Vestir el uniforme azul con la frente en alto

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ACN - Cuba
Henry Omar Pérez | Fotos del autor
2609
31 Marzo 2026

  «Darias, ese es un policía completo», me comentó un amigo hace algunos años.

   Aquella frase, que en su momento pareció un elogio puntual, cobró todo su sentido cuando me senté frente al teniente coronel Francisco Darias González.

   Hoy, como Jefe de la Unidad Provincial de Vigilancia y Patrullaje en Villa Clara, no solo carga con la responsabilidad de la tranquilidad ciudadana de toda una provincia; carga con la memoria de décadas de servicio.

   Es un hombre que emana la serenidad de quien ha visto mucho, pero no ha perdido la capacidad de sentir. Forjado en el asfalto, desde sus días como Jefe de Sector, su ascenso ha sido el de un líder que entiende que el mando es, ante todo, un ejercicio de humanidad.

   En su acogedora oficina, el diálogo dejó de ser técnico para volverse íntimo cuando tocamos la fibra del Ministerio del Interior (Minint).

   Para el entrevistado, hablar del Minint y de la Policía Nacional Revolucionaria no resulta abordar únicamente el quehacer de una institución estatal, implica hablar de su propia biografía.

   «Si me pides que defina qué ha significado para mí el Ministerio del Interior, te diría que es mi vida entera», confiesa con la voz pausada.

   Entré siendo un joven con sueños y aquí me hice hombre, revolucionario y ciudadano. El Minint no es un centro de trabajo; es una escuela de ética, cada grado en este uniforme ha sido un compromiso mayor con el pueblo.

   Uno no se pone esta camisa azul para ser superior a nadie, sino para ser el escudo de todos. Le he dedicado mis mejores años, mis desvelos y mi energía; y si volviera a nacer, elegiría el mismo camino, con sus espinas y sus glorias.

   El rostro del Teniente Coronel se torna solemne cuando la conversación gira hacia el sacrificio: ser policía en Cuba, y especialmente liderar una fuerza provincial, implica convivir con el riesgo y, a veces, con la pérdida.

   “En este camino de tantos años, uno guarda dolores que no se ven”, dice mientras su mirada parece buscar un punto lejano.

   “He visto a hombres y mujeres extraordinarios quedar en el camino. Compañeros que salieron de su casa con el beso de sus hijos en la mejilla y el uniforme impecable, y no regresaron porque se interpusieron entre el peligro y un ciudadano.

   “Esos son nuestros mártires silenciosos. Cada vez que patrullamos las calles villaclareñas, lo hacemos también por ellos, su sacrificio es el que nos obliga a no cansarnos, a no ser corruptibles, a ser dignos del legado que nos dejaron con su propia sangre”.

   Como jefe provincial de patrullaje, es un ferviente defensor del héroe anónimo, ese oficial que la población ve a diario pero cuyo sacrificio pocas veces se dimensiona.

   “A veces la gente ve pasar el carro patrullero o al oficial en la esquina y no imagina lo que hay detrás, el verdadero héroe es ese agente que pasa la madrugada bajo la lluvia, que pasa el fin de año lejos de su familia para que otras familias puedan comer en paz, que se enfrenta a una indisciplina con paciencia de maestro pero con firmeza de ley.

   “Son hombres y mujeres de pueblo, humildes, que no buscan medallas ni titulares. Mi mayor orgullo apunta a dirigirlos, porque sé que en cada uno de ellos hay una reserva moral inmensa, ellos son el verdadero rostro de la Revolución en la calle”.

   A pesar de la carga emocional, este viejo oficial que acumula ya más de cuatro décadas de servicio no pierde de vista la estrategia.

   “Nuestra meta en Villa Clara constituye que el orden sea una cultura, no una imposición, por eso insistimos tanto en el trabajo comunitario, en el vínculo con los CDR y la Federación. La seguridad no se logra solo con patrullas, se logra con conciencia, prevención y sobre todo trabajando con mucha inteligencia, eso te lo va dando la experiencia y los años”.

--¿Qué fenómenos de los que se desarrollan actualmente en la sociedad le preocupan?

   La indisciplina social, especialmente en las vías y en ciertos focos de desorden, pero confío en la unidad; la policía sola no puede: la familia y las instituciones tienen que ir de la mano con nosotros.

   Al concluir la entrevista, el teniente coronel Francisco Darias González se incorpora con la serenidad de quien retoma una guardia que nunca cesa sobre la geografía villaclareña.

   Se despide con un apretón de manos firme, y en su figura se condensa la mística de una fuerza que no duerme. Es oficial y político, vecino cercano y, sobre todo, guardián de una paz que en Villa Clara tiene rostro, nombre y uniforme azul, llevado siempre con la frente en alto.


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