huracanes Oscar y Melisa.
Cada unidad, elevada para prevenir inundaciones, cuentan con techo independiente y están aisladas con paneles de melanina para controlar el calor, y se invirtieron 14.5 millones de pesos; además, el plan para la zona en desarrollo está diseñado hasta 2030, y se preve incluya la construcción de una bodega, la ampliación de una escuela primaria y del propio asentamiento.
Hoy 48 personas en Buena Vista, como Oni Nector y Saily, tienen más que un techo, un nuevo comienzo, prueba tangible de que, tras la furia de la naturaleza, no quedarán desamparados y pueden mantener la esperanza.
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