Hay quienes saltan bruscamente hasta la cima. Otros necesitan ir paso a paso hacia la cumbre, auxiliarse de una “escalera” como es el caso del GM villaclareño Yaser Quesada Pérez, para convertirse en el 18vo rey del juego ciencia del país en el periodo revolucionario y el cuarto nativo de Villa Clara.
Yasser coqueteó en varias ocasiones con la corona y ésta siempre le resultó esquiva, pero al fin el talentoso trebejista fue profeta en su tierra y se sentó en el trono al conquistar la cúspide en el Campeonato Nacional Masculino, que tuvo como escenario el Palacio del Ajedrez Guillermo García González, en 2022.
El jugador nacido el 23 de mayo de 1992, cuando el excampeón del orbe, el ruso Anatoli Karpov cumplía 41 años, necesitó una escalera para obtener el cetro, porque en la porfía de 2018 culminó igualado en la punta con otros tres jugadores y al aplicarse el sistema de desempate le correspondió el cuarto puesto.
En el 2019, concluyó en el tercer lugar, detrás de Carlos Daniel Albornoz Cabrera y el entonces MI Roberto García Pantoja. Y en el 2020, escoltó al agramontino Albornoz, cuando solo necesitaba medio punto para proclamarse campeón, pero perdió la partida y terminó segundo.
Hasta que llegó el 2022 y al fin se hizo del cetro de manera invicta, pues ganó cuatro cotejos y entabló seis y, de paso, el estrenado rey aseguró su boleto para la XLIV Olimpiada Mundial, que se celebró ese año en Chennai, capital del estado Tamil Nadu en la India.
Más, no ha sido Yasser el único que ha necesitado auxiliarse de una escalera para alcanzar la gloria, esto le sucedió también al famoso clavadista mexicano Joaquín Capilla Pérez (1928-2010).

El azteca obtuvo bronce en plataforma en los Juegos de Londres, 1948. En la misma especialidad se vistió de plata en Helsinki 1952, y finalmente coronó el sueño de convertirse en monarca olímpico, al conquistar la medalla de oro en Melbourne, 1956, cita donde, además, se colgó el metal de bronce en la prueba de trampolín de 3 metros.
Igualmente, el minimosca búlgaro (48 kilogramos) Daniel Petrov, tuvo que ir pasito a pasito para erigirse en monarca del planeta. El púgil balcánico se adjudicó medalla de bronce en el VI Campeonato Mundial de Boxeo realizado en Sídney, Australia, en 1991.

Dos años después, en Tampere, Finlandia, se agenció la presea de plata al perder con el armenio Nshan Munchian y, finalmente, en Berlín, Alemania, en 1995, se adueñó del título, tras doblegar al francés Bernard Inom.
Todo lo contrario, a Quesada, Capilla y Petrov, le ocurrió al destacado saltador de longitud Ralph Boston (1939-2023), quien se coronó en los juegos olímpicos de Roma 1960, con un estirón de 8 metros y 12 centímetros.

Cuatro años más tarde en la cita estival de Tokio, Japón, obtuvo plata detrás de Lynn Davies; y, en 1968, en Ciudad de México, tuvo que conformarse con el metal de bronce antecedido por Bob Beamon y el alemán Klaus Beer.
Beamon realizó un fenomenal “brinco” de 8 metros y 90 centímetros que, 57 años después se mantiene como el récord olímpico más antiguo.
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