Vicyohandri Odelín: del garabato a la enseñanza sin soltar la bola

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ACN - Cuba
Elizabeth Lemes Álvarez / Fotos: Autora
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07 Octubre 2026

   Hay hombres que nacen para el montículo, y el camagüeyano Vicyohandri Odelín Sanamé es uno de ellos, pero el “Viyo”, como lo conoce todo el béisbol cubano, ya no lanza desde la lomita: ahora pasa sus días entrenando a las nuevas generaciones.

   Campeón olímpico en Atenas 2004, subcampeón del Clásico Mundial 2006, autor de un garabato que hizo historia frente a Iván Rodríguez y responsable de uno de los juegos completos más recordados de la Serie del Caribe, Odelín alterna sus días entre pasatiempos y entrenamientos.

   El camino no convencional lo marcó, pues nunca matriculó en la Eide, porque no tenía la estatura requerida, y aprendió el oficio en los terrenos improvisados del barrio.

   “Mis inicios no fueron como los del resto, aprendí a jugar béisbol en la calle con los muchachos”, confesó a la Agencia Cubana de Noticias.

   El garabato, ese lanzamiento que lo inmortalizó, nació de una revista, comentó.

   “Vi una foto de un lanzador agarrando la bola de una manera rara y me quedé pegado, la copié, la practiqué mil veces, y cuando llegué a las Series Nacionales ya la tenía dominada. De esta manera he enseñado a varios jugadores a realizarlo, aunque cada cual exhibe su sello."

   Su nombre también tiene historia. Su padre dudaba entre Víctor y Yohandry, y decidió combinarlos. De ahí salió Vicyohandri. El “Viyo” llegó después, impuesto por los compañeros.

   “No recuerdo quién fue el primero en ponerme ese apodo. Los muchachos empezaron a llamarme así y se quedó".

   Fuera del béisbol, disfruta de la pesca y el softbol.

   "He encontrado estos pasatiempos en los que me pierdo, la paz que me brinda la pesca y la adrenalina de jugar softbol me acompañan en mi vida diaria".

   Sobre el pitcheo cubano, insiste en que es el punto crítico.

   “En Cuba se ha perdido la cultura del pitcheo. Antes un lanzador sabía que si abría un juego tenía que aguantar siete, ocho entradas y ahora muchos se cansan en la cuarta. El béisbol y la manera de enseñarlo han cambiado mucho con el paso de los años, hay nuevas tecnologías y técnicas”.

   Si tuviera el poder de cambiar una sola regla o estructura en la Serie Nacional, lo tiene claro.

   “Cambiaría la forma en que se manejan los lanzadores. Hay mucho talento, pero cuando un equipo pierde, aunque el lanzador haya sido el mejor siempre carga con la culpa."

   Una pregunta que nunca le han realizado es qué pasó en los cinco años de su carrera en que no estuvo al ciento por ciento.

    "En esa etapa estaba desorientado, desmotivado, no sabía lo que quería hacer y eso me pasó factura, perdí un tiempo valioso que ya nunca podré recuperar".

   En cuanto a sus deseos para el béisbol cubano, comenta:

  "La economía resulta clave, los muchachos se desmotivan, porque aunque ese es su trabajo muchas veces el esfuerzo no se ve recompensado, además los inicios son fundamentales, hay que recuperar los terrenos y los equipos para las nuevas generaciones, sin eso el béisbol en Cuba no tendrá un futuro próspero".

   Vicyohandri Odelín debutó en la XXXVII Serie Nacional en 1998. Acumuló más de un centenar de victorias y sobrepasó el millar de ponches.

   Hoy entrena a las nuevas generaciones.

   “No quiero que me recuerden solo por el garabato. Quiero que me recuerden por lo que hago ahora, por cómo fui, por las anécdotas de los que me conocen."


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